LOS SUEÑOS TAMBIÉN SE REPARTEN

He hablado este mes del belén de mi abuela pero no me puedo olvidar que mi abuelo vivía la Navidad como si el calendario le devolviera años en lugar de quitárselos. En diciembre solía caminar más deprisa de lo que ya lo hacía y sin darse cuenta hablaba de los planes futuros y de los deseos con la misma convicción que yo, una niña, aseguraba que de mayor quería ser bailarina o maestra. Para él, la Navidad no miraba hacia atrás, sino hacia adelante. Y la Lotería de Navidad era el lugar donde esa ilusión se hacía visible.

Por supuesto, el ritual para el sorteo empezaba muchos días antes. Los décimos y las papeletas llevaban tiempo guardados en el cajón donde mi abuelo conservaba las cosas importantes, no las valiosas. Ahí, doblados con cuidado, estaban esperando su momento, su gran día: el 22. La víspera del sorteo, como quien saca algo frágil a la luz, sacaba también los sueños y los extendía sobre la mesa, ordenándolos como cartas de una baraja secreta. Los miraba uno a uno, no para comprobar los números, sino para recordar de dónde venían. “Este es del bar de Julián”, decía. “Este otro lo compré con Vicente, el del taller”. Cada papeleta, sin duda, era una historia compartida no solo con los amigos sino también conmigo.

Es bonito recordar a ese niño que todos tenemos dentro. Mi infancia está ligada a muchos recuerdos que resurgen cuando tienen que hacerlo. Es cierto que han pasado muchos años y esa niña, hoy, no suele jugar a la lotería porque mi abuelo sabe que el famoso “Gordo” me tocó hace muchos años de una manera muy especial. Eso no quiere decir que no sueñe. Lo hago, no solo en estas fechas, sino siempre porque soñar, como jugar a la lotería, nunca fue solo cuestión de números.

Hoy la Lotería de Navidad se compra con meses de antelación. Desde verano se pueden adquirir décimos, sin frío, sin esperas. Aun así, cada diciembre vuelven las colas interminables de Doña Manolita, como si la espera formara parte del hechizo. Recuerdo el 22 de diciembre como un día solemne. Mi abuelo adaptaba el ritual a la rutina: si el sorteo caía en un día laborable, lo escuchaba por la radio, atento a cada número mientras la mañana avanzaba; si coincidía con fin de semana, se sentaba frente al televisor, subía el volumen cuando los niños empezaban a cantar y guardaba silencio, como si aquel coro sostuviera el futuro por unas horas. No hablaba; escuchaba. Y mientras los números caían, él soñaba.

Soñaba con repartir antes que con gastar, con arreglar cosas pendientes, con sobremesas largas. No imaginaba lujos, imaginaba tiempo. Hace años se jugaban más papeletas que ahora. Comprar la lotería así era una excusa perfecta para verse, para entrar en un bar, saludar, preguntar por la familia, desear suerte mirándose a los ojos. El número era casi lo de menos: lo importante era el gesto compartido.

Mi abuelo ya no saca los sueños del cajón, pero cada vez que escucho a los niños cantar vuelve su manera de creer, su fe en que aún podían pasar cosas buenas. Y entiendo que la Lotería de Navidad nunca fue solo ganar. Fue aprender a esperar, a compartir la ilusión, a mirar hacia adelante sin miedo. Yo sigo soñando. No con premios ni con números exactos, sino con esa forma suya de vivir diciembre como una promesa. Porque mientras uno conserve la capacidad de soñar, aunque no juegue, aunque no toque, la Navidad sigue teniendo sentido. Y quizá ese fue siempre el verdadero premio que mi abuelo me dejó.

Jimena Bañuelos

Vapuleo rojiblanco al Real Madrid

Es el día del cine español. La noche de los Goya. Y por la tarde un partido de película. A estas alturas, está claro que los premios al mejor director, mejor guión, mejor interpretación y, por supuesto, mejor banda sonora son para el Atlético de Madrid. Y si alguien lo duda, que piense en Tiago, Saúl, Griezmann y Mandzukic. Han sido los cuatro fantásticos que han enrojecido al equipo blanco.atletico_de_madrid_fondos-2688927

Ni peligro, ni fuerza, ni juego y por supuesto, ni el gol de la honra ha conseguido marcar el Real Madrid. Serán el mejor equipo del mundo pero parece que tanto descanso no les viene bien. Se consuelan hablando de los números al final de la temporada. Pero el futuro es incierto, y el presente, me dice que dos más dos son cuatro. Y tres, los puntos que hoy han perdido ante su eterno rival. Eso matemáticamente hablando, porque la imagen de las caras merengues serán para los colchoneros muy difíciles de olvidar. La historia del Madrid hoy se ha escrito en rojiblanco, y ya llevan varios capítulos así y seguro que vendrán más.

El temporal de frío y nieve que ha azotado España está lejos de remitir en Concha Espina. Los merengues se han marchado helados de la ribera del Manzanares, y eso, que el ambiente no podía estar mas caldeado. Los indios habían encendido todas sus hogueras y no, precisamente, para fumar la pipa de la paz. Pero sí para proclamar, que casualidad, a los cuatro vientos que el Real Madrid había sido goleado.

Volviendo al cine, la de hoy no era una película entre indios y vaqueros. En frente estaban unos vikingos a los que ya les han descubierto su talón de Aquiles. Sin duda, cuatro bodas y un funeral. Si hablamos de cine español, ya que es su noche, y pensando siempre en el cuatro. Esos fueron los Goyas que se llevó “El Bola” y, precisamente, “ a su bola” andan por la casa banca. La película ya ha terminado. No pone “The End” ni “Fin” sino Tiago, Saúl, Griezmann y Mandzukic…¿Por qué será?…

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

A la conquista de la Copa (II)

De pequeña me enseñaron que dos más dos son cuatro… Y esos han sido los goles que el Atleti ha marcado al todopoderoso Real Madrid en tan solo una semana. Si seguimos con los números, cierto es, que cuatro fueron los jugadores madridistas premiados en Suiza pero los rojiblancos sin reconocimientos e ignorados por muchos, cuentan sin duda, con su afición. Un premio que no hay oro que lo pague.

Unos aspiraban a la remontada porque en el Bernabéu todo es posible para unos y para otros. Porque,REAL MADRID - ATLÉTICO DE MADRID precisamente, fue un viejo conocido, un niño, el que tenía ganas de jugar y el que congeló, en una fría noche, las aspiraciones merengues. De poco sirvieron los goles de Ramos y Ronaldo porque el conjunto rojiblanco no estaba dispuesto a tirar la toalla. Los de Simeone saben pelear, saben sufrir, y además, saben aguantar las patadas que los vikingos, a la desesperada, saben hacer como tantos otros jugadores… O es que no recuerdan “en el equipo de Dios”, como lo definió Ramos, que “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”…

Está claro que las cosas han cambiado. Pasaron muchos años hasta que el Atleti consiguió salir de Concha Espina ganando y ahora no paran. Perder no le gusta a nadie. Ya decía Kennedy: “La victoria tiene un centenar de padres, pero la derrota es huérfana”. El flamante Balón de Oro dice ahora que “la vida no es solo goles”. Pero en el fútbol te ayudan a ganar los partidos y las eliminatorias. Es más, asegura que “no es de otro planeta”, menos mal que no es galáctico…

A pesar del menosprecio de muchos, la competición copera continúa. El Atleti se medirá en los cuartos de final al Barcelona. Los de Luis Enrique derrotaron en el Camp Nou a los rojiblancos en su reciente enfrentamiento de Liga. Para los colchoneros la mejor revancha sería eliminarlos sin lugar a dudas. Quedan noventa minutos para sellar el pase a semifinales. Minutos que se presentan emocionantes y habrá que sufrirlos pero ya se sabe que en el fútbol como en la vida; sin lucha no hay victoria… Pero de momento, y con la mentalidad de “el Cholo” habrá que pensar en “el partido a partido”, es decir, en el Granada que el domingo visita el Vicente Calderón.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

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