APAGAR VELAS E ILUMINAR DESEOS

Año tras año, se repite el mismo ritual pero la única diferencia es que ante nuestros ojos hay una vela más. Me refiero a ese ritual que aprendimos desde niños y que conecta el pasado que se va y el  futuro que se asoma tímidamente. El instante de soplar las velas ante la tarta de cumpleaños es una acto muy sencillo porque no importa cuántos años cumplamos ni cómo sea el pastel sino que en ese instante siempre se genera un silencio. Todos sabemos que formular un deseo antes de apagar esas velas es algo especial. Es cierto que los deseos no hay que decirlos para que se cumplan, pero también es cierto, que pedir algo ante una tarta es como pedirle a la vida aquello que más anhelamos. 

La vida es esa tarta que vamos elaborando poco a poco y que va cambiando los ingredientes a medida que vamos creciendo y vamos madurando. Además, con el paso del tiempo la receta se va escribiendo con las lecciones y las heridas que vamos curando. No es fácil seguir cocinando cuando lo único que quieres es quitarte el delantal y darlo todo por perdido, pero si algo me ha enseñado el tiempo es que siempre tenemos un vela que nos guía en los momentos más tenebrosos. Quizás, esas velas que ponemos sobre la tarta sean esos faros diminutos que nos recuerdan que seguimos alumbrando el camino, aunque a veces no sepamos bien hacia dónde vamos. Es cierto que, además, podemos ser el punto de referencia de los que están a nuestro alrededor o de quienes nos aprecian porque los caminos, muchas veces, se entrelazan.

Ayer soplé mis velas. Sobre el deseo no diré nada, porque éste puede ser grande o pequeño, pero si hay algo que aprendí en mi infancia es que los deseos se piden con los ojos cerrados. Es maravilloso revivir ese instante en el que miras a tu interior y sientes el cosquilleo de que conectas con la ilusión del niño que fuiste. Quizás, algo de esa magia hay que ponerle a la vida porque en ella está la esperanza de cumplir esos sueños y deseos. Es cierto que, con los años, la rutina nos puede impedir ver más allá de lo que tenemos delante, pero poder elaborar durante un año otro piso de la tarta de nuestro cumpleaños es mucho más importante que preocuparse de aquello que tiene solución. 

Los deseos siempre son un buen motor en nuestro camino. No son sólo una ilusión pasajera, son, sin duda, una palpitación a nuestro corazón en el que nos decimos: “todavía espero”, “todavía voy a conseguir” o “todavía me atrevo”. Lo importante es saber que ese deseo es pura vida. Por eso, soplar una vela no es sólo cumplir un año más. Es una promesa a nosotros mismos de que queremos algo más en nuestro recorrido vital.  

En definitiva, la vida, con todas sus luces y sombras, sigue siendo un escenario perfecto para desear.  Por eso, con el sabor de la tarta en la boca y mi deseo recién pedido, espero que al año que viene pueda decir que se ha cumplido con una gran sonrisa, porque sé que nunca dejaré de creer en lo que sueño, en lo que vivo, en la magia de las velas y por supuesto, porque tengo claro que siempre vale la pena seguir intentándolo… 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2025/07/21/apagar-velas-e-iluminar-deseos/

ZOLTAR Y LOS DESEOS

Si toca quejarse del tiempo, pues nos quejamos. Es cierto que los termómetros han bajado, dicen que vienen lluvias, muy necesarias, e incluso la nieve puede hacer acto de presencia y todo esto acompañado con un viento polar que no hemos tenido en pleno invierno. Habrá que resignarse a las inclemencias meteorológicas aunque nos pese. En mi caso que anhelo con ansiedad el sol, el calor y la llegada de la primavera y el verano esta cuesta está siendo más dura que la de enero. 

Marzo llega con más luz y, a priori, con mejor tiempo. Si bien es cierto este mes concluye con la Semana Santa. Ésta suele estar marcada también por la meteorología pero nadie se atreve, de momento, a aventurarse con las predicciones para ella. Es la primera escapada vacacional que tenemos y todos aspiramos a disfrutar de ella, ya sea, solemnemente u ociosamente. Habrá que ir día a día viendo la evolución de todo. Al fin y al cabo es así como tenemos que vivir. 

Por delante, de momento, llegan los días grandes de las Fallas de Valencia. En Castellón ya hemos despedido la Magdalena con la nostalgia de lo vivido e iniciando la cuenta atrás para las fiestas del año que viene. Ahora toca acercarse a contemplar los monumentos falleros y apreciar su arte y su sátira. De ésta pueden ir sobrados porque la actualidad que hemos vivido ha dado para mucho. Nadie se libra de ser un ninot y, salvo el indultado, el resto arderán como marca la tradición. Las llamas lo consumirán todo el próximo día 19. El día del padre en el que, además, festejaremos a nuestros cómplices en la vida. 

Una vida que vamos construyendo como queremos. A veces, tiritaremos de frío y otras se nos pondrá la carne de gallina por otros motivos, pero eso es la esencia de estar vivos. Sin duda, una esencia que tiene un valor incalculable aunque en muchas ocasiones no la valoremos como se merece. Vivir es disfrutar y podemos ser “disfrutones” a nuestra manera. Cada uno tenemos nuestras metas, nuestros sueños, nuestras ilusiones a las que no tenemos que renunciar, sino que debemos pelear por ellas. Hace dos días volví a ver al mítico Zoltar. Recuerdo cuando vi al auténtico en Los Ángeles. Concede deseos como en la película de “Big”, y por un momento, me vinieron a la mente esas ilusiones que nunca se apagan aunque el calendario corra. Un deseo cumplido puede ser un sueño hecho realidad y eso es algo impagable. 

Hace una semana escribí que prefiero seguir viviendo los sueños y soñando la vida, me reafirmo en mis palabras. Llevo mucho años viviendo de regalo. Ese deseo se ha cumplido. No ha sido Zoltar, fue donante de médula, pero al fin al cabo, la vida me dio otra oportunidad. Una oportunidad que también me permite, como he dicho, continuar soñando. Sueño, con los pies en la tierra, pero sueño porque sé que algún día aquello que no me deja dormir, estará en mi despertar. La vida, esa que solo se vive una vida, cuando da una segunda oportunidad es por algo. 

Si tengo que pedir un deseo ahora mismo a Zoltar, lo tengo muy claro porque conozco mis prioridades. Acaso tú, lector, ¿lo tienes tan claro? 

La vida es ahora y en un segundo todo puede cambiar… Ahí lo dejo…

Jimena Bañuelos

A POR UN AÑO NUEVO

Llegaron los Reyes Magos, se han apagado las luces, la nostalgia navideña ha quedado atrás para dar paso a la realidad. Una realidad que se llama rutina a la que hay que volver. Puede no ser fácil, pero todo pasa. Lo vivido ha quedado atrás y por delante tenemos un futuro en el que están los regalos más deseados, los restos de lo dulces navideños y, por supuesto, toda una vida. 

Comenzar el año y estrenar el calendario puede dar cierto vértigo porque por delante tenemos muchos días en los que viviremos la cara y la cruz de la vida, pero sobre todo, en los que ganaremos experiencia y forjaremos aún más nuestra personalidad. Cada reto al que nos enfrentamos nos deja una marca, puede ser una cicatriz de recuerdo o simplemente un pellizco en el corazón. Todo dependerá de la lección que la vida nos quiera dar. 

Es cierto que con el inicio del 2024 también han cobrado protagonismo los tradicionales propósitos. De momento, está grabado a fuego en la mente de todos, pero con el tiempo es muy probable que alguno de ellos se vaya diluyendo. Quizás no sea la motivación la que lo mantiene vivo y, por eso, al caer en un segundo plano podamos prescindir de algo que considerábamos vital. Sin embargo, un año da para mucho y, probablemente, surjan nuevos propósitos que asumir con el paso de los meses. Nunca sabes lo que te depara el presente, del futuro es mejor ni pensar. La incertidumbre de éste no te lleva a nada bueno, será el día a día el que escriba el porvenir. 

Un porvenir en el que no debe faltar la salud. Un deseo imprescindible que no debería haber faltado en la mente de todos mientras nos comimos las tradicionales doce uvas. Unas uvas en las que hay que pedir deseos o sueños al destino. Éste comienza con la alegría de dar la bienvenida a un nuevo año. La vida está para vivirla y sacarle el máximo partido. Por delante tenemos todo un calendario para ir escribiendo nuestra propia historia sin que nadie nos dicte lo que escribir o nos sostenga el bolígrafo. Ser fiel a nosotros mismos tiene que ser el propósito por excelencia porque los principios y la personalidad son irrenunciables. 

Nuestra propia historia podrá tener unos capítulos más interesantes que otros, unos serán de acción, otros de comedia, seguro que habrá intriga y esperemos que mucha felicidad. Llevamos nueve páginas del capítulo de “Enero” y nos queda mucho por delante… Ya dijo Agatha Christie: “Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único”.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/53089/a-por-un-ano-nuevo

¡FELIZ NAVIDAD!

El tiempo pasa muy deprisa y ya estamos en la recta final para la Navidad. Es cierto que el ambiente lo envuelve de ese espíritu que lo cambia todo. Es tiempo de reencuentros y, sobre todo, de buenos deseos. Unos deseos que se han podido acumular a lo largo del año, pero que cobran más fuerza en esta época. 

Precisamente, en la época más fría del año llegan la fiestas más cálidas, siempre y cuando seas de los que adoran todo lo que la Navidad lleva implícito. Extrañar a los que no están y ver los asientos vacíos conlleva una nostalgia que hace frente a la ilusión. Estos dos sentimientos encontrados provocan un terremoto de emociones en las que, quizás, haya que dejarse llevar por el corazón. Éste es la mejor guía para dar rienda, de verdad, a lo que sentimos. La sensibilidad puede estar a flor de piel, pero no podemos olvidar que hay que disfrutar estas fiestas con quienes de verdad nos quieren. La familia y los auténticos amigos valen oro y, por eso, no podemos perder la ocasión de gozar cada momento que estemos con ellos.

En la vida en un segundo todo puede cambiar y a escasos días de celebrar la Navidad tenemos que valorar todo lo positivo que este año nos ha dejado. Hacer balance es inevitable, pero como siempre digo, de lo malo hay que quedarse con lo mejor. Y lo mejor es abrazar a los que más queremos. Seguro que todos hemos puesto ya el árbol y el Belén, hemos comprado los turrones, polvorones, mantecados y demás dulces para preparar los días más entrañables. La banda sonora ha ido cambiando porque los tradicionales villancicos han dado paso a versiones más modernas. No descarto que más de uno coja la zambomba y la pandereta y se venga muy arriba. 

Sin duda, arriba tiene que estar el ánimo porque la Navidad, como el resto de los días del año, es única y sólo por eso hay que vivirla para guardar en la memoria unos recuerdos muy amables. Las fotos, año a año, aunque pueden parecer iguales no lo son. Éste es, sin duda, uno de los mejores motivos para disfrutar y, por supuesto, para ser felices con los que nos quieren. Los que derrochan hipocresía es mejor que se queden con ella porque el año tiene trescientos sesenta y cinco días. Tengo claro que ser feliz es lo que cuenta y, por eso, aunque estemos en la época navideña hay falsedades que no tienen hueco en ella.

Sólo tienen hueco la ilusión, los deseos y los sueños por cumplir. Estos son el motor que nos mueve a superar las adversidades que el día a día nos presenta. Ya me gustaría una Navidad de trescientos sesenta y cinco días. Quizás nos iría mejor. En realidad es todo actitud y, sin duda, la autenticidad de las personas debería ser primordial y no envolver lo que no se es en un paquete especial por estas fechas. 

Unas fechas que todos tenemos marcadas en el calendario. La Navidad nos guste o no es mágica. Cada uno de nosotros sabemos cual es el verdadero truco para que ésta sea especial. Seguiré escribiendo mi carta a los Reyes Magos y nunca faltará el deseo de ver sonreír a los míos. Su sonrisa lo cambia todo, porque la felicidad empieza ahí. 

Y dicho esto solo me queda decir de todo corazón: ¡Feliz Navidad! 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/52716/feliz-navidad

DE CELEBRACIÓN

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Mi columna para El Valle de México

No volver para atrás. Ésta es la premisa fundamental para afrontar la nueva normalidad con las precauciones necesarias. Cada día las cifras nos indican que los brotes están aumentando y los contagios también. Es trabajo de todos ser conscientes de la situación en la que nos encontramos. Puede que el verano y las vacaciones nos los estemos tomando como un paréntesis después de todo lo que hemos vivido, pero esto no implica que haya que bajar la guardia. La mascarilla, poco a poco, se ha impuesto por mandato, algo que se veía venir. Sin duda, es la consecuencia de la falta de sentido común y responsabilidad de muchos. Decía Napoleón que “para triunfar es necesario, más que nada, tener sentido común”, y si queremos frenar a la Covid-19 mientras esperamos la vacuna, ya sabemos lo que tenemos que hacer. No es tan difícil lo que nos piden.

Si hablamos de triunfar, hay que felicitar a los madridistas porque esta Liga tan atípica ya está en su palmarés. Me alegro por mis amigos merengues, pero no dedicaré más espacio a este hecho. Lo único que hay que resaltar es la “no celebración”, ya podían aprender otras aficiones de este ejemplo… Es de justicia reconocer que los blancos dieron una lección de civismo dejando plantada a la Cibeles. Una imagen que pasará a la historia por muchos motivos. No obstante, seguro que más de uno lo festejó en su casa. Eso es lo que hay que hacer en los tiempos que corren. La verdad es que cualquier buena noticia hay que celebrarla, porque este año nos está dejando unos recuerdos muy agridulces.

Finalizada ya la Liga, ahora la vista está puesta en la Champions. Cada partido es una final y ser el mejor equipo de Europa no va a ser tarea fácil. Menos mal que por ser colchonera de corazón llevo escrito a fuego: “Nunca dejes de creer”. De ahí que vea la posibilidad de que el veintitrés de agosto la copa sea rojiblanca. Si esto es así, la celebración en mi casa está garantizada. Ya tengo ganas de volver a oír el himno de la Champions. De momento, y por ser el día que es, me he levantado escuchando “Las Mañanitas”. Hace años soplé las velas en México y desde entonces, además del típico “Cumpleaños Feliz” siempre se cumple con la costumbre que me traje del otro lado del Atlántico. Es cierto que no siempre están bien entonadas, pero la intención es lo que cuenta. Pondré una vela más en la tarta, a ser posible de chocolate, y este año, el calendario ha querido que comparta con El Valle este día tan especial. Brindaré, si es preciso con tequila, por la salud. Apagaré las velas pidiendo los deseos tal y como marca la tradición. Eso sí, por delante, seguro que me espera un año cargado de sueños por cumplir y experiencias por vivir. Los años son solo una cifra, lo importante es la forma en la que los vivimos. Por eso, seamos positivos y pensemos que la situación va a mejorar. Ya queda menos para tener una vacuna que nos proteja del coronavirus y mientras tanto, con la prudencia correspondiente, disfrutemos del día a día. A mí hoy me toca comenzar un nuevo capítulo en mi vida, será el número taitantos y dado que hemos hablado de música lo inauguro con una cita de Beethoven: “Haz lo necesario para lograr tu más ardiente deseo, y acabarás lográndolo”. Y dicho esto. Me pongo “manos a la obra”.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/14137/de-celebracion

Campanadas, uvas y el mejor aniversario

Época de balances, época de propósitos y época de ilusiones, es sin duda, víspera de Nochevieja. Despedir un año es despedir un calendario cargado de anotaciones que pasan al recuerdo si nosotros queremos. Desde enero hasta aquí muchas han sido las experiencias que hemos vivido, no puedo decir lo mismo de los propósitos que llegaron a mi mente hace trescientos sesenta y cinco días, de los cuales, unos han sido cumplidos y otros ya forman parte de la lista del 2016. Me consuela que por ser bisiesto tengo un día de ventaja. Pero no es cuestión de tiempo, sino de fuerza de voluntad. Así que tras las doce campanadas ya no hay excusas que valgan, será esa fuerza la que me lleve a conseguir esos objetivos que en algún caso son sueños.

FullSizeRenderSueños que dejan de serlo con el paso del tiempo. El reloj es el que marca el ritmo no sólo de las campanadas sino de la vida. Pasan los segundos, los minutos, las horas, los días y con ellos los meses, los años; y no nos damos cuenta… Aunque parece, como suele decirse, “que fue ayer”, al año que viene puedo presumir de aniversario. Serán diez los años que llevo celebrando que Aún tengo la vida. Un vida llena de recuerdos, de experiencias, de fortaleza, pero sobre todo, de ilusión y ganas de sonreír. Porque aprendí que hasta en los peores momentos una sonrisa puede ser la mejor aliada para ganar batallas.

Y ahora es tiempo de celebrar la Nochevieja, de recibir al 2016 como se merece porque la actitud en la vida es fundamental; y eso, me recuerda al escritor francés, Saint-Exupéry cuando dijo: “El sentido de las cosas no está en las cosas mismas, sino en nuestra actitud hacia ellas”. Y siendo del Atleti afrontaré con “coraje y corazón” lo que me depare el Nuevo Año. La tradición dice que hay que pedir deseos en las campanadas. No sé si estaré pensando en ellos o se me quedará la mente en blanco porque en treinta y seis segundos mi mente puede ser una fuente de recuerdos, de emociones… Aunque si bien es cierto, sólo tendré que mirar a mi alrededor abrazar a mis padres, a una de mis “hermanas mexicanas” y recordar el proverbio árabe: “Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada.” Así que ¡Feliz Año! y a llenar de vida el calendario que estrenamos.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

 

 

 

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