TIEMPO AL TIEMPO

Hemos superado el ecuador del mes de agosto, y aunque muchos vean a septiembre llamando a la puerta, todavía nos quedan días del mes que es por excelencia sinónimo de vacaciones. Sin duda, hay que aprovechar para coger fuerzas para afrontar el último cuatrimestre del año de la mejor manera posible. Es cierto que, para más de uno, septiembre comenzará con la típica depresión pos vacacional, pero la rutina se encargará de reconducir nuestra mente y nuestros horarios para romper ese paréntesis que todos hacemos durante el tiempo estival. Además, el noveno mes del año llega, como no, con la vuelta al cole. Una vuelta al colegio que vemos en las tiendas y en los centros comerciales casi desde que acabó el curso anterior. Menos mal, que cuando se trata de disfrutar no hay publicidad que nos pueda amargar. 

Sin amargarnos, vamos a centrarnos en el presente que es lo que realmente importa. Sabemos que lo que tenga que llegar, va a llegar; por eso focalicemos nuestro día a día en disfrutar. Un verbo que, para los que seguimos de vacaciones, es más fácil de conjugar pero seguro que todos hemos tenido la ocasión de desconectar desde que diera comienzo el verano. La vida son etapas, son momentos y de cada uno hay que quedarse con lo mejor. Esos recuerdos son vitales para que la fuerza de la mente nos ayude en los momentos de flaqueza. Vivir en el paréntesis vacacional eternamente es inviable porque también en él hay, aunque nos cueste reconocerlo, buenos y malos momentos. Se pueden dulcificar porque el contexto que nos rodea nos agrade pero la realidad siempre será la que es. Dijo el poeta estadounidense, Rober Frost: “En dos palabras puedo resumir cuanto he aprendido acerca de la vida: Sigue adelante.” 

Precisamente, seguir adelante es lo que nos toca y mirar, si queremos, de reojo al calendario. Dicen que quien no se consuela es porque no quiere, pero hay quien anhela que llegue la Navidad. De momento, los décimos de lotería ya están a la venta y no seré yo quien juzgue a quienes ya piensan en los villancicos si con ello se ilusionan para superar ese “hasta luego” a la playa, a la montaña o a cualquier destino veraniego.

En definitiva, cada uno de nosotros tenemos una receta de la felicidad diferente y cada uno afrontamos los cambios como consideramos oportunos. Lo que está claro es que la vida pasa, la vivamos o no; por eso, si ser feliz es lo que cuenta, tengamos como objetivo inamovible ver en nuestro rostro y en el de nuestros seres queridos esa sonrisa que lo cambia todo y, además, puede con todo. La fuerza no siempre tiene que ser física, hay fuerza mental que puede mover montañas. La vida me enseñó que en un segundo todo puede cambiar y, por eso, el “hoy” vale más que cualquier “mañana” y hoy sigo viviendo de regalo para escribir otro capítulo de mi vida, ya que mientras ésta pasa, yo he decidido extraerla todo su meollo. ¿Y Tú? Ya llegará el otoño, el invierno, los villancicos… Todo pasa y todo hay que festejarlo y vivirlo. Así es la vida. 

Jimena Bañuelos

MIRANDO AL MAR

Dicen que el tiempo es oro, cuando, en realidad, el tiempo es vida. Por eso, no podemos despistarnos y debemos centrarnos en lo que realmente importa. Está claro que ser felices es a lo que aspiramos y aunque no siempre sea fácil dar con las teclas exactas de esa felicidad, cuando ésta se consigue la sensación es indescriptible. 

Acabo de soplar las velas en la tarta de mi cumpleaños. Como marca la tradición he pedido ese deseo que no se debe decir a nadie para que se cumpla. En realidad, cumplir todos los deseos es lo que hace la vida mucho más interesante. Algunos no dependen de nosotros y llegan cuando menos lo esperamos y el derroche de felicidad es abrumador, en cambio, otros, los vamos forjando con el paso de los días, los meses o, incluso, los años; pero el resultado es el mismo. Es más, me atrevo a decir que la satisfacción personal es un plus a añadir a esa felicidad que tanto nos llena de vida. 

Nunca me importó cumplir años porque eso es la vida. Soplar una vela más cada año es, para mí, un sinónimo de que estamos con nuestros seres queridos para continuar escribiendo otro capítulo de nuestro propio manuscrito. Este año, frente al mar, he comenzado una década nueva, la anterior fue maravillosa y fue en México donde comencé a acumular grandes recuerdos. Estos son inolvidables  y marcaron un antes y un después. Ahora, ante la inmensidad del Mediterráneo, toca seguir soñando y pensar en todo lo bueno que está por venir. Evadirse de la realidad es fundamental para recargar la energía de la mente. En la playa se construyen muchos castillos de arena, algunos duran muy poco y se deshacen en un suspiro; en cambio, hay otros que se caen y se vuelven a levantar para recordarnos que en la vida hay que hacer, en más una ocasión, borrón y cuenta nueva para levantarse tras cada caída con más fuerza y más seguridad en nosotros mismos. 

La autoestima es ese castillo que se va moldeando con los años y que tiene sus altibajos, pero nunca puede caer porque ser fiel a nosotros mismos es la base más sólida que podemos construir. El que dirán nunca podrá erosionar a quien conoce perfectamente sus virtudes y, por supuesto, sus defectos. De los primeros y de los segundos siempre se aprende pero también hay una evolución a medida que vamos cumpliendo años. 

Por eso, teniendo muy claro que la vida es lo que nos queda por vivir, me permito mirar a lo lejos y contemplar el mar que me ha visto crecer y con el que he soñado unos sueños, valga la redundancia, que ya puedo decir que se han hecho realidad. Una satisfacción infinita que no sacia mis ganas de continuar elaborando nuevos castillos. Está claro que la vida es hoy, pero también hay que soñarla y despertarse en el momento justo para que la imaginación ceda ante nuestra acción y, obviamente, ante la realidad. Una realidad que está cargada de grandes ilusiones. Unas ilusiones que no pueden faltar nunca. Gracias a ellas, las adversidades se llevan mucho mejor. Seamos conscientes que el calor pasa, que el verano también, pero cada día que pasa es un día que no vuelve. 

En definitiva, los castillos de arena no solo están en la playa, los castillos de arena están… 

Jimena Bañuelos

ESPAÑA

Una palabra de tres letras llena de alegría a todo un país. Gritar “gol” era lo que más anhelábamos y en dos ocasiones, ante Inglaterra, lo pudimos hacer. Queríamos la Eurocopa y la copa ya es española. Pocos creían en la Selección de Luis de la Fuente, pero partido a partido ha ido conquistando a toda una afición. Han ganado los siete partidos, han hecho una competición perfecta y España, más que nadie, se merecía levantar el trofeo en el Estadio Olímpico de Berlín.

El 14 de julio de 2024 ya forma parte de la historia de este país. Un sueño que se hizo realidad y que todos quisimos vivir acompañados de nuestra gente para, tras el pitido final, salir a la calle a gritar a pleno pulmón: “yo soy español, español, español”. Orgullosos de nuestros colores, las calles se llenaron de banderas y camisetas de la Selección, pero ¡ojo! que también el domingo, unas horas antes Carlitos Alcaraz conquistó Wimblendon. El deporte español reina en Europa y habrá a quien le escueza, pero la realidad es la que es. 

Y tras el sufrimiento siempre llega la gloria. Los goles de Nico Williams y de Mikel Oyarzabal nos hacían acariciar la victoria aunque no quiero olvidarme de la cabeza de Dani Olmo, quien bajo los palos despejó el balón que nos quería amargar la fiesta. Este equipo ha demostrado que la unidad hace la fuerza y esa fuerza nos ha llevado a lo más alto. Ahora toca festejar lo conseguido y las calles de Madrid son el escenario perfecto para ello. Si ya el domingo no entraba un alfiler en el Ayuntamiento Palacio de Comunicaciones o, como todos sabemos, en la Plaza de Cibeles, lo del lunes ha sido apoteósico. 

Obviamente, esas imágenes quedan grabadas en el recuerdo de todos. Es imposible no echar la vista atrás. Yo he visto ganar tres Eurocopas y un Mundial y siempre mi mente me recuerda a Luis Aragonés y no porque sea colchonera, que eso ahora no cuenta, sino porque fue con él con quien la historia cambió. Ahora otro Luis ha vuelto a hacer un cambio en el guión y ha llevado a España a lo más alto. Mítico es el “ganar, ganar, ganar y volver a ganar” pero es lo que ha hecho “La Roja” desde que De La Fuente está al frente de ella. Hay que estar muy orgullosos de lo que se ha conseguido, no hay que buscar lecturas más allá y, por supuesto, la política tiene que estar al margen de algo que nos une a todos: Nuestra bandera, nuestros colores y nuestros sentimientos. Unos sentimientos que son irrenunciables y que nadie puede cuestionar. 

Tampoco se puede cuestionar que en nuestro ADN está la fiesta. Eso también se nos da bastante bien. Por eso, la celebración ha sido épica. El deporte rey y el tenis han llevado a España a lo más alto. Los ingleses nos verán con recelo, pero era de justicia que el domingo el deporte se tiñera de rojigualda. 

Y dicho esto, sólo me queda felicitar a los campeones y disfrutar, como una aficionada más, de los triunfos que llevan a España a lo más alto. Nos han llenado la cara de sonrisas y eso es algo difícil de olvidar. Por eso, a los gritos de “yo soy español” no les puede faltar un “viva España” al unísono. Somos los mejores de Europa en el fútbol, cuatro copas nos avalan y en el tenis está Carlitos para seguir la estela de Rafa Nadal. No podemos pedir más, pero sí podemos pensar que nos quedan muchas victorias que celebrar. Hay talento a raudales, así que tiempo al tiempo…

Jimena Bañuelos

“EL SOL DE MÉXICO” EN MADRID

Caía la tarde en Madrid, pero en ese instante comenzó a amanecer en el estadio Santiago Bernabéu. Todo estaba listo para recibir a Luis Miguel, pero hasta que las pantallas no proyectasen ese sol radiante y espléndido, estaba claro que el espectáculo no iba a comenzar. Famoso es el “ahorita” mexicano y cumpliendo con ese patrón, el artista se hizo de rogar casi treinta minutos. Obviamente, los cuarenta y cinco mil asistentes estaban tan entregados a ese “sol” que la espera pasó sin pena ni gloria. Algún pitido hubo, pero la paciencia solo podía estallar con la euforia de ver a Luis Miguel sobre el escenario.

Meses llevaba el público esperando ver al “Sol de México”. Se esperaba mucho de este concierto, no hay que olvidar que Luis Miguel llevaba casi siete años sin hacer gira por España, y quizás la hora y media que duró se hizo un poco escasa pero, eso sí, no faltó ninguno de sus míticos temas. “Será que no me amas” dio el pistoletazo de salida a la música y a la alegría de todos. Por fin, el mexicano se dejaba ver con su elegancia habitual. Sabía que el público estaba rendido a él, y aprovechó eso para no darle un respiro. Fue encadenando un tema tras o otro. “Amor, amor, amor”, “Te necesito”, “Por debajo de la mesa”… y hasta hizo varios popurrís con canciones que quizás debería haber cantado enteras. Lo digo mas que nada por “Somos novios” o “La Incondicional”, pero bueno, el setlist estaba más que preparado y en él no había hueco ni para un saludo a los asistentes. Casi con los dedos de las manos se pueden contar las veces que el mexicano se dirigió a su público. “¿Se la saben?” Dijo como preludio a “La Bikina”, una canción que resonó en el Bernabéu como un auténtico himno. De hecho, la voz de Luis Miguel cedió ante la entrega del público. No podía faltar el mariachi y éste llenó de más fiesta el estadio.  

Un estadio que ovacionó los duetos virtuales que cantó Luis Miguel. “Sonríe” dejó con la boca abierta a muchos cuando en las pantallas apareció Michael Jackson. Fue una grata sorpresa al igual que “Come Fly with me” con Frank Sinatra. Éste, no es por nada y con permiso de los muy fans del anfitrión, sí es “La Voz” con mayúsculas. Escuchar a Sinatra o verlo cantar en una pantalla bien se merece una ovación.  

Es cierto que ovaciones y aplausos hubo a raudales, pero a pesar de que “el sol” iba iluminando cada vez más el escenario, la noche se iba echando en Concha Espina, pero había mucho margen hasta alcanzar la medianoche. Una pena que a las once y media pusiera el broche final con “Cuando calienta el sol”. El público no se conformó con lo que había vivido y quería más. Vitoreó a Luis Miguel hasta dejarse la voz, pero de poco sirvió porque lo único que obtuvo fue una sonrisa de gratitud del cantante que, de nuevo, fue incapaz de decir nada. Por supuesto, ante eso en el Bernabéu resonó al grito de “Oe, Oe” para intentar arrancar los “bises”, pero se encendieron las luces y la ilusión se apagó.

Y dicho esto, no negaré que disfruté, que me lo pasé bien, que tocó mi corazón al recordarme a mi México querido, que fue un buen concierto, que la espera mereció la pena, pero tengo que reconocer que “el sol de México”, a pesar de que brilló sobre el escenario de Madrid, hay detalles que se convierten en nubes y hacen que los recuerdos se encapoten un poco.

Jimena Bañuelos

ESPAÑA Y ALEMANIA, CARA A CARA

Dicen que después de la tempestad siempre llega la calma, pero en este caso la calma trae consigo una final adelantada. Solo puede quedar uno y proclamarse campeón de la Eurocopa es el sueño de las dos selecciones. Los alemanes son los anfitriones y los españoles ya saben lo que es arrebatarles a los bávaros esta competición. Hace apenas unos días se cumplía el aniversario del gol de Fernando Torres que lo cambió todo para ‘La Roja’. Hubo un antes y un después y, quizás, sea el momento de recurrir a los recuerdos para que ese espíritu que hizo vibrar a todo un país regrese. No es fácil porque la situación no acompaña, pero hay muchos aficionados al deporte rey que el viernes a las seis de la tarde se juntarán para apoyar a los de Luis de la Fuente. 

La Eurocopa está dejando claro cuales son la selecciones más fuertes. La vigente campeona ya está fuera. Para ser sinceros, Italia no ha mostrado su mejor versión. Tampoco lo ha hecho Inglaterra, pero la fortuna ha querido sellar su pase a cuartos. España ha demostrado su valía y con goles ha convencido a más de un escéptico. No es el momento de creerse más que nadie porque en el fútbol todo puede pasar. Ya dijo el poeta romano, Publio Siro, que “es imposible ganar sin que otro pierda” y tras la fase de grupos, los errores pueden salir muy caros; pueden convertirse en el pasaporte de vuelta a tu país. Obviamente el objetivo es estar en Berlín el próximo 14 de julio

Die Mannschaft no es una selección cualquiera. Alemania ha tenido sus altibajos, pero en sus tierras ha demostrado que quiere la copa. Para muchos es la Alemania de Kroos, un jugador que se retira y que quiere hacerlo por todo lo alto. Al nombre de Kroos se pueden añadir otros, no porque se retiren del fútbol sino porque será su última Eurocopa. El tiempo no perdona y los años tampoco. Eso sí, la ilusión y el esfuerzo por llegar a la final son evidentes. Estas cualidades maduran, precisamente, con la edad; al igual que la experiencia. Ésta es un arma cargada de sabiduría y como aliada es de las mejores. 

Por delante quedan noventa minutos de fútbol que dan acceso a la semifinal si haces los deberes. Unos deberes que saben a victoria porque la agridulce derrota nunca es plato de buen gusto para nadie. No sabemos que pasará pero está claro que “la derrota tiene algo positivo: nunca es definitiva. En cambio, la victoria tiene algo negativo: jamás es definitiva”. Los que sí son definitivos son los sentimientos hacia tus colores. A estas alturas, lo único que tengo claro es que el viernes tendré un equipo asegurado en la semifinal. No sé si vestirá de blanco o de rojo pero orgullosa de ellos estaré. Lo de tener el corazón partío es una sensación compleja. Las emociones son ese engranaje que vemos en la película Inside Out 2. Por eso, no es el momento de escuchar al corazón, ni de que me digan “lo llevas en la sangre”. Quizás, un “que gane el mejor” sea lo justo por mi parte. Ahora bien, todos sabemos que el deporte rey es caprichoso y hace sufrir. Por eso, hay que estar preparado para todo. Recuerdo estas palabras de Séneca: “Vencer sin peligro es ganar sin gloria”. Ser el mejor no es fácil pero, como he dicho al principio, solo puede quedar uno… y tras el pitido final no hay que olvidar esto de Jacinto Benavente: “En la pelea, se conoce al soldado; sólo en la victoria, se conoce al caballero”. 

Viel Glück o Mucha Suerte! Ahí lo dejo…

Jimena Bañuelos

INSIDE OUT 2 (DEL REVÉS 2)

Su llegada a las salas de cines ha sido arrolladora. De hecho, se ha convertido en la película más taquillera hasta el momento. Quizás, seamos muchos los que estábamos esperando el estreno de Inside Out 2 para ver como la niña que nos presentó Pixar en la primera entrega se hace adolescente. También, es muy probable que más allá de lo que Riley vive nos guste ver en acción a las emociones que todos llevamos dentro. 

El “sentido de la identidad” lo forjamos nosotros mismos y en él no pueden faltar la alegría, la tristeza, el temor, la furia y el asco. Es cierto que esas emociones son creadoras de recuerdos. Y, posiblemente, como nos muestran en la película sean las primeras emociones que van forjando nuestro carácter y nuestra forma de ser. El tiempo pasa y nosotros vamos creciendo y madurando, pero los sentimientos siempre están ahí. Su engranaje no sabemos cómo es; lo que está claro es que algo se mueve dentro de nosotros para ser y actuar de la manera en la que nos identificamos.  

A las primeras emociones se unen en esta ocasión, ya que Riley es adolescente, la ansiedad, la vergüenza, la envidia, el aburrimiento y la nostalgia. Todas ellas no sólo están presentes en esa etapa de la vida. Seamos sinceros y asumamos que convivimos con todas ellas a diario. Podemos madurar con el paso del tiempo pero las emociones están ahí y no siempre es fácil gestionarlas. Seguramente, ahí está la esencia de cada uno de nosotros. La lección que la película nos quiere trasladar es mediante una joven adolescente apasionada del hockey. Es un ejemplo que tiene muchas connotaciones y que como espectadores es nuestra tarea asumir en qué momentos nos vemos reflejados en la gran pantalla.

No hay que olvidar que lo que nosotros nos susurramos a nosotros mismos tiene mucho más impacto y fuerza que lo que nos digan los demás. La mente tiene un poder incuestionable y aunque en la película es la alegría la que “lidera” las primeras emociones, ésta no debe de faltar nunca. La vida es sencilla, solo nos pide que la vivamos y la disfrutemos; lo verdaderamente complejo es nuestra mente, nuestras emociones. Podemos ser más o menos impulsivos y actuar de una manera o de otra; pero no sabemos si hemos acertado o no en la decisión tomada. La conciencia también juega un papel fundamental que va de la mano de nuestros valores. Estos son fundamentales y deberían ser incuestionables. Menos mal, que la nostalgia siempre nos llevará a aquello que necesitamos recordar. 

De los recuerdos siempre surgen emociones. Siempre son un repaso a nuestra propia historia. Una historia que se va labrando en un día a día que la rutina acelera, pero en realidad, esa historia se va cociendo lentamente con el paso de los años. Las emociones también se curten, también se fortalecen, y por supuesto, también necesitan salir al exterior. Cuando salen somos nosotros mismos, sin filtros y eso es la naturalidad, la esencia de la persona. 

Quizás, en estos tiempos que corren, con las redes sociales liderando nuestra presencia y éstas llenas de filtros, haya que reflexionar que no es lo mismo “ser” que “estar”. ¿Me equivoco?

Jimena Bañuelos

PRINCIPIOS Y FINALES

Se acabó. La Feria del Libro ha bajado las persianas de sus casetas hasta el año que viene. Ésta ha dejado a los asistentes muchas instantáneas para el recuerdo y, posiblemente, más de un libro pendiente de leer. Si eres amante de la lectura es muy complicado pasear por ella y salir del Retiro con las manos vacías. Además, hay que reconocer que si has conseguido conocer a tu escritor favorito, llevarte su libro firmado e inmortalizar el momento, sin duda, la Feria te habrá dejado un buen sabor de boca y solo por eso ya tienes la invitación para volver a ella en su próxima cita. 

Un cita que todavía está muy lejos en el calendario, pero la fugacidad del tiempo hará que éste pase mientras vives otras experiencias. En el fondo la vida es así y nosotros nos dejamos llevar por ese tiempo, haciendo de él lo que consideramos oportuno en cada momento. 

Un momento, el presente, que es único y que, precisamente, esta semana nos brinda la oportunidad de dar la bienvenida al verano. Mientras unos se concentrar en el deporte rey, otros están preparando lo necesario para la noche de San Juan. Es cierto que el próximo jueves la selección española se verá la cara con la selección italiana. Un partido en el que hay más de tres puntos en juego, está el orgullo de un país que quiere seguir escribiendo la historia de estos encuentros en rojo, sin ninguna duda. La fase de grupos está interesante y el debut que hizo ‘La Roja’ ha ilusionado a más de un escéptico, pero quedan muchos minutos por jugar y en el fútbol todo es posible. Eso sí, no puedo eludir el arranque de esta Eurocopa sin reconocer que Alemania marcó cinco goles para demostrar que el anfitrión quiere romper con la maldición no escrita. Hay algo en mí que siente especial devoción por Die Mannschaft…

Obviamente, el fútbol puede no gustarte pero el verano seguro que sí aunque seas receloso del calor. El verano es sinónimo de vacaciones y éstas nos agradan a todos. Por eso, no está demás darle la bienvenida con la tradicional hoguera de San Juan. Esta noche marca un antes y un después. Las tradiciones están para cumplirlas, y con hoguera o sin ella, siempre se puede hacer un punto de inflexión en este año. Dejar atrás el pasado y quemar o borrar de nuestra mente aquello que nos hace daño siempre será positivo. Es bueno pedir deseos y tener sueños pendientes por cumplir. Estos son nuestra mejor motivación para seguir adelante y afrontar las adversidades que se nos van presentando. Por si éstas fueran demasiadas siempre están las ilusiones para equilibrar esa balanza.

Lógicamente, las ilusiones varían de unas personas a otras y están condicionadas, sin duda, por la propia situación. De una manera o de otra, Ortega y Gasset tenía razón. En el fondo, la célebre cita: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo” nos marca nuestro presente y nuestro entorno. Todo puede cambiar pero para ello tiene que haber una actitud. Ésta se puede sustentar en quienes están dispuestos a ayudarte a convertir esa circunstancia en algo mejor, para acercarte a ese oasis de esperanza que siempre hay.

La esperanza, como dicen, es lo último que se pierde y mientras haya personas que te arropen nunca te va a faltar. Por eso, estando en el ecuador prácticamente del año, hagamos balance y dejemos atrás aquello que nos nubla la vista. Tenemos que ver el futuro como ese horizonte en el que todo resplandece. Al final, lo importante es saberle meter un gol a la adversidad y salir victorioso para continuar viviendo porque ese es nuestro mejor premio.

Jimena Bañuelos

UN TROFEO LLAMADO VIDA

El verano está cada vez más cerca. Se respira en el ambiente que la estación estival está llamando a la puerta. Las clases están llegando a su fin, los festivales cobran protagonismo; si añadimos que el buen tiempo es el que nos acompaña a diario y las horas de sol protagonizan su mejor momento, podemos asegurar que la palabra “vacaciones” también está llamando a la misma puerta.

Una palabra que nos ilumina el rostro. Es necesario desconectar de la rutina para poder hacer un paréntesis y olvidar, aunque sea por un tiempo, los problemas, las preocupaciones y dar rienda suelta a esos placeres de la vida que no siempre están en nuestros planes. 

Unos planes que se han ido fraguando desde el frío invierno hasta la primavera y que ahora pueden ser ese sueño hecho realidad. Junio llega esta semana a su ecuador y con él todo lo que he mencionado. Es cierto, que además, este año, los amantes del fútbol no se pueden quejar porque la Eurocopa de Alemania arrancará el próximo viernes. España no debutará hasta el sábado pero las quinielas y las apuestas por las selecciones que llegarán a la final ya son un hecho. Todos tenemos a nuestros favoritos y todos somos conscientes de cómo llegan las diferentes selecciones a la competición. Sólo los mejores se llevarán la copa. 

Toca vivir un principio de verano en el que el deporte será el protagonista. Eso sí, tras su estela tocará encender la llama olímpica en París. No todo va ser fútbol. Los Juegos Olímpicos nos permiten disfrutar del deporte con mayúsculas. No todo se reduce al balompié. Los récords a batir son muchos y para conseguirlo hay demasiadas horas de esfuerzo y sacrificio detrás. Un sacrificio que bien se merece una medalla, un podio y unas lágrimas de emoción. 

Precisamente, lágrimas de emoción es lo que me produce a mí el ecuador de este mes. Esta semana brindaré como cada trece de junio por la mejor noticia que me han dado en la vida. Los aniversarios están para celebrarlos y más aún cuando es una fecha que marcó un antes y un después. Es verdad que el número trece tiene muchos detractores porque las supersticiones siempre están ahí. Confieso que nunca creí en ellas y después de aquel trece de junio aún menos. Es más, era martes y trece y se cumplen, precisamente, dieciocho años desde que escuché a mi hematóloga decir: “Jimena, tienes un donante de médula compatible”. Llevaba meses soñando con ese momento. Me imaginaba cómo sería y llegó cuando menos me lo esperaba. Recuerdo aquel día perfectamente. Aquella habitación del hospital, aquella cama y lo más importante, la cara de mi madre llena de emoción al escuchar a mi doctora pronunciar esas palabras. Esos abrazos serán inolvidables porque en el ambiente, a pesar de mi situación, se respiraba felicidad, se respiraba alegría, se palpaba la emoción. Son recuerdos que eternamente me pondrán la carne de gallina. Son recuerdos cargados de sentimientos y estos siempre llegan al corazón. Ahí todo cambió. Ese sueño se había convertido en realidad. El día del trasplante estaba más cerca y el principio del fin tenía una fecha señalada. ¿Es o no es motivo para celebrar cada año el 13 de junio?

Celebrar es signo de alegría y de victoria. Si hago el símil con el deporte, aquel 13 de junio me llevé la medalla de oro y la Copa como una campeona. Eso sí, tengo que reconocer que fue un alemán el que me entregó esos trofeos en forma de vida. Un vida que sigo disfrutando y aunque dicen que ésta no da segundas oportunidades cuando lo hace es para extraerla todo el meollo sin ponerle ningún pero. 

En definitiva, no seré yo quien apueste por los campeones de la Eurocopa porque tengo mi particular debilidad… Es comprensible, hay vida mucho más allá de que tu equipo gane o pierda. Lo importante es tener esa vida. Ahí lo dejo. 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2024/06/10/un-trofeo-llamado-vida/

UNA VIDA, UNA NOVELA

Disfrutando de las pequeñas cosas de la vida

Dijo Miguel de Cervantes que “el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”. Razón no le falta porque la lectura te lleva a embarcarte en muchas aventuras. Siempre se aprende algo de ellas y éstas nos enriquecen intelectualmente y humanamente. Con el paso de los años nos vamos forjando nuestra forma de ser y la manera en la que afrontamos nuestro presente con sus cosas buenas y sus cosas malas. Un libro siempre es un buen aliado y lo mejor de todo es que la variedad es tal que siempre encontraremos el idóneo para nuestra propia circunstancia. 

La Feria del Libro de Madrid llega esta semana a su ecuador. Las más de trescientas casetas que llenan el Paseo de Coches de El Retiro esperan ofrecer a los amantes de la literatura las novedades y los clásicos de toda la vida. Siempre viene bien darse un paseo por este parque, pero estos días tiene ese aliciente especial que sólo la Feria del Libro le da. Encontrar ese libro que tienes pendiente de leer, ver a tu escritor favorito o dejarte aconsejar por un librero son motivos más que suficientes para afrontar el calor que el mes de junio nos brinda y dejarte llevar por un vicio muy saludable: la lectura. 

En la vida lo que de verdad importa son los pequeños momentos. Comprendí que la felicidad está ahí. De hecho, aprendes a valorarlos en las situaciones más complicadas. Hay que tener claro que en un segundo todo puede cambiar. Cuando pasas la página de una novela puede suceder lo mismo. En el fondo nuestra vida es nuestra propia novela. A veces, es una comedia, otras, un poco de drama; seguro que no le falta la intriga porque el futuro siempre es incierto, pero a pesar de todo, nuestra historia es excepcional porque es única. Es, sin duda, nuestro bestseller, pero un bestseller muy particular porque solamente nuestros verdaderos amigos y seres queridos conocerán la verdadera historia. Muchos se quedarán solo en la portada y la contraportada. Algunos, con el breve resumen, pero acceder a la esencia es un privilegio que hay que ganarse mientras la historia se va fraguando. 

En definitiva, la Feria del Libro es una cita ineludible en cualquier ciudad del país. Los libros, en primavera, llenan las calles. Son la antesala del verano, una época vacacional en la que siempre viene bien echar en la maleta una obra que nos acompañe en la desconexión de la rutina. La estación estival está llamando a la puerta. La cuenta atrás ya ha comenzado y aunque el calor tenga muchos enemigos, hay a quienes nos encanta. Por eso, en una terraza, en la playa, en la montaña… en cualquier sitio siempre es bueno aliarse con la literatura. Hay quien se centra demasiado en la “operación bikini” y nunca está demás recordar las palabras del escritor irlandés, Richard Steele: “La lectura es a la inteligencia lo que el ejercicio es al cuerpo”. Ahí lo dejo…

Jimena Bañuelos

Enlace El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2024/06/03/una-vida-una-novela/

HABÍA UNA VEZ MI FAMILIA

Si sobre un escenario te preguntan: “¿Cómo están ustedes?”, la respuesta es de sobra conocida. Un “bien” a pleno pulmón con una sonrisa que lleva implícita muchos recuerdos. El tiempo ha pasado, pero hay cosas que marcan para siempre y sobre todo que se transmiten de generación en generación. Ahí radica la eternidad de un “bien” que nos conecta a todos con el niño que llevamos dentro. Un niño al que hay que dar rienda suelta en más de una ocasión mientras nuestro “yo” adulto está centrado en la rutina del día a día. 

A veces no es fácil abrirle la puerta a ese niño, pero ahora hay un sitio en el que eso es inevitable. Nada más poner un pie dentro del Teatro Nuevo Alcalá de Madrid todo cambia. “Había una vez mi familia” son cinco palabras que, probablemente, más de uno las haya leído cantando “Había una vez un circo”. Y no sólo cantando sino visualizando a esos payasos de la tele que reunían a todas las familias frente al televisor. Quizás a los más jóvenes hoy eso les parezca algo imposible, pero hubo unos años maravillosos en los que la música y un gran repertorio de canciones nos hacían sonreír y cantar a todos al unísono. 

Es cierto que eso son recuerdos, pero están ahí y de una manera magistral, sobre las tablas, Mónica Aragón, Alonso Aragón, Gonzalo Aragón y Rodrigo Aragón acompañados de un gran elenco de payasos hacen que esos recuerdos vuelvan a cobrar vida. Su apellido, Aragón, tiene mucha historia y mientras nos la cuentan de una manera entretenida e ingeniosa, nos hacen ver, en general, de dónde venimos y lo que somos. Estar orgullosos de nosotros mismos es el principio de esa felicidad que tanto anhelamos conseguir y ésta está en nuestras manos. 

Unas manos, las del público, que no dejaron de seguir los acordes de todas las canciones aplaudiendo a la vez. Esos aplausos, sin duda, son parte de esa familia para formar su orquesta. Podríamos grabar estas dos horas de espectáculo y verlas luego en blanco y negro y nos daríamos cuenta de que los asistentes tenían en su rostro esa ilusión de aquellos niños que veían a Gabi, Fofó y Miliki en la televisión, a los que se unieron Fofito y Milikito, pero la esencia siempre fue la misma. Ellos mismos lo cantan, “somos felices al conseguir, a un niño hacer reír”. 

Su objetivo, como payasos, está más que conseguido. No sólo han hecho reír a un niño; han hecho reír a todo el mundo porque su éxito es incuestionable. Han cruzado muchas fronteras. Sus canciones son de sobra conocidas, sólo con escuchar sus títulos comienzas a tararearlas. Si digo “Hola Don Pepito”, seguro que mientras lo lees me has contestado “Hola, Don José”. Todos sabemos que «Susanita tenía un ratón, un ratón chiquitín«. Por supuesto, que hemos ido en el auto de papá a pasear y hemos gritado “pi,pi,pi” emulando tocar el claxon. La barba siempre tiene tres pelos. Con delicadeza hemos tratado a ese barquito de cáscara de nuez adornado con velas de papel. También nos hemos achinado los ojos para ese “chinito de amor”. Hemos contado los huevos de “la gallina turuleca” infinidad de veces y ahora en plena primavera, sin duda, “como me pica la nariz” podría ser la canción estrella de muchos sin la necesidad de estar nerviosos.

En definitiva, esa nostalgia al pasado a la que nos ha llevado Emilio Aragón y Esteve Ferrer con  la disculpa de celebrar el cumpleaños de la abuela tiene mucho que ver con la velocidad a la que vivimos. Es cierto que los tiempos cambian, pero quizás, en más de una ocasión, es necesario que nuestra mente nos recuerde y nos pregunte: “¿Cómo están ustedes?” Y nosotros en el torbellino de  la vida, valoremos siempre las cosas buenas y nos respondamos, sin ponerle peros a esa vida con un “bien” que nos reinicie para seguir adelante cumpliendo sueños; para seguir, obviamente, viviendo con mayúsculas.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2024/05/27/habia-una-vez-mi-familia/

Archivos