Aunque no será hasta el jueves cuando se celebre oficialmente el día de la Hispanidad, los actos festivos ya han comenzado en Madrid. La unión entre culturas estrecha, más que nunca, sus lazos estos días. No es tan complicado ver los vínculos que nos unen aunque el Atlántico nos separe. La Hispanidad ofrece muchas culturas de las que todos nos podemos enriquecer. Es importante valorar las tradiciones, la gastronomía, la música, los bailes… y todo lo que envuelve la Hispanidad.
Aprender nunca está demás y abrir los horizontes personales enriquece mucho. Nunca podré olvidar todo lo que México me enseñó. Allí, a nueve mil kilómetros de mi hogar, encontré otro. Los cambios siempre nos enseñan y hay que valorar con la mente muy abierta lo que otras culturas nos pueden ofrecer. Llegué al país azteca conociendo perfectamente los tópicos que todos conocemos de él, pero con el paso de los días y los meses fui convirtiéndome en una mexicana más. Aquella experiencia fue inolvidable y aunque hace muchos años de aquello y no he regresado por allí, los recuerdos siguen perennes en mi mente. Hay tradiciones que sigo cumpliendo y, por ejemplo ya espero con ganas poder disfrutar de un pan de muerto como manda la tradición. México es mucho más que el picante aunque éste sea lo que lo abandera. México tiene una riqueza ambiental, gastronómica, cultural y, por supuesto, lingüística que no te dejan indiferente.
Es cierto que estoy hablando de México porque me robó el corazón, pero en unos días será el colombiano, Carlos Vives, el que protagonice el concierto más esperado de esta Hispanidad. Confieso que me gusta su música y que he tenido la ocasión de verle de gira por España más de una vez. Aquí también tiene su público. Un público que espera con ganas moverse al ritmo de sus vallenatos. El entorno no puede ser mejor. La Puerta de Alcalá y sus aledaños acogerán al colombiano y a todos los que se acerquen hasta allí sin importar el acento que tengan.
Si de acentos hablamos todos son bienvenidos. Es cierto que esta semana cobran más protagonismo, pero lo justo es que el resto del año todos convivan sin importar la entonación al hablar o las expresiones regionales. La integración tiene que ser la bandera que rija la sociedad porque sin ella la Hispanidad será solo una festividad en el calendario.
Un calendario que nos muestra lo que vamos viviendo y que nos dice lo que está por venir, pero en ningún momento nos indica cómo tenemos que disfrutar los días venideros. Por eso, sigamos festejando los días porque ahí radica la vida. No podemos pedir más, la vida no entiende de acentos.
Estamos en verano y le hemos dado la bienvenida como se merece. La noche de San Juan marca un antes y un después. Las tradiciones están para cumplirlas, y con hoguera o sin ella, siempre se puede hacer un punto de inflexión en este año. Dejar atrás el pasado y quemar o borrar de nuestra mente aquello que nos hace daño siempre será positivo. Es bueno pedir deseos y tener sueños pendientes por cumplir. Estos son nuestra mejor motivación para seguir adelante y afrontar las adversidades que se nos van presentando. No son pocas, pero en la balanza también están las ilusiones para equilibrarla.
Unas ilusiones que varían de unas personas a otras y están condicionadas, sin duda, por la propia situación. De una manera o de otra, Ortega y Gasset tenía razón. En el fondo, la célebre cita: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo” nos marca nuestro presente y nuestro entorno. Todo puede cambiar pero para ello tiene que haber una actitud. Ésta se puede apoyar en quienes están dispuestos a ayudarte a convertir esa circunstancia en algo mejor, o al menos, a añadirle un oasis de esperanza en ella.
Ilusión es, precisamente, lo que se vivió hace una semana en el Hospital Niño Jesús de Madrid. Un hospital en el que hay historias muy duras de pequeños luchadores que, desde su inocencia, viven la parte más dura de la vida. Sin embargo, son un ejemplo a seguir. Verles sonreír no tiene precio y eso es lo que consiguieron Lorca y el Mago Roncero en el salón de actos. No puedo negar que mi pasado vino a mi presente porque, en el fondo, mi corazón tiene cicatrices que en determinados momentos se sienten aún más. No obstante, por eso, había que contagiarse de la inocencia de los más pequeños y dejarse llevar por la magia y la música. Dos grandes compañeras que siempre ayudan en las peores situaciones.
Con los acordes de la guitarra de Lorca recordamos, los más mayores, canciones que hemos cantado en más de una ocasión. Aquel verano de “Bésame en la boca” forma parte de la vida de muchos. La música se intercaló con la magia del Mago Roncero. La expectación era máxima porque nadie supo como se anudaron los pañuelos, como pudo averiguar el destino de un viaje o la carta que habían seleccionado. La magia no solo estuvo en sus manos. La magia estuvo en el ambiente porque hacer sonreír dentro de un hospital no es fácil, pero no es imposible. Lorca y Roncero consiguieron que durante casi hora nos olvidáramos de nuestra circunstancia. El coctel era perfecto: ilusión más sueños más música más magia no podía fallar. Y no lo hizo.
La vida se va llenando de capítulos. Unos son más amables que otros y las historias se van escribiendo día a día. El martes veinte de junio no fue un martes rutinario en el Niño Jesús. El veinte de junio se escribió de otra manera. Cada uno destacará de él lo que quiera, pero yo me quedo con que la esperanza y la fuerza nacen de uno mismo, pero si le añades unas notas musicales o la magia de la vida todo se lleva mejor. Lo importante es ser feliz y no perder la sonrisa.
A las puertas del verano y con un calor propio de la época, Madrid esperaba con ansias al artista mexicano que llevaba cinco años sin venir por España. Él dijo que nos han pasado muchas cosas en este tiempo. Ha sido una pesadilla lo que hemos vivido, pero sus fans estaban esperando la cita para reencontrarse con el artista. Bajo la atenta mirada de su madre y con un WiZink Center lleno hasta la bandera, Alejandro Fernández no defraudó.
El reloj marcaba las nueve y media de la noche y como buen mexicano se hizo de rogar. “Ahorita empieza” se escuchaba entre el público y los que sabemos el verdadero significado del “ahorita” mexicano sabíamos que la hora tenía ese matiz de esperada. Eso, en definitiva, fue lo de menos porque por delante teníamos dos horas y media de concierto para disfrutar del talento de este gran artista. Arrancó su gira “Amor y Patria” con la canción “Tantita Pena” que puso al público en pie recibiéndole entre aplausos. La espera ya era lo de menos, porque desde el momento en el que sonaron los primeros acordes, lo que importaba era disfrutar de lo que “El Potrillo” y su equipo nos tenían preparado.
El cóctel de canciones entre el pop y mariachi fueron embriagándonos a todos de una emoción que se iba notando a medida que pasaba la noche. Las banderas mexicanas no faltaron porque, sin duda, Alejandro Fernández es el alma de este país. Es más, toda Hispanoamérica estaba representada en los asientos y en la pista del Palacio de Deportes de la capital. Eso sí, el mexicano no dudó en abrazar la bandera de España sobre el escenario porque sabe que aquí es tan querido como al otro lado del charco.
Sus canciones fueron emocionándonos a todos. Recorrió las de su último disco pero no faltaron los clásicos que rindieron al público a sus pies. “Canta Corazón», “Me dediqué a perderte”, “Se me va la voz”, “Se que te duele”, “Hoy tengo ganas de ti”, “Abrázame”,“Mátalas”… y así una lista de canciones que culminaron con un gran homenaje a su padre, Vicente Fernández. Por supuesto, con el corazón en un puño “El Rey” sigue siendo el rey haya donde esté.
“Quiero que vuelvas” es algo más que un tema. Es una petición propia de que ya estoy restando días para el próximo concierto en Madrid. México significa mucho para mí. En tierras aztecas viví una temporada que me marcó y me enseñó grandes lecciones vida. Allá dejé a grandes amigos y el paso del tiempo y la distancia no ha conseguido romper esos lazos. Más pronto que tarde estoy segura de que nos volveremos a encontrar. De momento, el culpable de emocionar y remover todos esos grandes recuerdos tiene nombre y apellido: Alejandro Fernández. No es un reproche, es mi gratitud por conseguir que me olvidara del presente, y despertar esa parte de mi corazoncito mexicano que tanta vida me da.
En definitiva, querido Alejandro, la espera ha merecido la pena, pero que no pasen otros cinco años. Este “ahorita” sí que se nos ha ido de madre en el tiempo como dirían allá. Por eso, espero que quieras pronto “volver, volver” tal y como cantaste el pasado sábado en Madrid. Gracias por acercarme a mi gente mexicana a través de la música. Un gran hilo conector que, sin duda, cruzó el charco desde que sonaron los primeros acordes. Ahora, con la resaca del concierto, y ya que no la cantó Alejandro Fernández, lo hago yo aunque no estoy a la altura, pero sí me llena de sentimientos cuando hablo o canto a mi México, lindo y querido…
Es curioso como conviven Halloween y la Navidad en los supermercados. Dicen que hay que vivir el presente, pero a veces, éste se acelera y nosotros con él. La vida son ese conjunto de historias que vamos escribiendo día a día. Quizás, por eso, vea lejos en el calendario el día de Halloween y mucho más la Navidad. Queda una semana por delante, y en siete días hay muchos momentos por disfrutar.
Reconozco que lo de Halloween lo respeto, pero la tradición marca el inicio de noviembre con sabor a buñuelos o huesos de santo y la historia de Don Juan Tenorio. Quizás, para vivir un “Halloween” de verdad haya que estar donde el “truco o trato” esté más arraigado. Es cierto que nos gusta celebrar las fiestas, pero también tenemos que valorar más nuestra propia cultura y dejar de buscar fuera lo que nunca hemos tenido marcado en el calendario.
Evidentemente, los tiempos cambian y con él las modas, pero éstas, muchas veces, se están llevando por delante la esencia con la que muchos han crecido a lo largo de los años. Eso también es cultura y, por supuesto, tiene un valor inalcanzable. Adaptarse y evolucionar está bien, pero no hay que obsesionarse dando lecciones de moral. Los principios básicos de la vida los tendríamos que tener todos, pero de ahí a imponer opiniones hay un trecho.
No concibo que me impongan unas ideas que no comparto porque haya que pensar de determinada manera. Cada uno es como es, y en cuestión de opiniones, basadas en lecciones de moral matizadas por lo políticamente correcto, hay quienes nos resistimos a ceder nuestros principios dejando atrás el que dirán.
Desde niña está entre mis canciones favoritas “A quién le importa” de Alaska y con el paso de los años su letra y la vida me han ido definiendo. Dijo Winston Churchill:“Personalmente siempre estoy dispuesto a aprender, aunque no siempre me gusta que me den lecciones”, tiene toda la razón. Quizás, los que dan lecciones antes tengan que aprender algo básico que es el respeto. Sin duda, aplaudo la reacción de David Summers ante lo sucedido con otro clásico de la música. Los que se ofenden por todo sin contextualizar viven en una eterna lucha de ideas, porque lo que hoy consideran correcto puede dejar de serlo más pronto que tarde. La cultura del pasado está llena de ejemplos que a muchos les pueden ofender, pero hay que ser conscientes de lo que estos ejemplos representan.
El presente es hoy y se convierte en pasado en un abrir y cerrar de ojos. Por eso, aquellos que dan lecciones de vivir la vida tienen, sin duda, que dejar que cada uno disfrute de la suya y haga con ella lo quiera, porque somos dueños de nuestra propia historia y la escribimos como queremos y la pondremos la banda sonora que más nos plazca. En definitiva, estamos aquí para pasarlo bien, como canta mi querido David Summers.
Los responsables del título de este artículo tienen nombres y apellidos. Llevan muchos años siendo los culpables de que cada vez que pronunciamos esa expresión entonemos en nuestra mente, con más o menos acierto, las notas que en su día escribieron en la partitura. David, Dani, Rafa y Javi o lo que es lo mismo, Hombres G han conseguido que su música pase de generación en generación. Confieso que el de Castellón no fue mi primer concierto en lo que llevan de gira con su último disco “La esquina de Rowland”, pero la sensación de disfrutar, de alegría, de buen rollo sigue intacta. No afecta el número de veces que los veas sobre el escenario porque la premisa de “voy a pasármelo bien” no falla. Ellos abanderan esta expresión y con ese tema arrancaron su show y dieron rienda suelta a las voces de un público que estaba entregado a ellos. Obviamente, sonaron temas de “La esquina de Rowland”, pero no faltaron los clásicos en los que los espectadores enloquecieron. No importó el calor, ni la humedad porque Hombres G consiguió que todos sudáramos la “gota gorda” al compás que nos iban marcando. Ya nos avisó David Summers que están a punto de cumplir los 40 años sobre los escenarios, así que habrá que ir preparándose para la próxima gira. Nunca viene mal que nos recuerden que en la vida hay que pasarlo bien.
Os animo a disfrutar de ellos en directo, pero si no es posible no hay disculpas que valgan porque el viernes se estrena en los cines la comedia por excelencia de este verano. El ritmo lo ponen “Hombres G” con una banda sonora que hace que se te vayan los pies en la propia butaca. Además, si eres de los que te arrancas a cantar a las primeras de cambio, también lo harás en la sala del cine. “Voy a pasármelo bien” te traslada al pasado y al presente al mismo tiempo. Te cuenta una historia de amor, de amistad, de recuerdos, de añoranza pero también consigue sacarte muchas sonrisas y más de una carcajada y, eso, en los tiempos que corren es una necesidad urgente. La película que dirige David Serrano tiene un guión brillante. Es amena y muy entretenida. Raúl Arévalo, Karla Souza y Dani Rovira encabezan un cartel en el que no hay que perder de vista la espectacular interpretación de los más jóvenes. Su talento te traslada al año 1989, a los recuerdos de la EGB y todo lo que esa época supuso. El paso del tiempo va cambiando a las personas. Las va moldeando, pero muchas veces la esencia de ellas permanece intacta. Y es ésta, precisamente, la que hace que los recuerdos inolvidables cobren más fuerza. El destino también juega sus bazas en el cine y en la vida real; en el antes y en el ahora como se puede ver en esta película. Os animo a verla y sobretodo a disfrutarla dejándoos llevar por lo que ella os transmita. Sentimientos hay muchos y buena música también. Avisados estáis.
En definitiva y con el permiso de David, de Dani, de Rafa y de Javi me atrevo a decir que “Voy a pasármelo bien” es el título de este artículo, el título de una canción y el de una película, pero siendo sincera debería ser un lema que abandere nuestras vidas porque cuando la vida te da una segunda oportunidad, como es mi caso y vives de regalo, lo único que deseas en el día a día es pasártelo bien y sonreír a pesar de las dificultades. Unos días te levantarás dando un salto mortal y otros medio dormido y arrastrando las zapatillas, pero lo importante es recordar que estamos aquí y que el presente vuela. Por eso, mientras pueda y gracias a que “aún tengo la vida” no negaré que “voy a pasármelo bien”.
Hemos superado la primera ola calor sudando la “gota gorda” como suele decirse porque nos pilló desprevenidos. La época en la que ésta ha llegado no era la habitual, pero hemos tenido que afrontarla de la mejor manera posible. Eso sí, ahora el verano ya está aquí y con él su climatología habitual. Posiblemente tendremos más episodios como el que hemos vivido, pero buscando el lado positivo, ya estamos entrenados para ellos. Además, la estación estival se caracteriza por ser una época de vacaciones y si el termómetro sube y nos encontramos a la orilla del mar o en un recóndito lugar en la montaña el calor se lleva mejor. A pesar de todo, siempre diré que es mi estación del año favorita. El sol me da vida y la luz es fundamental. Hoy es el día apropiado para dar la bienvenida a la nueva estación.
Una estación que está llena de planes porque el ocio cobra un protagonismo esencial. Hacer planes para los meses venideros es una opción aunque la improvisación es otra alternativa. Es cierto que muchos acudirán a sus festivales de música favoritos porque estos han vuelto en todo su esplendor. Es otra muestra de que la ansiada normalidad va ganando terreno. Si hablamos de música no puedo obviar que hoy es su día. Cada 21 de junio ésta se convierte en la protagonista y como bien canta Alejandro Sanz: La música no se toca.
Y no se toca porque cada uno tenemos a nuestros artistas favoritos a los que anhelamos volver a ver en directo. La música es una buena compañera de vida porque tanto en los malos momentos como en los buenos siempre está ahí con la canción adecuada. Nuestra propia banda sonora la vamos definiendo nosotros mismos con las notas que tomamos prestadas de nuestras canciones preferidas. Siempre habrá una canción para cada momento de nuestros días. Reconozco que me encantan las palabras de Nietzsche en las que destaca que “sin la música la vida sería un error”. La verdad es que habría un gran vacío. Plantón nos enseñó también que “la música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo” y al alma hay que mimarla y mucho.
Con el verano recién estrenado y la música como telón de fondo nos quedan muchas experiencias por vivir. Esto no ha hecho más que empezar. De momento, esta semana celebraremos la tradicional noche se San Juan. La noche más mágica del año en la que hay que quemar todo lo negativo. Eso no es un problema porque siempre es bueno deshacerse de lo que nos lastra. En San Juan se da el pistoletazo de salida a las múltiples fiestas populares que se avecinan…No olvidemos que al mes que viene San Fermín vuelve con todas sus tradiciones.
Quedan muchos días por delante y muchas canciones por cantar. Lo importante siempre será que disfrutemos porque el verano viene sin restricciones y eso ya es un motivo para celebrar.
Conocida es la frase que dice: “Cuando estás feliz disfrutas de la música, pero cuando estás triste entiendes la letra” y es que hay una canción para cada momento. He de reconocer que la música es una fiel compañera de vida y marca nuestra propia banda sonora. Hay ocasiones en que el ritmo de ésta puede variar, pero siempre será el apropiado. Además, si juntamos la solidaridad con el conjunto de acordes nada puede salir mal. “El último aplauso” es un ejemplo de ello y todo por Ucrania. Un país que está sufriendo lo impensable, pero por ellos grandes artistas se subieron al escenario para dar lo mejor de sí mismos ante un público que los recibió con los abrazos abiertos. “El último aplauso” recorrerá España y os aconsejo que no dejéis pasar la oportunidad de bailar con los clásicos de nuestra música. Obviamente, el término clásico es sinónimo de perdurable y solo por eso os garantizo que merece la pena.
Con Poty Castillo como director artístico y presentador del Tour nada puede salir mal. Su simpatía y su cercanía llegan a la gente sin mucho esfuerzo, es lo que tiene ser natural. Una cualidad de la que no todas las personas pueden presumir. Y dicho esto, con la música por bandera disfrutamos en Rivas Vaciamadrid de Los Rebeldes, de Ramoncín, de Javier Ojeda de Danza Invisible, de Javier Andreu de La Frontera, de Alejo Stivel de Tequila, de Tennessee, de Raúl, de Natalia, de Lorca, de Kike Ruiz, de Dr. Livingstone, de la Banda del Capitán Inhumano y de Modestia Aparte. La variedad era mucha, pero sus canciones se las sabia todo el público.
La pandemia nos quitó los conciertos y la música en directo, por eso, había muchas ganas de disfrutar y como dijo Lorca de vernos las caras. Él fue uno de los primeros en salir al escenario y recordarnos lo importante que es volver a retomar nuestra vida y nuestras costumbres. Su canción “Bésame en la boca” nunca pasará de moda, porque ahora nos podemos volver a besar y los besos, tras dejar las mascarillas, tienen un valor incalculable. Dijo Poty que el hijo de Maricarmen nos iba a hacer vibrar y lo consiguió también con su “Serpiente con tacón”. Los que hemos crecido con estas canciones también recordamos perfectamente a Natalia. La primera edición de Operación Triunfo siempre será inolvidable y a ella, le guste o no, siempre será esa bejamina que ha trabajado por llegar a donde ha llegado y con proyecto nuevo a la vista.
A la vista de todos quedó claro que Modestia Aparte nunca pasa de moda. Quizás sean “cosas de la edad” o no, pero el público se dejó llevar por “Ojos de hielo” y, por supuesto, por “Es por tu amor”. Un amor que les devolvió su público con grandes aplausos. Con los mismos aplausos que subió al escenario Raúl, aquel joven que nos marcó varios veranos y que demostró que “Sueño su boca” sigue presente en nuestra memoria. Y si me apuras hasta nos marcamos la coreografía.
Para coreografía o movimientos guiados, los que pidió la Banda del Capitán Inhumano al público. Estos son impredecibles, pero sacan grandes sonrisas y éstas son lo más valioso que hay y después de lo que hemos pasado su valor es incalculable.
Decía Tolstoi que “la música es la taquigrafía de la emoción” y emociones, precisamente es lo que hubo en el Auditorio Miguel Ríos. Muchos artistas consiguieron que la gente hiciera un paréntesis en su rutina. En la vida hay que desconectar y gracias a ellos yo, por lo menos, conseguí dejar de lado el día a día. Es justo reconocer que todos los cantantes nos hicieron vibrar, pero obviamente quien puede presumir de hacernos saltar de verdad fue Alejo Stivel de Tequila. Sería bueno seguir al pie de la letra su canción y decir, a menudo: “Salí de casa con la sonrisa puesta, hoy me he levantado contento, de verdad”… Porque la vida son momentos y la pandemia nos ha enseñado que en un segundo todo puede cambiar.
Por eso, gracias por este concierto. Gracias por esta iniciativa. Gracias por vuestra solidaridad y gracias por hacer que durante unas horas me olvidara de todo o de casi todo. No puedo acabar estas palabras sin rendir un homenaje a un gran amigo que ya no está con quienes le queremos. Por eso, mirando al cielo me permito dedicar mi particular “último a aplauso” a Juan.
“Cuatro amigos que han cumplido sus sueños” así es cómo se definen, a ellos mismos, Hombres G. Llevan muchos años “trabajando y viviendo” de lo que les gusta. No dudan en afirmar que “han cumplido sus sueños” y eso es, sin duda, “una de las cosas mas difíciles de la vida”. Son conscientes del privilegio que es poder decir estas palabras, pero también les gustaría que a todos nos sucediera lo mismo porque la vida es fantástica.
Llevan muchos años compartiendo no solo los escenarios sino compartiendo, precisamente, una vida, es decir, sus vidas. Por eso, con una sonrisa de alegría aseguran que “han evolucionado juntos”, porque globalmente todas las cosas que les han pasado les han hecho madurar y ser como son ahora. Después de charlar un rato con ellos, me permito la licencia de decir que son auténticos y muy cercanos. Cualidades que aún les hace mejores no solo encima de los escenarios.
Precisamente, a los escenarios han vuelto después de la pandemia con un nuevo disco: “La Esquina de Rowland”. El último año y medio ha sido muy duro para todos porque todo cambió y se paralizó de la noche a la mañana. Los Hombres G, en marzo de 2020, estaban en México. De hecho, aseguran: “Es la gira que vamos a retomar ahora, nos quedaban cuatro conciertos cuando se anunció el Estado de Alarma y el confinamiento. Entonces, decidimos volver a casa pensando en que si tardábamos más días igual no podíamos regresar y acertamos en nuestra decisión porque luego todo se cerró”. Pasaba el tiempo y reconocen, abiertamente, que “todo ese año y medio casi sin tocar fue un poco angustioso” pero a su vez se dieron cuenta de que iba para largo y decidieron ponerse a trabajar y a preparar proyectos, entre ellos, “La esquina de Rowland”. “No estuvimos parados ni desesperados en casa. Simplemente, asumimos la situación y preparamos cosas para cuando nos dejaran salir” concluyen con cierta ironía. Y ya con el permiso para salir, “este verano hemos vuelto a los escenarios. Al principio con un poquito de vértigo pero ya metidos en faena totalmente”, añaden.
Ese vértigo del que hablan es lógico porque la pandemia ha modificado nuestras rutinas de momento. Ahora bien, si les preguntas que si tenían necesidad de reencontrarse con su público, su respuesta no puede ser mas contundente: “Claro que sí. Lo que pasa es que ha sido distinto a lo que esperábamos porque estábamos acostumbrados a la gente de pie cantando sin mascarilla y al principio los conciertos eran un poco extraños. Luego, nos hemos acostumbrado pero no es lo de antes. Aún así quién ha tenido más mérito es el público por aguantar esta situación. Por ir a los conciertos y estar horas sentados sin poder beber, sin poder bailar… Tiene mucho mérito, la verdad. Los conciertos de Hombres G son una fiesta. La gente canta, interactúa, se apelotona, se abraza, chilla…Esperemos que pronto vuelva lo de antes.” Además, reconocen: “El WiZink fue especial, porque se produjo una mezcla de ganas de bailar, de ganas de cantar, de ganas de volver y el público de Madrid…”
El público de Madrid les devolvió el cariño que ellos siempre ofrecen. Literalmente, se rindió a Hombres G y algo parecido sucederá al otro lado del charco. En unos días arrancan su gira por México, un país que contundentemente afirman: “Nos lo ha dado todo. Ahora mismo es el país más importante para nosotros a nivel de venta de discos, de conciertos… A México, desde la primera vez que fuimos en el 87, no hemos parado de ir. Hemos cuidado siempre nuestro público mexicano y ahora recibimos los frutos.” Admiten que de México: “Se echa de menos todo, porque tiene una personalidad muy grande, con un carácter muy fuerte. Es un país muy cálido. Se parece a España en muchas cosas. A la gente le gusta la fiesta, salir, comer y beber. Hay muy buena onda siempre, al menos con nosotros.” Y aunque la comparaciones son odiosas, no dudan en declarar: “En comparación con España, en México tienen a la música en un puesto muy importante de su vida. De hecho, el arte y la cultura lo valoran mucho. Allí cada vez hay más sitios para tocar. La cultura está muy bien tratada y cuidada. En los bares hay grupos tocando. Pones la televisión y hay gente actuando. En España, esto no lo ves. De hecho, nunca ha habido cultura musical. La música la consume un número muy pequeño de gente si lo comparamos con los millones de personas que somos”. Además, por tener más cultura musical “respetan tanto a los artistas. Tienen mucho más sentido de la creatividad. Se nota que es algo que les importa. En cambio aquí, la música es algo que la gente escucha mientras está en un bar tomando algo con los amigos, pero no reclama tanto la atención por saber qué grupo es, qué artista es, quién toca el bajo… Sin embargo, en México hay mucho más arraigo, adoran a sus artistas y a nosotros nos quieren como si fuéramos de allí. ¡Cómo no vamos a echar de menos a los mexicanos!” concluyen.
Coincido con ellos en que México es especial y me da envidia sana que vayan porque yo también extraño a su gente y más después de lo que hemos vivido. Aún así, la vida continúa y ellos tienen el mejor pasaporte para ir allí. Se llama “La esquina de Rowland”. De su último disco dice el propio David Summers: “No creo que exagere si digo que es uno de los mejores discos que hemos hecho en nuestra carrera” porque “hemos tenido tiempo, primero yo para componer y escribir y hacer un montón de canciones que eso es lo que hay que hacer, para después hacer esa búsqueda y quedarse con diez o quince canciones buenas.” Asimismo, “hemos tenido todo el tiempo del mundo para prepararlo, para grabarlo, para cocinarlo, para matizarlo sin límite. No teníamos una fecha de entrega, no teníamos presupuesto. No teníamos nada que nos impidiera darle mil vueltas a los temas. Esto nos ha permitido hacer un disco con canciones seleccionadas, con las letras y los arreglos cuidados y la verdad es que es así como hay que hacer todos los discos aunque no siempre se puede ya que, a veces, careces de ese tiempo porque estás de gira o con proyectos”.
Aprovecho esta opinión de Summers para escribir que, en mi modesta opinión, es un disco muy bueno con catorce temas que transmiten de principio a fin. Los Hombres G dicen que siempre intentan sorprender un poco. Les gusta innovar aunque todo lo que hagan va a sonar a Hombres G. De hecho, aseguran: “Lo que más nos preocupa y en lo que más interés ponemos es en que nuestra personalidad esté en el disco como nuestra manera de contar nuestras historias. Realmente solo nos preocupa sonar a nosotros mismos”.
Indudablemente, ellos mismos asienten: “Somos conscientes de que nuestra música ha traspasado generaciones, pero somos conscientes ahora que hemos visto que nuestra música ha conseguido ese milagro aunque nunca lo pretendimos. Nunca habíamos pensado que nuestra música iba a traspasar generaciones y que íbamos a estar aquí cuarenta años después. Se ha producido de una manera natural y gracias a nuestro público, que ha sido siempre increíble y maravilloso, y que a su vez ha traspasado nuestra música a sus hijos y a otras generaciones.” Es cierto que ahora a sus conciertos van familias enteras y tienen muy claro que esto es de agradecer. Obviamente, “eso solo se consigue haciendo canciones bonitas y haciéndolas toda la vida. No se puede bajar nunca el listón y, por supuesto, no se puede decepcionar nunca al público” reiteran.
Con una premisa tan clara es lógico pensar que los Hombres G siempre van a estar a la altura y van a cumplir con lo que se espera de ellos. De hecho, “La esquina de Rowland”, además de contar con la excelente colaboración del mexicano Carlos Rivera de quien solo tienen buenas palabras, viene cargada de videoclips porque “ahora la gente ve la música. Es la cultura de la imagen, las redes sociales, la inmediatez. Se juntan las dos disciplinas: la música y el vídeo. Si haces un disco pero no haces videoclips es como si hubieses dejado el disco a la mitad. De ahí que nuestros próximos singles vayan acompañados de un videoclip sí o sí como ya ha sucedido con los anteriores. Es una manera de tener el disco vivo. En esta era de la inmediatez las cosas duran muy poco.”
Precisamente, no ha sido poco lo que han durado los clásicos, los cuales, no faltarán en los conciertos. Ellos no se cansan de cantarlos y su público tampoco, porque se entrega al cien por cien dejándose, incluso, la voz o como ellos dicen: “Habremos cantado “Sufre Mamón” miles de veces y cada vez que la cantamos vemos al público que enloquece completamente”. “El poder de la música los hace atemporales”. David Summers decía que no se veía con 50 años cantando “Sufre Mamón» y ya ha superado esa barrera. Para ellos, “las canciones son entes que tienen más poder que uno mismo”. De hecho, no dudan en afirmar: “Ellas están por encima de nosotros. Aguantan el paso del tiempo mejor que nosotros y seguirán ahí cuando nosotros nos muramos”. Su intención es ir añadiendo “a ese grupo de clásicos otros temas como sucedió con “Lo Noto” o “Me siento bien”. Realmente lo importante es hacer clásicos y no hacer hits que duran un verano o un año o dos como mucho. Los clásicos se quedan para siempre.”
Y para siempre estarán Hombres G en la historia de la música y en la historia de nuestras vidas. Sinceramente, la vida son etapas y muchas de ellas están marcadas con un antes y un después como les sucedió a David Summers, a Rafael Muñoz, a Javier de Molina y a Daniel Mezquita en la sala Astoria de Madrid en el 85. Un lugar y una fecha que tienen grabado en la memoria porque fue el principio de todos los éxitos y experiencias que han venido después. Este grupo de amigos, con el que comenzaba este texto, sabe apreciar el presente sin perder de vista la perspectiva de la realidad. Valoran la salud y es lo que le piden al 2022 porque con ella podrán seguir haciendo lo que hacen. Su humildad y cercanía tienen el premio que se merecen: Un público que les echa de menos cuando tardan en subirse a los escenarios. Ahora, los mexicanos en Monterrey, Puebla, Ciudad de México, Querétaro, Torreón, San Luís Potosí, Aguascalientes y Guadalajara podéis disfrutar de su directo. Unos conciertos que no van a defraudar porque llevan la marca Hombres G. Siempre su lema de vida ha sido: “Voy a pasármelo bien” y con esta premisa nada puede salir mal porque la actitud en el día a día es fundamental. Por eso, si tras leer este lema has comenzado a tararear una mítica canción, no hay ninguna duda de que los Hombres G han escrito algún capítulo de tu vida. Quizás, sea el momento de dejar atrás el pasado más reciente y marcar un antes y un después en la pandemia al ritmo que marcan los Hombres G. Es tan sencillo como dejarse llevar. La cuenta atrás ha comenzado y creedme amigos mexicanos que la fiesta está asegurada. Bien sabéis allá que la vida está para disfrutarla.
¿Vais a perder la ocasión de descubrir que tiene de especial “La esquina de Rowland”? ¿Vais a dejar pasar la oportunidad de comprobar el estado del marcapasos de Marta, de gritar “sufre mamón” o de viajar hasta Venezia? Sé que no porque el público mexicano está esperando a Hombres G y los Hombres G están deseando encontrarse con su público de allá. Con esta combinación nada puede salir mal ya que todo apunta a que “vais a pasarlo muy bien”. ¡A disfrutar!
Confieso que el sábado no “me levanté dando un salto mortal ni echando un par de huevos en mi sartén” porque lo que más anhelaba era un café que me espabilara después de “pasármelo bien”. Si hay que buscar a los responsables de esto, está claro que son los Hombres G.
David Summers y compañía colgaron el cartel de no hay entradas en su concierto en el Palacio de Deportes de Madrid. Después de lo que hemos vivido, volver a llenar estos recintos es un chute de adrenalina tanto para los artistas como para su público. Reencontrarse siempre es bueno, y en esta ocasión “La esquina de Rowland” era la disculpa perfecta, y más que justificada, para acudir a escuchar a quienes son historia en la música de mi país. Presentaban su nuevo trabajo, un disco cargado de grandes temas, catorce concretamente. Uno de ellos es “Se me sale el corazón”, un dueto con el mexicano Carlos Rivera, pero que sin él también te llega muy profundo. Summers sabe transmitir sentimientos como nadie cuando está encima de un escenario. Reconozco que el público se entregó a Hombres G desde los primeros acordes. Es difícil resistir las emociones que todos llevamos dentro cuando los clásicos comienzan a sonar. Una mezcla de nostalgia nos envuelve a todos, pero las ganas de recuperar la normalidad que la pandemia nos arrebató de la noche a la mañana superan con creces las restricciones que todavía nos quedan. Precisamente, el último concierto que vi antes de que la Covid-19 lo cambiara todo fue de Hombres G en noviembre de 2019. Por cierto, fue una noche inolvidable como la del viernes.
Un viernes que se ha convertido en un recuerdo que ha marcado un antes y un después ya que me reencontré con la música en directo. Algo que echaba mucho de menos. Es cierto que “La esquina de Rowland” quedó un pelín eclipsado por los clásicos. Sin duda, esos temas nos hicieron vibrar a las miles de personas que allí nos encontrábamos. “Lo mejor estaba por llegar” porque ellos notaron que queríamos cantar, por eso, no dudaron en pedirnos que “Nos soltáramos el pelo” y “Visitáramos su bar” para darlo todo al ritmo que nos iban marcando. Estaba claro que nadie se iba a escapar del compás de “El ataque de las chicas cocodrilo» ni mucho menos del de “Marta tiene un marcapasos.» Por supuesto que hubo un momento en el que todos entonamos “Devuélme a mi chica” a pleno pulmón dejándonos la voz en la mascarilla, pero lo importe era que el Palacio de Deportes retumbara con esos acordes. También, musicalmente nos llevaron a “Venezia” y nos dejaron “Temblando” solo con “Un par de palabras.”
Precisamente, palabras de cariño devolvió David Summers a su público de Madrid. Reconozco que me gusta vivir el presente. Esa lección ya la tenía aprendida antes de la pandemia porque la vida se encargó de ello. Es cierto que hay que “pasar página”, “ahora y siempre” pero, a veces, es bueno recapacitar en esas lecciones del pasado. Después de recordar esas dos horas de concierto y de tomarme ese café tan necesario no sé por qué me viene a la mente todo lo que he vivido y recuerdo que “Aún tengo la vida” mientras tarareo sin querer: “Me siento bien / Como si todo empezara otra vez /Me siento bien/ Me siento bien / Es como un despertar /Una luz especial /Es como un sueño pero real / Me siento bien/ Fenomenal.”
Y con esa actitud la vida te tiene que sonreír, como las sonrisas que nos sacaron los Hombres G. Gracias por ese par de horas de vuelta a la normalidad perdida. Decía Tolstoi: “La música es la taquigrafía de la emoción”. Y lo es.
Han pasado tres años desde que no nos vemos, tres años que han sido una eternidad. De repente, todo cambió y si tú echabas de menos a tu público, tu público te echaba de menos a ti. Era tu cuarto concierto de esta gira que por fin se ha podido realizar. La parada era en Castellón, una tierra que se volcó contigo desde que saliste al escenario. Auguró Carlos Latre imitando a Raphael que sería una gran noche y, permíteme que te diga que lo fue.
Hemos sido “guerreros” ante una pandemia que nos ha hecho valorar las pequeñas cosas. Quizás, nos haya enseñado a vivir, pero como bien dijiste este periodo de introspección ha dado para mucho. Te confieso que en el confinamiento puede que tuviera un “violinista en mi tejado” bastante triste mientras resistíamos el encuentro con nosotros mismos. Además, con la incertidumbre que reinaba en el ambiente puede que hasta creciera un “jardín con enanitos” en mi cabeza con tal de evadirme de la cruda realidad. Pero el tiempo, querido Melendi, ha querido que nos reencontráramos y a pesar de la mascarilla y las medidas de seguridad, los sentimientos no cambian. Dicen que hay pastillas para todo pero, sin duda, la mejor es ver disfrutar a la gente que quieres. Eso cura más que nada y en los tiempos que corren, eso vale oro. La noche del sábado, respirando el olor a mar sanaron las heridas del alma porque la emoción, la adrenalina y la felicidad se respiraba en el ambiente. No sé si fue “casualidad o destino” que te viera sobre el escenario con mis amigos Claudia, Ely y Sergio pero me alegro de que mi primer concierto desde que llegó el coronavirus a nuestra realidad fuera con ellos. Esto será inolvidable.
Si tú hiciste una “promesa” yo también. Y las promesas hay que cumplirlas y no hay peros que valgan. Tal vez algún “casi” pero como bien cantas en “casi se quedó” porque no hay lucha sin victoria. La vida me enseñó qué batallas quiero luchar, por eso, a voz en grito canté “ella no es solamente lo que ves, a ella ni tú ni nadie le para los pies” porque tienes razón hay que dejarnos bailar. Una canción que no sabía si estaba en tu repertorio, pero que me hizo especialmente feliz vértela cantar en directo. Significa mucho porque es muy fácil poner límites a los demás o cuestionar su valía sin ni siquiera dar una oportunidad. Seguro que todos sabemos de lo que hablo a estas alturas…
Pero bueno, está claro que siempre de lo malo hay que quedarse con lo mejor. Esos abrazos, esas bromas, esos gritos de “Melendi, Melendi” que tanto añorabas te los regaló un público que estaba entregado a ti. La vida es eso y durante dos horas olvidamos la cruda realidad porque evadirse es bueno y contigo como banda sonora nada podía salir mal. El sábado hubo “lágrimas desordenadas” cargadas de mucha nostalgia, de muchos recuerdos, de mucha ilusión… En definitiva, los sentimientos, a veces, salen por los ojos y son salados. Ahora bien, estoy convencida de que algún día dejaremos al virus “tocado y hundido”.
Querido Melendi, pensaba que esta carta iba a ser “sin remitente” pero me he dado cuenta de que no es posible. Por eso, la firma una servidora que va “caminando por la vida sin pausa pero sin prisa” porque llevo quince años viviendo de regalo y puedo gritar a pleno pulmón que “Aún tengo la vida”.
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