“TIERRA SAGRADA DONDE YO NACÍ…”

“…Suelo bendito donde moriré…” Y esa tierra es Burgos. Allí no solo están celebrando estos días sus fiestas sino que también se conmemora que los burgaleses llevamos cantando cien años el himno que Zurita y Calleja compusieron para la ciudad. Durante un siglo, generaciones de burgaleses lo han entonado en los momentos más solemnes, festivos y emotivos. Esta composición musical es, sin duda, un símbolo de pertenencia, de identidad y de arraigo.

Quienes hemos nacido en Burgos sabemos que basta con escuchar sus primeros acordes para que aparezcan los recuerdos. “Cantemos unidos la insigne grandeza de nuestra Castilla, de nuestro solar…” Cada estrofa tiene la capacidad de transportarnos a la infancia, a las fiestas mayores, a los actos más solemnes y a esos momentos compartidos con la familia y los amigos. En mi caso, ese vínculo tiene nombre propio, el de mi abuelo. Fue él quien me enseñó a querer a Burgos y a sentir como propias las palabras de un himno que habla de la tierra donde nacimos y de la responsabilidad de construir su futuro. Con él aprendí que el orgullo de ser burgalés no se demuestra solo con palabras, sino también conservando las tradiciones y transmitiéndolas a quienes vienen detrás. Todavía recuerdo la primera vez que canté el himno vestida con el traje regional. Era una niña y quizá no entendía todo lo que significaba, pero sí percibía el respeto con el que se vivía aquel momento. El peso del traje, los nervios antes de empezar y la mano de mi abuelo sujetando la mía forman parte de esos recuerdos que nunca desaparecerán.

Con el tiempo fui creciendo sin olvidar de dónde vengo. Hay unos versos que siempre me han acompañado porque recogen, de alguna manera, todas esas enseñanzas que me transmitió mi abuelo: “Aprendamos todos juntos a cantar a nuestra tierra, a leer en su pasado y a labrar su porvenir”. En apenas unas líneas se resume el espíritu de una ciudad orgullosa de su historia, consciente de sus raíces y comprometida con el futuro. Ese es, posiblemente, el mayor legado del Himno a Burgos ya que no hay que quedarse en la nostalgia, sino que conociendo nuestro pasado, construiremos el porvenir.

Por eso, cada vez que lo escucho y lo canto, inevitablemente llega el momento más emocionante. Es imposible no sentir un nudo en la garganta al entonar: “Tierra sagrada donde yo nací, suelo bendito donde moriré, yo te prometo consagrarme a ti y dedicarte mis cariños, mis cariños más fervientes, mis cariños y mi fe.” Son palabras que, cien años después, siguen despertando el mismo orgullo y la misma emoción. Porque quienes amamos Burgos sabemos que el himno no solo se canta: se vive. Y en cada interpretación vuelven a estar presentes quienes nos enseñaron a querer esta tierra, porque fueron ellos quienes convirtieron ese sentimiento en una herencia imborrable. 

Mi abuelo ya no está aquí para escucharme cantar, pero en cada estrofa sigue muy presente. A él, ferviente burgalés, le debo buena parte del orgullo con el que pronuncio el nombre de mi ciudad. Burgos siempre será ese lugar donde los recuerdos encuentran el camino de vuelta. A Burgos le dedico “mis cariños más fervientes” porque es “ la tierra sagrada de mis amores” y “ la cuna adorada de mis mayores”. 

Hay himnos que se escuchan y otros que sienten. Y el de Burgos lleva un siglo demostrando que sigue latiendo en nuestros corazones.

 ¡Viva Burgos!

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/06/29/tierra-sagrada-donde-yo-naci/

VERANO, SAN JUAN Y LA ILUSIÓN DE UN MUNDIAL

Hemos ido arrancando hojas en el calendario sin darnos cuenta de que el tiempo pasa, a veces, más deprisa de lo que creemos. Siempre digo que el tiempo no es oro, es vida y ya estamos en verano. La estación estival ha llegado como debe ser, con una ola de calor que nos asfixia pero que no nos impide pensar en los planes que tenemos por delante. Los días son más largos, las terrazas están más llenas que nunca y las playas recuperan el protagonismo perdido. Sin duda, por delante nos quedan muchas nuevas experiencias por vivir. No negaré que el calor tiene sus detractores, pero lo mismo le sucede al frío. Lo importante es saber adaptarse y disfrutar de los pequeños momentos porque el verano, sin duda, nos invita a bajar el ritmo o a desconectar porque es la época por excelencia en la que la palabra “vacaciones” está en todo su esplendor. 

El verano no llega solo ya que muchos tenemos marcada en el calendario una de las noches más simbólicas del año: la noche de San Juan. Si hace calor, éste se aviva hoy con las tradicionales hogueras. Éstas iluminarán las playas, las plazas… para que todos podamos participar en los rituales de esta celebración que mezcla tradición, fiesta y esperanza. Algunos saltarán las llamas para atraer la buena suerte; otros escribiremos en un papel aquello que deseamos dejar atrás para que el fuego se deshaga de ello como símbolo de renovación. También, por supuesto, se pedirán y escribirán los deseos que nos quitan el sueño. Frente al mar o no, la magia de esta fecha invita a creer en los nuevos comienzos. 

A lo largo del año, podemos hacer balance en enero justificado por el Año Nuevo, en septiembre por ser el mes de los comienzos, pero San Juan, con su encanto especial, nos recuerda la importancia de hacer balance, de despedir aquello que ya no suma y de mirar al futuro con ilusión. Esta fiesta nos permite detenernos, hacer una pausa en la rutina y valorar esos propósitos que igual estaban enterrados. Seremos muchos los que soñaremos viendo el fuego. Habrá quien lo entienda y quien no, pero para gustos están los colores. 

Colores, precisamente, son los que se están defendiendo en el Mundial de fútbol. Algunas selecciones ya celebran su clasificación para la siguiente ronda de partidos. Sus aficionados sueñan con la anhelada copa. La selección española debía volver a ilusionar a todos los aficionados, y aunque el arranque mundialista dejó a más de uno preocupado, el domingo ante Arabia Saudí demostró que “La Roja” es la campeona de Europa. Sin duda, esa camiseta es capaz de unir a millones de personas durante estos días. Hemos hablado de sueños y en el deporte rey seguiremos con ellos porque los de Luis de la Fuente nos han dado motivos para creer en ellos. La Copa del Mundo no es una competición cualquiera. Cada partido es una cita ineludible porque durante noventa minutos hay un país entero que comparte nervios, orgullo y esperanza. 

En el deporte, como en la vida, no existen garantías, pero sí ilusiones. Y pocas ilusiones son tan poderosas como las que despierta un Mundial. Es curioso porque el verano, la noche de San Juan y el fútbol, este año, comparten algo esencial: todos ellos nos invitan a soñar. El verano nos anima a vivir nuevas experiencias; San Juan nos permite formular deseos; y la Selección nos recuerda que cualquier reto puede alcanzarse con esfuerzo, compromiso y confianza.

Por eso, mientras las hogueras iluminarán la noche más corta del año y los aficionados esperan el próximo partido de España, conviene recordar que los mejores momentos suelen construirse a partir de pequeñas emociones compartidas. Al fin y al cabo, la vida también se parece un poco al verano: pasa deprisa, deja recuerdos imborrables y siempre merece ser vivida con intensidad.

Los sueños, igual que el verano, están para disfrutarlos mientras duran.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/06/22/verano-san-juan-y-la-ilusion-de-un-mundial/

UN BALÓN, UNA BANDERA Y MUCHAS ILUSIONES

Ya rueda el balón en las diferentes sedes de la Copa del Mundo, pero seamos sinceros ya que la emoción lleva rodando desde mucho antes. Clasificarse para el Mundial es a lo que aspiran muchas selecciones pero no todas lo consiguen. Sin duda, una de las ausentes en esta edición vuelve a ser “La Azzurra” italiana. Y hablando de colores, son estos los que nos identifican estos días. 

“El Tri” protagonizó la jornada inaugural en el Estadio Azteca de México. Son uno de los tres anfitriones y dieron el pistoletazo de salida a esta competición como ellos saben hacerlo. Ganaron su partido, aunque para el recuerdo está el homenaje a sus raíces y, por supuesto, la solemnidad con la que todos acompañaron a Alejandro Fernández mientras entonaban el himno nacional. Recordé el Mundial que viví por esas tierras hace doce años. El tiempo pasa pero nunca puede borrar los recuerdos que nos sacan una sonrisa en el rostro. El fútbol siempre será el deporte rey, pero lo que más une son las selecciones nacionales y lucir los colores de tu país alejados de cualquier ideología. Quizás en México esto no suceda tanto, pero en España es ‘La Roja’ la que se estrenó en la competición y la que volverá a paralizar durante noventa minutos a millones de personas a pesar del horario del encuentro. 

Hay algo especial en los debuts mundialistas. Durante días hablamos de alineaciones, de favoritos y de estadísticas, pero cuando llega el momento de la verdad todo se reduce a una pelota y a once jugadores defendiendo una misma bandera. Nos representan a todos y todos soñamos con conquistar la Copa y lucir otra estrella en nuestra camiseta. Los Mundiales siempre son una mezcla de memoria y futuro. Nos acordamos de los héroes que nos hicieron felices mientras esperamos a los nuevos protagonistas. España inició su camino con la ilusión intacta. Ayer ante Cabo Verde mostró una imagen que puede mejorar. 

También tengo que hablar de mi querida Alemania. La “Mannschaft” busca la gloria y arrancó la competición ganando a Curazao, un rival teóricamente inferior. Los germanos han querido dejar un mensaje de autoridad desde la primera jornada. No hay que olvidar que en los Mundiales los favoritos saben que no hay segundas oportunidades para causar una buena primera impresión.

Queda mucho torneo por delante, esto no ha hecho más que empezar. Las calles de las ciudades anfitrionas se llenan de camisetas de todos los colores, de idiomas que se mezclan sin necesidad de traducción y de abrazos entre desconocidos que comparten una misma pasión. Esa es la verdadera magia de un Mundial. Quedan muchos partidos, muchas emociones y seguramente alguna sorpresa inesperada. Pero ya se percibe esa atmósfera única que sólo aparece cada cuatro años. El balón rueda, los sueños también, y millones de aficionados vuelven a creer que todo es posible. La Copa busca dueño y candidatos hay muchos. Ser primero o segundo de grupo marca el camino hasta el MetLife Stadium de Nueva York. Estar allí el 19 de julio es el objetivo de todos, pero sólo dos privilegiados tendrán el honor de disputar la gran final. Hasta entonces nos esperan historias de superación, lágrimas de alegría y de tristeza, de héroes inesperados y noches y madrugadas que quedarán para siempre en la memoria colectiva. 

Un Mundial no sólo se mide por los goles o por el equipo que levanta el trofeo; se mide por esas reuniones con amigos, por esas emociones compartidas y por esos abrazos de complicidad… El fútbol, y más aún la selección, es algo más que ver rodar un balón… Porque si hay algo capaz de unirnos, es “La Roja”. Ahora toca disfrutar del camino. Ya veremos si el destino termina llevándonos hasta Nueva York.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/06/15/un-balon-una-bandera-y-muchas-ilusiones/

ALZAD LA MIRADA

Hemos vivido semanas de preparativos intensos que han transformado el ritmo habitual de Madrid para que León XIV se sintiera como en casa. Las calles empezaron a llenarse de banderas, los andamios fueron construyendo los lugares más simbólicos donde la gran acogida iba a hacerse palpable e incluso los comercios se adaptaron a las circunstancias. España llevaba quince años sin recibir la visita de un Papa y, por fin, los deseos de muchos se hicieron realidad cuando el Santo Padre pisó suelo español en el aeropuerto de Barajas el pasado sábado.

Desde ese momento, solo había un protagonista: él. Nada ni nadie podía ensombrecer lo que León XIV representa. La gente esperaba con anhelo verlo por las calles de la capital porque, más allá de los actos oficiales, están sus seguidores. No todos pudimos acudir a la Vigilia o a la Misa, pero a todos nos ha brindado la oportunidad de verlo, ya que sus recorridos en el papamóvil han transcurrido por distintas calles de Madrid. Por eso, más allá del protocolo, la seguridad y los actos oficiales, la visita se ha convertido en un espejo donde una sociedad diversa ha observado sus propias expectativas, inquietudes y esperanzas.

El primer encuentro multitudinario fue con los jóvenes (y no tan jóvenes) en la Plaza de Lima. La Vigilia estuvo marcada por ese silencio y recogimiento tan necesarios para la reflexión. Fue el propio León XIV quien puso en valor la importancia de detenerse en medio del ruido constante que caracteriza nuestro tiempo. Además, lanzó un mensaje sencillo pero profundamente transformador: no hay que tener miedo. Sus palabras encontraron eco inmediato entre los asistentes. En una sociedad donde la incertidumbre parece haberse instalado en muchos ámbitos de la vida, el Santo Padre invitó a los jóvenes a mirar hacia adelante, a no dejarse vencer por las dificultades y a descubrir que la fe también puede ser una respuesta frente a las preguntas que nos acompañan.

Si la Vigilia sorprendió por la gran acogida de asistentes, la Misa del domingo en Cibeles confirmó la dimensión histórica de esta visita. En torno a un millón y medio de personas se acercaron hasta allí para acompañar a León XIV en la celebración litúrgica. El corazón de Madrid ofrecía la imagen de una multitud que derrochaba cariño, alegría, devoción y, por supuesto, solemnidad. Ni el calor ni las horas de espera pudieron doblegar a quienes deseaban participar en una jornada que quedará grabada en la memoria colectiva de la ciudad. Durante la homilía, algunos escuchaban en silencio; otros no podían contener las lágrimas. Había emoción en los rostros.

León XIV se marcha de Madrid llevándose el cariño de millones de personas y dejando un mensaje claro. El Papa ha insistido en la necesidad de fortalecer la solidaridad, atender a los sectores más vulnerables y construir puentes. En Madrid se quedan todas esas imágenes grabadas en la retina y también en los teléfonos móviles de quienes quisimos inmortalizar un momento histórico. Porque durante estos días alzamos la mirada, pero también los dispositivos, conscientes de que estábamos siendo testigos de una visita que tardará mucho tiempo en olvidarse y cuya repetición nadie se atreve a pronosticar.

En definitiva, León XIV se va, pero nos quedan las sonrisas, los aplausos, los silencios compartidos y la emoción reflejada en el rostro del Santo Padre al encontrarse con una ciudad entregada por completo. Y cuando las calles recuperen definitivamente la normalidad y la emoción de estos días se vaya diluyendo, hay algo que siempre prevalecerá y resumirá lo vivido. El legado de León XIV se resume en una invitación tan sencilla como profunda: “Alzad la mirada y no tengáis miedo”.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/06/08/alzad-la-mirada/

MADRID BULLE

El mes de junio acaba de estrenarse y aunque todavía quedan unos días para dar la bienvenida al verano parece que éste ha decidido apresurarse. Las quejas por el calor están en casi todas las conversaciones, pero los amantes de la estación estival aguantamos con disimulo la subida precipitada de temperaturas. Buscar un refugio para hacer frente al termómetro es esencial. Quizás,  dado que El Retiro acoge, un año más, la Feria del Libro, sea una buena opción si además eres un amante de la lectura como es mi caso. El Paseo de Coches se ha convertido en un gran escaparate de historias, emociones y descubrimientos. Muchos títulos esperan a sus lectores entre casetas que invitan a detenerse, hojear y dejarse sorprender.

Cada lector tiene sus preferencias. Hay quien busca una novela histórica, quien prefiere la intriga o quien se deja seducir por la fantasía. Lo maravilloso de la lectura es precisamente esa capacidad para adaptarse a cada persona y a cada momento. Un libro puede entretener, emocionar, enseñar o incluso cambiar nuestra forma de ver el mundo. Por eso resulta tan difícil recomendar uno en concreto y, al mismo tiempo, tan fácil aconsejar la lectura en general. Miguel de Cervantes dejó escrito que “el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”. Quizá, por eso, la Feria del Libro conserva intacto su atractivo. No se trata únicamente de comprar una novela o conseguir la firma de un autor admirado. También es una oportunidad para pasear, conversar, descubrir nuevas voces y recordar que la cultura sigue siendo uno de los mejores refugios frente al ruido que nos rodea.

Y precisamente de ruido sabe mucho Madrid estos días. A la Feria del Libro se suma la expectación por la próxima visita del Papa, un acontecimiento de gran relevancia que situará a la capital en el foco de la atención internacional. Como ocurre con los grandes eventos, traerá consigo una importante movilización de personas, medidas de seguridad extraordinarias y algunas alteraciones en la circulación. Los madrileños ya estamos acostumbrados a que cualquier evento de cierta magnitud venga acompañado de cortes de tráfico, desvíos y tiempos de espera que ponen a prueba la filosofía de vida de más de uno. Quizá sea el momento perfecto para aplicar la paciencia, que también se aprende leyendo. No obstante, empatizar con los ciudadanos no está de más. Se les llena la boca de consejos a los dirigentes políticos. Sin embargo, ellos apenas sufrirán las consecuencias de todo aquello a lo que los ciudadanos se verán expuestos. “Alzad la mirada” es el lema de esta visita de León XIV, pero tampoco estaría de más que quienes organizan y gestionan estos grandes acontecimientos bajaran la vista, por un momento, para observar la realidad cotidiana de miles de ciudadanos. Porque mientras unos miran hacia el escenario principal, otros intentan llegar al trabajo, recoger a sus hijos del colegio o cumplir con sus obligaciones en una ciudad que, durante estos días, funcionará a un ritmo diferente.

Por supuesto que no me olvido de los conciertos de Bad Bunny en el Metropolitano. Serán multitudinarios. Madrid rebosa gente por sus calles. De hecho, aislarse de la multitud será el plan de muchos. Unos se irán de la ciudad, otros buscarán una piscina y más de uno se refugiará en la sombra de un árbol en El Retiro. La Feria del Libro continuará esperando a los lectores, el calor seguirá recordándonos que el verano está a la vuelta de la esquina y los madrileños volverán a demostrar esa capacidad tan característica que tienen para adaptarse a cualquier circunstancia. Porque si algo te enseña esta ciudad es a convivir con el bullicio, con las aglomeraciones y con los imprevistos. Muchos se habrán resignado a la situación, pero una visita del Papa es tener una cita con la historia. En unos días, entre todos y cada uno con sus circunstancias, escribiremos este capítulo titulado “Alzad la mirada”.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/06/01/madrid-bulle/

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