VA POR TI, SUSO. VA POR TI, ABUELO

Dicen que las casualidades no existen. Y, en este caso, es verdad. No puedo asegurar que esté improvisando estas palabras porque mentiría. Posiblemente, lleven mucho tiempo esperando. Quizás, treinta años. El folio en blanco siempre impone porque es frío, silencioso y hasta desafiante, pero hoy no es así. Hoy se llena de recuerdos. De nuestros recuerdos, los tuyos y los míos. Hay personas que se marchan pero creo que hay otras que aprenden a quedarse de otra manera. Sin duda, tú eres una de ellas.

Hay fechas que tienen la capacidad de detener el tiempo. Para mí, y dado que estamos en julio, una de ellas es el chupinazo de San Fermín. Es inevitable que no piense en ti. No por la fiesta ni por los cohetes sino porque me veo sentada a tu lado, madrugando para ver los encierros mientras tú me explicabas lo que iba sucediendo. En aquellas mañanas de verano yo no era consciente de que aquellos momentos acabarían convirtiéndose en algunos de los recuerdos más valiosos de mi vida. Es más, sin darme cuenta, me enseñaste a conservar las pequeñas costumbres, esas que terminan convirtiéndose en la mejor manera de mantener vivo a quien ya no está.

También, me hiciste del Atleti. Esa culpa siempre será tuya por mucho que se lo digan a mi padre.  Me enseñaste que hay colores que no se eligen sino que se heredan. Es más, ser rojiblanca nunca fue solo una cuestión de fútbol. Era aprender a levantarse después de cada derrota, a celebrar sin olvidar de dónde vienes y a entender que la fidelidad vale mucho más que cualquier resultado. Comprendí que era una forma de entender la vida. Hoy sigo defendiendo al Atleti pensando siempre en ti. 

Por supuesto, no puedo olvidarme de la imprenta. Ese lugar tan mágico para una niña. Recuerdo como si fuera ayer, aquellas tardes en las que mientras otros jugaban en los parques, yo lo hacía entre cajas de tipos, papeles, tinta y máquinas que parecían tener vida propia. Allí creaba mi propio universo mientras veía las miles de letras esperando a convertirse en lo que tú necesitaras. Aún puedo cerrar los ojos y recordar aquel olor inconfundible y ver tus manos y las mías manchadas de tinta. Nunca sabré si allí nació mi vocación periodística. Lo que sí sé es que allí aprendí a querer a las palabras.

Es inevitable que hable de Burgos, porque tú eras un ferviente burgalés. Orgulloso de tu tierra. Reconozco que aprendí a quererla a través de tu ojos. Lucías la capa castellana con una elegancia innata y, por supuesto, cantabas el himno a Burgos con una emoción que todavía resuena en mi memoria y me pone los pelos de punta. Siempre me veré cogida de tu brazo, vestida con el traje regional y creyendo que allí estaba el lugar más bonito en el mundo porque siempre me hablaste maravillas de nuestro querido Burgos. Ahora entiendo que no me enseñabas solo una tierra. Me enseñabas a tener raíces.

Pero, por encima de todo, me enseñaste a vivir. Eras un hombre feliz que disfrutaba de una conversación, de una comida familiar, de un buen paseo… Sin duda, el ‘Carpe Diem’ se quedaba corto contigo. No necesitabas grandes planes para disfrutar de la vida porque tú eras capaz de convertir cualquier día en una jornada especial. Eras un libro de anécdotas, de historias, de refranes. Eras único y eso no se olvida. Han pasado treinta años en los que no he escuchado tu voz, no te he podido dar un abrazo, no he vuelto a pasear de tu mano, pero aunque no estés hay ausencias que nunca se convierten en olvidos porque solo se muere cuando se olvida. Y tú, abuelo, nunca te has ido del todo. Sigues en cada San Fermín, en cada partido del Atleti, en cada texto que escribo mientras junto las letras, en cada himno que canto, en cada refrán… 

Quizás, por eso, hoy siento que escribo sobre un abuelo que sigue enseñándome cosas todos los días. Treinta años después, sigues siendo uno de los mejores capítulos de mi vida. Volver atrás para recordarte es volver a vivirte. Es más, mientras haya alguien que pronuncie tu nombre con una sonrisa, seguirás aquí, conmigo. 

El tiempo pasa, pero hay personas que consiguen vencerlo.

Va por ti, Suso. 

Siempre contigo, abuelo. 

Jimena Bañuelos

EL LEGADO DE MI ABUELO

“Solo se muere cuando se olvida, y yo nunca te olvidaré”. Esa es una gran verdad, porque de ti aprendí muchas cosas. Eras el mejor libro de historias, de refranes, de anécdotas y sobre todo eras un gran maestro de la vida. Como buen burgalés de pro me enseñaste a amar mi tierra porque estabas muy orgulloso de ella. De hecho, lucías la capa castellana como nadie y por ti vestí el traje regional siendo una niña. Han pasado los años y es imposible olvidar todas las aventuras que vivimos entre los tipos de tu imprenta. Desde luego, ese sí que era el sitio apropiado para dejar volar la imaginación. No sé si allí nació mi vocación periodística, pero de lo que estoy convencida es que allí nacieron muchos sentimientos que son difíciles de explicar. 

Sentimientos que en las últimas cuarenta y ocho horas han estado más a flor de piel que nunca. Tu legado sigue escrito en mi corazón y éste ha palpitado mucho últimamente. Eras un vividor de la vida nato, de esos a los que el Carpe Diem se les queda corto, pero eras, sin duda, una persona que derrochaba alegría por los cuatro costados. Eras increíble y dejaste un vacío que por muchos años que pasen sigue ahí. Te puedo ver en las fotos, en los videos pero hoy prefiero pensar en el mítico tercer anfiteatro. Eras un amante del fútbol y, aunque todos culpen a mi padre, el verdadero responsable de que sea del Atleti eres tú. Crecí sufriendo por los rojiblancos pero también por los blanquinegros como buena burgalesa. Casualmente la vida, ha querido juntar en un fin de semana dos grandes alegrías que seguro las estás celebrando desde allá arriba. El Atleti de nuestro corazón con mucho «coraje y corazón» ha ganado la Liga y el Burgos, también, con «coraje y voluntad» es un equipo de Segunda División. Ay, abuelito, lo que nos va a tocar sufrir la próxima temporada…

Entre el «Nunca dejes de creer» de los colchoneros y el «Orgullo y Tradición» de los blanquinegros se presenta una próxima temporada muy emocionante. Menos mal que me enseñaste a sufrir, pero también a disfrutar en ese sufrimiento; como también me enseñaste a cantar el himno de mi ciudad, Burgos, y que, a día de hoy, cuando lo escucho y lo canto pienso en ti. Dice la letra: “Aprendamos todos juntos / a cantar a nuestra tierra,/ a leer en su pasado/ y a labrar su porvenir” Y su porvenir es lo que vamos escribiendo. Los tipos de tu imprenta han dado paso a la última tecnología, pero para ello también hemos leído en el pasado.Algo que no se nos puede olvidar. 

Y olvidar, precisamente, es un verbo que no va contigo. Por eso, con el Burgos en Segunda y el Atleti campeón no dudes, que cada vez que me ponga la camiseta correspondiente, miraré hacia arriba para que veas cómo luzco con la cabeza bien alta todo el legado futbolístico que me dejaste, porque si hablamos del legado humano no hay palabras para expresarlo. 

Abuelo, cantaré los himnos de nuestros colores porque nuestro corazón palpita con ellos. No importa si hace frío o calor, si se gana o se pierde; lo importante es no rendirse y sobre todo vivirlo como tú lo hacías. Fuiste mi ejemplo y aunque ya no estás aquí, no hay día que pase que no me acuerde de ti. Se te echa mucho de menos, veinticinco años son muchos años, pero esa niña ha crecido y hoy te rinde este homenaje porque estoy convencida que sin ti no sería lo que soy hoy. Va por ti. ¡Aúpa Atleti! y ¡Aúpa Burgos!

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

HOMENAJE EN ROJO Y BLANCO

Es evidente que todo está siendo muy diferente desde que decayera el estado de alarma. La nueva normalidad ha traído consigo una sensación de incertidumbre que demuestra que el coronavirus sigue con nosotros. Aún así, es bueno ver como el antiguo Palacio de Deportes de Madrid abrió sus puertas de la mano de Loquillo. Menos aforo pero más ganas que nunca de recuperar los conciertos en este espacio tan emblemático. Poco a poco, y adaptándose a las circunstancias la música vuelve a sonar en directo. También, por ejemplo, el Teatro Real retomó su actividad con la Traviata de Verdi. Donde este año no habrá cánticos será en Pamplona. Un 7 de julio de lo más atípico. Es el día grande de unas fiestas que traspasan fronteras y que el coronavirus ha silenciado. Este año el capote de San Fermín será para torear al bicho que tantos estragos nos está dejando. Al santo, sin dudarlo, hay que pedirle salud y sobre todo, que nos ayude en esta realidad que estamos viviendo frenando los rebrotes que pueden ser tan peligrosos.

Pamplona no se viste de rojo y blanco, y en la ribera del Manzanares ya no queda nada del que fue el fortín colchonero durante muchos años. La última tribuna del Vicente Calderón fue derribada el pasado viernes. El territorio indio ya es una explanada cargada de muchos sentimientos y emociones de una afición que lo ha dado todo en el Paseo de los Melancólicos. Melancolía es lo que nos queda a los rojiblancos. Dentro de ese campo muchos hemos crecido. Además, nos hemos reído, nos hemos emocionado, hemos gritado, hemos saltado, hemos llorado, hemos cantado, por supuesto, hemos sufrido… En definitiva hemos vivido unos años de experiencias difíciles de olvidar. El Calderón ya es historia y despedirse de él no fue fácil, como tampoco lo es ver el solar lleno de escombros. Me acuerdo perfectamente del último partido que vi allí. Me acompañaba mi padre y gritamos varias veces la palabra gol. Fueron noventa minutos muy especiales. Noventa minutos irrepetibles porque sabíamos que la próxima vez que cantáramos nuestro himno el escenario iba a ser otro. Cuando cambias de casa los comienzos cuestan, además también nos cambiaron el escudo y tanto cambio junto fue un coctel explosivo de sentimientos. Reconozco que el Metropolitano me gustó pero fue complicado evitar las comparaciones. El Calderón siempre será el Calderón.

IMG_0065Habrá quien no entienda el porqué de esta melancolía, pero los que tenemos el corazón rojiblanco sabemos de lo que hablamos. Ser del Atleti es algo inexplicable, porque es una forma de ser, una forma de vivir y una familia unida por un sentimiento sin igual que está con los suyos en las buenas y en las malas. No puedo obviar a quien me hizo ser del Atleti porque además también, siendo yo una niña, me animaba a levantarme con él a ver los encierros de San Fermín. Precisamente, en estos días, de hace muchos años, mi abuelo se marchó, pero sé que desde donde esté sigue transmitiendo esa ilusión que derrochaba por la vida. Sin duda, llevo años echándole de menos, pero estoy agradecida de haber podido compartir con él toda mi niñez. Él me enseñó muchos valores y tengo grandes recuerdos. De hecho, aunque el tiempo haya pasado, sigo cumpliendo con las tradiciones. Este año tan atípico se respira mucha nostalgia.

Por eso, me vais a permitir que acabe dirigiéndome a mi abuelo, y le aclare que a pesar de la “nueva normalidad” al Atleti no le quito ojo aunque éste me quite el sueño y aunque no haya encierros este año ya he cantado al santo. En mi vida, desde que era una niña, siempre ha prevalecido el rojo y el blanco. Gracias abuelo por usar esos colores. Estoy eternamente agradecida.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/13739/homenaje-en-rojo-y-blanco

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Mi columna para El Valle de México

A los recuerdos de un abuelo

Dicen que las casualidades no existen, en este caso es cierto. Mentiría si dijera que estoy improvisando, simplemente, estoy dejando que las palabras fluyan al exterior. El folio en blanco de Word que es tan frío cuando lo abres, esta vez se llena de sentimiento. Un sentimiento que no nace por casualidad. Surge año tras año cuando llega el chupinazo de San Fermín. Y no es precisamente por la fiesta sino más bien por los recuerdos que ella me trae.

Es el momento, o mejor dicho, es el día en el que puedo reconocer que sólo hay una persona en mi mente. Sus recuerdos son tantos que resurgen muy a menudo. Confieso que fuiste quien me inculcó muchas de las costumbres que hoy en día no quiero perder. Creo que eso mantiene ese vínculo que me hace pensar en ti día a día. Desde niña madrugaba contigo para ver los encierros de Pamplona, hoy sigo haciéndolo. Me inculcaste el sentimiento rojiblanco, porque fuiste el “culpable” de que sea del Atleti. Hoy defiendo mis colores como solo los colchoneros lo sabemos hacer. Gracias a ti conocí el trabajo de una imprenta. hand-od-grandmother-grandchild-7296466Recuerdo las tardes en las que jugaba con los tipos. No sé si ahí nació mi vocación periodística pero desde luego nunca podré olvidar las manchas de tinta, el olor a papel y las miles de letras que allí había. Me conmueve ver a mi padre con la tradicional capa castellana tal como tu la lucías. Eras un burgalés que con orgullo cantabas el himno a tu ciudad y cogida de tu brazo paseé y lucí el traje regional… Podría seguir con muchas cosas más, pero de todas las que podría destacar me quedo con tu carácter. Disfrutabas de las pequeñas cosas de la vida, transmitías optimismo y por ser como eras tu vacío se sigue sintiendo. Hace años que nos dejaste pero en el fondo sigues con nosotros. En mi memoria existe un apartado dedicado a ti. Su nombre es Eusebio y entre comillas he escrito “Suso” como muchos te llamaban. Eras el mejor libro de historias, de refranes, de anécdotas, eras único. Eras mi abuelo.

Hoy más que nunca puedo decir que en algo tan pequeño como una lágrima cabe algo tan grande como un sentimiento. Va por ti, abuelo.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

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