SKYLINE

Delante de la obra de Alberto Bañuelos Fournier emanan esos recuerdos que él quiere transmitir. Esos paisajes urbanos que atribuye a Nueva York y que, sin duda, te llevan hasta esta ciudad tan idílica. No obstante, la imaginación y los recuerdos de cada persona pueden trasladarte a cualquier parte del mundo porque como bien dice el escultor los recuerdos convertidos en imágenes se quedan a vivir en nuestra memoria y ésta siempre es muy caprichosa. 

De hecho, esa añoranza vuelve a nosotros cuando menos nos lo esperamos. Cualquier matiz en nuestro día a día puede llevarnos al pasado aunque sea por un breve instante y es capaz de revolver un sinfín de sentimientos. Los recuerdos pueden ser muy nítidos o muy difusos, todo depende de cómo haya sido la experiencia o lo que ésta nos haya marcado en nuestra vida. Contemplando “Skyline” he visualizado otras ciudades a las que Bañuelos Fournier no tenía intención de llevarme, pero mi subconsciente así lo ha querido. Me llevado a viajar por las diferentes ciudades en las que he vivido y recordar otros muchos edificios y, por supuesto, muchas experiencias en diferentes partes del mundo. Es cierto que al vivir estamos construyendo “futuros recuerdos”, querido Alberto y nosotros somos los diseñadores de ellos. No todos tenemos la capacidad y el arte que tienes tú para plasmarlos, pero, afortunadamente, nuestra cabeza sabe diseñarlos y clasificarlos de tal manera que quedan perennes en nosotros mismos. 

Ahora que vamos retomando cierta normalidad, reconozco que me apetece volver a viajar con la maleta en la mano porque después de ver esta excelente exposición se ha despertado en mí el creador de imágenes nunca vistas. Mi memoria tiene capacidad de sobra para seguir almacenando esas instantáneas que permanecerán conmigo para siempre. Esos “skylines” que evocan paseos entre ellos, rincones por conocer y sueños por cumplir. Reconozco que no me ha dejado indiferente ver tu obra Alberto porque ha prendido una llama que apagó la pandemia de la noche a la mañana. Tengo ganas de conocer mundo y eso no es nuevo porque siempre se aprende cuando sales de tu zona de confort. Hablo de conocer mundo, pero a pocos kilómetros también hay “futuros recuerdos” que nos están esperando. 

Y ya que estoy hablando de ciudades y edificios no puedo obviar mencionar un país en el que nada volverá a ser como antes. Ucrania está sufriendo una guerra que dejará muchas imágenes desoladoras para el recuerdo. Las vemos por la televisión pero su trascendencia va más allá. En ella hay edificios destrozados y en ellos había muchas historias que hoy son desgarradoras. Los sentimientos traspasan pantallas y después de todo lo que llevamos viviendo en los últimos dos años era lo que nos faltaba…

En fin, querido Alberto, gracias por seguir creando y seguir compartiendo tu trabajo con los que admiramos tu obra. Confieso que “Skyline” me ha gustado y ya forma parte de mi memoria y mis recuerdos. Eso sí, esa memoria me ha llevado a otras obras tuyas. Recuerdo a la perfección “La liturgia de las piedras”. Tienes razón que nosotros construimos nuestros “futuros recuerdos”, pero siempre es agradable tener aliados como tú para que éstos queden grabados a fuego en el corazón. En definitiva, “poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces” como decía el poeta latino Marco Valerio Marcial. Sigamos creando imágenes.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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ESPERANZA E ILUSIÓN

Poco a poco todo va recuperando cierta normalidad o, al menos, se intenta vivir de la mejor manera posible. Afortunadamente, la situación está evolucionando favorablemente y el optimismo está puesto en el futuro a corto plazo. El anhelo de que las restricciones comiencen a desaparecer son uno de los temas de conversación que no faltan cuando se habla de la pandemia. Cada vez queda menos para dejar atrás el mes de febrero y quien sabe si en marzo se inicie una nueva etapa. La esperanza sigue ahí y la ilusión no la podemos abandonar.

Si continúo hablando de esperanza e ilusión tengo que hacer alusión, sin quererlo, al Atlético de Madrid. Hace tiempo que no escribo sobre los rojiblancos, pero mañana se la juegan en la Champions. La irregularidad de los de Simeone es evidente a estas alturas de la temporada. Sin duda, dan una de cal y otra de arena a su afición. Después del desastre contra el Levante viajaron hasta Pamplona para ganar por tres goles a los locales. La victoria era necesaria, no solo por los puntos sino por la dosis de moral para afrontar el partido ante el Manchester United. Es cierto que nunca hay que dejar de creer, pero también los sueños hay que alimentarlos con hechos y actitudes. Ojalá sigan la estela de “El Sadar” y tras el himno de la Liga de Campeones derrochen todo el coraje y el corazón en el Metropolitano al igual que la afición lo hace en las gradas. No está siendo una temporada fácil y la actitud ante las adversidades es fundamental. Por delante los rojiblancos tienen dos partidos para sellar el pase a los cuartos de final. Dice el refrán que no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy así que si se encarrila la eliminatoria en casa mucho mejor. Si hay que sufrir se sufre, pero tampoco es necesario llevarlo a niveles extremos. De lo que no hay ninguna duda es de que hay mucho en juego dentro y fuera del campo. Hay demasiadas preguntas en el aire que pronto tendrán una respuesta clara. El tiempo pone a cada uno en su sitio. A buen entendedor pocas palabras bastan.

Por suerte, tenemos muchas cosas para evadirnos de la realidad. El fútbol es una más. Lo importante es despejar la mente del día a día que nos lleva sin pena ni gloria a una rutina que sigue marcada por la pandemia. Hay que distraerse con nuestras aficiones. Un buen libro, una buena serie, una película, un buen paseo… En definitiva, ellas son las mejores aliadas para afrontar nuestros momentos de debilidad, porque la mente no siempre puede estar derrochando fortaleza. Menos mal que los días cada vez tienen más horas de luz y la primavera está llamando a la puerta. En estos dos años hemos superado momentos muy duros y por eso, no es el momento de tirar la toalla, es mejor que caigan las mascarillas que tanto nos agobian. Hay que tirar para adelante en este último empujón. Tengo claro que quiero seguir viviendo los sueños y soñando la vida. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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LA PAUSA

Los días van pasando y la resaca de los corazones que han inundado la previa al día de San Valentín ya se va diluyendo. Esa necesidad de mostrar el amor hacia el otro cada 14 de febrero es la rendición al marketing que nos han implantado a lo largo de los años. Me parece muy bien quienes lo quieran celebrar porque mostrar los sentimientos nunca está de más, eso sí siempre que sea por convicción y no por cumplir. Es cierto que durante la pandemia que estamos viviendo las relaciones humanas también han sufrido sus consecuencias. Muchas se han deteriorado y otras, quizás, hayan salido reforzadas. Esto depende de la personalidad de cada uno y, obviamente, de la resiliencia a las diferentes situaciones que se nos plantean en nuestro día a día. 

Un día a día que sigue marcado, por desgracia, por la situación del coronavirus. La normalidad puede estar más cerca pero siempre está la incertidumbre sobrevolando todo el ambiente. De momento, podemos respirar aire puro en las calles o en los parques dejando de lado las mascarillas. Si bien es cierto y como el miedo es libre cada persona decide si quiere prescindir de ella o no. Reconozco que pararse en un parque sin mascarilla a respirar aire puro es ganar un aliento de libertad. Es parar el tiempo y sentir que todo vuelve a ser “prácticamente” como antes. Ese oasis es, sin duda, la mejor medicina con la que combatir el hartazgo pandémico del que tanto se está hablando. Estamos cansados, pero no rendidos porque llevamos demasiado como para tirar la toalla. 

Si de tirar la toalla hablamos, dejaría por imposible a López Obrador. Volviendo a San Valentín, si lo que quiere es hacer una “pausa” en la relación con España solo le ha faltado añadir el típico “no eres tú soy yo” porque con la que está cayendo en el país azteca más le vale centrarse en él. Si analizamos la pandemia no está para dar ejemplo, si analizamos la corrupción tampoco y así podría enumerar muchos asuntos de unas tierras a las que quiero mucho y que forman parte de mi corazón, eso vaya por delante. Ahora bien, no puedo obviar los datos de los periodistas que han sido asesinados allí en lo que va de año. Cinco en mes y medio es para hacérselo mirar. Quizás “la pausa” sea, como decía la semana pasada, otra cortina de humo que el presidente mexicano necesita para nublar la realidad a su pueblo. Hay que tener cuidado porque “la política es el paraíso de los charlatanes” como dijo el escritor irlandés George Bernard Shaw. De todas maneras ha sido casualidad que su “pausa” haya coincidido con que acabo de finalizar el magnífico libro de Gary Jennings que se titula “Azteca”… No estaría demás que López Obrador echara la vista al pasado. En fin, la pausa que no ruptura es para serenar la relación tal y como aseguró el mismo. No sabe cómo llamar la atención. Eso sí, su fijación-rencor con España va para largo. Espero por el bien de los mexicanos que sus palabras les entren por uno oído y les salgan por el otro como suele decirse. México tiene problemas que el presidente no quiere afrontar. No estaría de más que el propio López Obrador pausara su mente antes de hablar, por ejemplo.

Esto hablando de la pausa de López Obrador porque ha sido el último en utilizar este término, pero a mi cabeza me viene otra pausa que está grabada a fuego en la memoria de muchos. Dejando la política a un lado la mítica “pausa de hidratación” del Atleti es digna de recordar. Esa sí que ha escocido y mucho a toda una afición. Esa pausa sí que será recordada en los anales de la historia, pero la otra, de momento, pasará sin pena ni gloria. Esta naciendo, sin querer, el arte de la pausa. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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CORTINAS DE HUMO

Ahora sí y ahora no. Ese es el juego que hay con el uso de la mascarilla en exteriores. Parece increíble pero el criterio para tomar las decisiones es de chiste. A estas alturas de la pandemia, tenemos más que claro las diferentes incongruencias que hay en determinadas medidas de protección. Es curioso porque con el paso de los meses ya nos hemos acostumbrado a estos bandazos de repente. Algunos son una cortina de humo para encubrir otros acontecimientos. Hay que disimular y aparentar que se están haciendo cosas, no importa cuales con tal de inundar los titulares. Unos titulares que hay que coger con pinzas en determinados casos. 

Hablando de casos, los de coronavirus parece que están descendiendo porque la sexta ola comienza a tener una curva a la baja. Esperemos que esto dure y nos permita seguir disfrutando de las sonrisas en las calles porque de una semana a otra está claro que todo puede cambiar. Ahora bien, su uso en los interiores todavía está vigente. Todavía no tenemos fecha para desprendernos de ella, pero alguno expertos ya apuntan a que el principio del verano puede ser una opción siempre y cuando no surja ninguna otra variante. Ojalá se cumplan sus pronósticos porque la saturación pandémica está en unos niveles más que elevados. Recuperar la normalidad es el anhelo de todos y poner fin a la pandemia también. Ahora bien, si miramos de reojo a Dinamarca, su criterio ha sido, como suele decirse, por las bravas. No sé yo cómo se tomará la decisión aquí, pero visto lo visto en la trayectoria de decisiones todo es posible. Esperemos que prime la salud…

Una salud que tenemos que cuidar en todos los sentidos. La semana pasada celebramos el día del Cáncer. Éste tiene muchos lazos con sus respectivos colores, pero hay algo común a todos ellos y es la fuerza que une a quienes luchan contra la enfermedad. Esa fuerza nace de las ganas de vivir y de los sueños por cumplir, al menos, esa fue mi mayor motivación. Ahora bien, quiero recordar que hay que apostar por la investigación para que los tratamientos vayan evolucionando y sean mejores ante esta dura enfermedad. Y aunque ahora hablo del cáncer, la investigación hay que extenderla a todos los campos. Además, dentro de la salud no se nos puede olvidar la salud mental. La Covid-19 está pasando factura aunque ésta puede verse perjudicada por diferentes motivos. Si nos preocupamos por lo que comemos también nos tenemos que preocupar por nuestros pensamientos. Lo que nos decimos a nosotros mismos es más importante que lo que escuchamos a nuestro alrededor. Los halagos siempre son agradables, pero las críticas pueden ser demoledoras si se nos taladran en la mente.

Una mente que tiene demasiada fuerza aunque muchos no lo crean. Reconozco, por ejemplo, que mi fuerza mental me ayudó desde el momento en el que escuché: “Tienes una leucemia”, pero ésta necesitó unirse a la fuerza de la vida para hacer el combo perfecto. Por eso, de las muchas enseñanzas que nos ha dejado la pandemia hay que quedarse con lo efímeros que somos, con que todo puede cambiar en un segundo y que la salud hay que valorarla siempre y no solo el 22 de diciembre. “Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los “cómos» dijo Nietzsche. No tengo nada más que añadir…

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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EL NEGATIVO Y EL POSITIVO

El mes de enero ha quedado atrás y con él su temida cuesta entre otras cosas. A veces tengo la sensación de que los primeros treinta y un días del año duran más de lo normal, pero esa percepción es personal y siempre está vinculada a lo que el día a día nos depara. Hoy estamos de estreno y por delante tenemos veintiocho jornadas en los que iremos ganando luz. Si el tiempo lo permite el frío debería ir remitiendo según avancen las semanas. A estas alturas no voy a negar que me gusta el buen tiempo y la llegada de la primavera es el preludio del verano. Aún así, vayamos día a día viendo qué es lo que nos depara el futuro a corto plazo. 

Evidentemente, las ansias de recuperar la normalidad están aumentando. Los datos están desvelando una ligera mejoría pero si pudiéramos medir el hartazgo de las personas estoy convencida de que los valores serían muy altos. No sabemos cuando va a terminar todo esto y esa sensación provoca una bomba de sentimientos que ni nosotros mismos sabemos controlar. Para ella no hay vacuna porque en cualquier momento nuestro carácter puede dar un giro de ciento ochenta grados. Las consecuencias de tanto aguante son cada día más palpables. Hay que reconocer que cada persona es un mundo, pero seguro que muchos coincidimos en que la situación pandémica está siendo muy larga. Las noticias que nos llegan son de todo tipo. Unos días son alentadoras, en cambio, otros son demoledoras. Ese subir y bajar del optimismo al pesimismo también pasa factura. 

Una factura que nos agota mentalmente en la mayoría de los casos. Está claro que hay que seguir viviendo, pero cada persona es libre de elegir cómo lo quiere hacer. No es bueno juzgar cuando alguien prefiere estar más aislado del resto. Sus motivos tendrá, pero la felicidad depende de nosotros mismos y no de los consejos de los demás. Es agotador recibir palabras vacías solo por el hecho de quedar bien. A estas alturas de la pandemia, creo que ya sabemos como gestionarnos a nosotros mismos. Conocemos los consejos que han sido el mantra desde marzo de 2020, pero el escenario ha ido cambiando y el bicho ha tenido diferentes nombres a los que hemos hecho frente a golpe de Antígenos y otras pruebas para controlar su transmisión. En definitiva, se trata de protegernos mutuamente, pero no estamos exentos de contagiarnos en el momento que menos lo esperemos. Ahora tener unos Antígenos es tan básico como tener el Paracetamol, pero es la realidad que hay y a la que no podemos renunciar.  

Obviamente, ya hemos renunciado a muchas cosas en estos dos años como para seguir perdiéndonos momentos que se convertirán en futuros recuerdos. Demos a febrero la oportunidad de dar un giro a la historia. Es el mes mas corto, pero quizás nos sorprenda. La esperanza es lo último que se pierde y yo nunca he renunciado a ella. Reconozco que estoy cansada de todo, pero no por eso voy a tirar la toalla. Con precaución y con ganas de disfrutar doy la bienvenida a un mes que me trae duros recuerdos a los que sabré sobreponerme porque como decía Neruda: “Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.” Y yo, ante todo, quiero ser feliz. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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SONRISAS Y LÁGRIMAS. NO ES UN DÍA CUALQUIERA

Las cicatrices siempre están cargadas de recuerdos y son éstos los que nos atormentan aunque intentemos evitarlos. Huir del pasado no siempre es fácil cuando éste marcó un punto de inflexión en nuestra vida. Quiero pensar que cuando regresan a nuestra mente es por algo. Todos tenemos fechas muy señaladas y convivir con su reencuentro año tras año es inevitable. Confieso que puedo no dormir bien por muchos motivos, eso nos pasa a todos. Pero la de anoche era una noche diferente.

Cada veinticuatro de enero veo el calendario y una revolución de sentimientos se mezclan en mi interior. Lucho por contenerlos, pero éstos siempre acaban venciendo porque es imposible no revivir todo lo que sucedió hace ya dieciséis años. La memoria es selectiva y hay imágenes que el paso del tiempo no podrá borrar. Aquella sala de espera de urgencias, aquella fiebre que consumía mis fuerzas, aquellas horas que atormentaban a los míos, en definitiva, aquel frío Box en el que pasé la noche sola y con miedo a esa incertidumbre de no saber qué me pasaba. Y por si esto no era suficiente, sabía que para mi padre iba a ser su cumpleaños más triste. El destino decidió que todo sucediera así

En esos momentos no sabía lo que me pasaba, días más tarde comprendí que me adentraba en una lucha por sobrevivir y que tenía que hacer frente a una leucemia. Todo mi mundo dio un giro de ciento ochenta grados. Y a pesar de todo no dejaba de pensar en el cumpleaños truncado de mi más fiel compañero de batallas. La vida es caprichosa y da lecciones que nunca se olvidan. Quizás, por eso, haya recuerdos que están grabados a fuego no solo en la mente sino en el corazón. 

Se puede ser fuerte pero no de piedra y sé que no pasa nada por derramar unas lágrimas porque éstas nos alivian y hasta nos curan del peso del pasado. Ahora bien, también puedo reconocer que ahí comenzó una nueva parte en la historia de mi vida. Ya nada iba a ser como antes porque revolucionó mi mente de tal manera que me conocí a mí misma y me enseñó a afrontar todo tipo de situaciones. 

Obviamente, estoy hablando del principio de “Aún tengo la vida”. Un sueño hecho realidad que nació en las habitaciones de un hospital en el que no falta la ilusión y la esperanza. Reconozco que hay mucha vida y muchos momentos buenos a pesar de que la leucemia tomara las riendas de mi día a día. Por eso, asumo que hace dieciséis años cambió mi vida; no sé si a mejor o a peor, pero cambió. Me arriesgo a decir que me hizo mejor persona. Aquella lucha sin cuartel la gané en septiembre. En sus enseñanzas saqué matrícula de honor, porque a día de hoy no las he olvidado. Eso sí, asumo que hoy toca soplar las velas con mi padre porque nos quedan muchas cosas por vivir. Renovar estos recuerdos no es tarea fácil para ninguno de los dos, pero podemos ir creando otros que conviertan los días negros en grises. 

Eso sí, aunque muchos no lo entiendan, cuando mi mente me recuerda la etapa más dura de mi vida, mis ganas de luchar y seguir para adelante se multiplican. Esa es la fuerza de la vida. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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SE ESCAPA EL TIEMPO

Ya hemos superado el ecuador del mes de enero aunque su famosa cuesta parece más empinada de lo normal. La situación que estamos atravesando no es buena y las consecuencias económicas de la pandemia se hacen cada vez más evidentes. La incertidumbre lo envuelve todo y las ansias por recuperar la normalidad también. Estamos a la espera de ver cómo evoluciona la línea de contagios. Se espera que ésta comience a descender, pero es cierto que cada vez conoces a mas personas de tu entorno más próximo que ha dado positivo en algún test. La realidad es así y los que aún seguimos en “negativo” hemos ido esquivando Omicron como hemos podido. 

Afortunadamente, para muchos la vacuna ha sido su mejor aliada para sobrellevar el virus con síntomas más leves. Cada uno es libre de ponérsela o no, pero en ese debate no voy a entrar. Ya se ha encargado el tenista Djokovic de protagonizar todos los titulares en las últimas semanas. Lo suyo era la crónica de una deportación anunciada. Si hay que cumplir unas normas se cumplen y no por ser el número uno estas exentas de ellas. Las personas somos todas iguales y ninguna es superior por mucho ego o poder que tengas. Si bien es cierto, en la sociedad hay unos principios que están en sus horas más bajas, pero que hay que respetar e incluso cuidar. Decían que de la pandemia íbamos a salir mejores y más fuertes, algo más que dudoso tal y como estamos viendo el presente. 

Un presente que sigue en bucle mientras no percibamos que esto se está acabando. El hartazgo hace que nos olvidemos de la esencia de la vida. Hay que seguir, como diría Walt Whitman, extrayendo todo el meollo a la vida, pero sin olvidar los principios que nos unen como sociedad. Es cierto que cada uno tenemos los nuestros personales y estos son irrenunciables. Eso sí, hay quienes son capaces de todo por conseguir sus más anhelados deseos. La personalidad y los principios van de la mano y muchas veces las mayores decepciones vienen de ahí. Conocer a las personas no es fácil y cuando crees que lo has hecho, a veces, llegan las mayores decepciones. También, Maquiavelo nos enseñó en su “Príncipe” la naturaleza de muchas personas…

De hecho, hay personas que llegan a tu vida y se convierten en parte de tu familia y están ahí siempre aunque no notes su presencia. En cambio, hay otras que están de paso por circunstancias o por interés y cuando desaparecen incluso notas que tu propia mochila pesa menos. “El secreto, querida Alicia, es rodearse de personas que te hagan sonreír el corazón. Es entonces, y sólo entonces, que estarás en el país de las maravillas”. Sabias palabras de un conejo blanco que vivía pendiente de un reloj… La vida se nos escapa más rápido de lo que nosotros creemos y lo mejor es pasarla con quien de verdad importa. El país de las maravillas es nuestro presente, el cual, es único e irrepetible. Hagamos caso a ese conejo porque es importante saber y ser conscientes de que nunca caminamos solos.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace El Valle: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/29826/se-escapa-el-tiempo

PROPÓSITOS

Un año por delante y muchas experiencias por vivir. Da vértigo pensar en lo que nos deparará este 2022, pero día a día iremos descubriendo el destino. El futuro siempre es incierto aunque, como marca la tradición, el Año Nuevo se llena de esos propósitos que sin saber si los vamos a cumplir, al menos nos dan una sensación de satisfacción solo con pensar en ellos. Queda todo un año por delante para llevarlos a cabo y si no es posible siempre se pueden prorrogar para más adelante. A veces, la intención es lo que cuenta.

Y con los propósitos en mente y los regalos de reyes recién abiertos toca, poco a poco, volver a la normalidad. A esa realidad que se ve envuelta en un espíritu que, por desgracia, solo dura en los días más entrañables del año. Una pena pero es así. Además, este año la Navidad ha tenido un claro protagonista. Es la época de reencuentros por excelencia, pero muchos se han visto frustrados por Omicron. Esta variante ha hecho estragos en muchas familias porque los positivos han adquirido un protagonismo que no esperábamos o que no queríamos esperar. De hecho, estamos intentando doblegar esta ola que ha convertido a los tests de antígenos en el entrante de muchas comidas o cenas. Una falsa sensación de seguridad que ha dado más de una sorpresa. Eso sí, renunciar a las reuniones está claro que no estaba en la mente de muchos. En fin, el sentido común de cada uno es particular y la práctica requiere su tiempo. Quizás la Navidad lo haya envuelto entre sus luces y sus tradiciones y éste pasó a un segundo plano sin pensar en la consecuencias. 

Unas consecuencias que todavía están presentes. Contagiarse es muy fácil, pero prevenir también lo es. Hay que reconocer que estamos agotados de la pandemia porque ésta sigue con nosotros. Las medidas ya nos cansan y nuestra ansia por recuperar todo lo que el coronavirus se llevó por delante nos pueden. Hablan de que estamos más cerca del final y ojalá sea así. Hemos aprendido muchas lecciones de todo esto. Quizás esos propósitos de Año Nuevo no sean tan prioritarios como antes del Covid-19 porque nuestro mundo ha cambiado. Está claro que ser feliz es lo que cuenta y que la salud es fundamental. En la vida en un segundo todo puede cambiar, por eso, disfrutar cada día sería el mejor propósito de todos. Los habrá buenos y los habrá malos porque no todos son un camino de rosas. Precisamente, de las espinas se aprenden las mejores enseñanzas. 

En definitiva, tenemos un año por delante para disfrutar de nuestros seres queridos, para cumplir los sueños que quedaron aplazados y escribir nuestra propia historia de puño y letra. Seguro que a todos nos gustará dar carpetazo a la pandemia, esperemos que el 2022 nos premie con ello. Nos merecemos volver a sonreír sin mascarilla porque aunque las miradas hablan por sí solas, pero a la vida hay que sonreírla sin condiciones. Los propósitos empiezan por ahí

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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UN GORDO LLENO DE VIDA

Su sonido es inconfundible y su banda sonora consta de números y premios. Si hay un día al año en el que todos despertamos con una ilusión especial es el 22 de diciembre. El sorteo extraordinario de la Lotería da el pistoletazo de salida a la Navidad. Los sueños que nos han acompañado desde que compramos nuestros décimos pueden tener ese empujón económico que necesitamos, pero está claro que las probabilidades son muy pocas. Menos mal que de ilusión también se vive. 

Precisamente, si hablamos de vivir estamos atravesando una época muy dura. “El Gordo” llenará de euforia a los agraciados pero todos tenemos que estar pendiente del verdadero gordo que nos acompaña día a día. La salud es fundamental y la pandemia nos ha enseñado a valorarla aún más. Con ella puedes pelear por cumplir esos sueños que te desvelan. Sin ella poco se puede hacer porque cuando ésta se pierde siempre adquiere un gran valor. Un valor que está en alza desde que el coronavirus lo cambió todo. 

Adaptarse a esos cambios también es importante porque la vida no tiene un guion preestablecido. Jugar nuestras cartas es nuestra mejor opción, aunque el destino también pone de su parte. Mañana, el azar juntará un bolita con un número y otra con el mayor premio. Quienes lo tengan abrirán todos los informativos y derrocharán esa felicidad que solo se ve en este día tan señalado. Ahora bien, hay otros “gordos” en la vida. Unos “gordos” que son más importantes que el que sale mañana, de hecho, te pueden cambiar la vida o regalar vida como fue mi caso.

No puedes huir de tu pasado cuando éste está en tu presente. Convives con él y, por eso, intentas centrarte en lo positivo. De hecho, el destino ha querido que recientemente ese pasado me haya recordado lecciones que tenía algo nubladas. Obviamente, la principal es que “aún tengo la vida” y si a eso me aferré hace quince años no lo puedo soltar ahora. Aquel donante lo cambió todo. Ese “gordo” es el mejor premio que me ha dado la vida. Gracias a él he podido celebrar, de momento, quince navidades. Por eso, aunque comienza una época de nostalgia por los que no están en la que los sentimientos están, en muchos casos, a flor de piel hay que brindar con las personas que quieres por la salud y por un futuro cargado de ilusión. A mi “gordo” le debo sonreír todos los días por la vida que me ha dado. Una vida que me enseñó a elegir lo que me hace feliz. El futuro siempre es incierto pero es de valientes afrontar lo desconocido. Decía el filósofo alemán, Friedrich Nietzsche: “Solamente aquel que construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado”. Del pasado me quedo con todo aquello me ha hecho ser la persona que soy hoy en día. Me enseñó a ser fuerte, a ser resiliente, a ser positiva, a luchar por lo que quiero y, por supuesto, a celebrar cada Navidad. “El gordo” lo cambió todo. Vivo el presente y ahora este presente tiene villancicos como banda sonora, luces por doquier, dulces que cumplen con las tradiciones y muchos momentos por disfrutar. 

Es tiempo de celebrar la Navidad. Es nuestro ahora y el ahora en un suspiro es pasado. Cada uno es autor de su historia, yo la mía la quiero escribir de tal manera que si tengo que releerla sea capaz de sacar una sonrisa. Esto depende de mí. Todo es cuestión de actitud. Así es la vida.

¡FELIZ NAVIDAD!

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

REGALAR MOMENTOS

Seis días y bajando. La cuenta atrás para la Navidad está en la recta final y con ella muchos están preocupados de los preparativos. Unos preparativos que incluyen en algunos casos los famosos test de antígenos. Como todo en la vida éstos tienen a sus partidarios y a sus detractores, pero hay quienes valoran la prevención en esta época de reuniones. Una reuniones que conllevan no solo el riesgo de contagio que ven algunos, sino la oportunidad de vivir momentos inolvidables con las personas que más nos importan. Esos recuerdos pueden ser la mejor inyección de ánimo y moral a quienes la fatiga pandémica les está pasando factura. Un soplo de aire nuevo siempre sienta bien y un buen abrazo lo puede cambiar todo. La precaución no está de más pero el sentido común es el mejor aliado para afrontar estos días tan entrañables. 

Como entrañable es la ilusión que transmiten los más pequeños. Ellos son el motor de ese espíritu navideño que lo envuelve todo. La inocencia es lo que tiene y a pesar de que los adultos vivamos rodeados de preocupaciones, también por cuestión de salud, es bueno dejarlas de lado y recuperar a ese niño que todos llevamos dentro. Es cierto que el mejor regalo es poder estar con los tuyos en estas fechas. Por eso, ya que hace un año soñábamos con disfrutar de esta Navidad con la mayor normalidad posible, no hay que dejar escapar la oportunidad que tanto anhelábamos. 

Anhelar momentos o sueños es bueno ya que son un buen motor para “tirar para adelante” en los momentos más complicados. Todo pasa. El tiempo, aunque en las malas parece que se ralentiza, en el futuro, el doloroso pasado será un mero recuerdo que no duró tanto. La perspectiva lo cambia todo y la situación también. Lo que ahora nos desborda, más adelante será una nimiedad. Eso sí, lo que no puede faltar es la actitud con la que afrontamos ese todo. 

Una actitud que en estos momentos pasa por decorar las casas, poner el Belén y el árbol y si es preciso cantarse algún que otro villancico porque el mítico “All I want for Christmas is you” de Mariah Carey o “El tamborilero” de Raphael han vuelto a casa por Navidad. De hecho, cada vez hay más cantantes que se animan a sacar un villancico en estas fechas. Eso sí, los populares siempre estarán en los recuerdos de quienes siendo unos niños “taladrábamos” a nuestra familia con “Los peces en el río” o “Ande, ande, ande la marimorena”, entre otros. Quizás, después de todo lo que hemos vivido desde marzo del 2020, sea un buen momento para sacar la zambomba y darle a la vida la alegría que el virus nos quitó. Está siendo una etapa muy dura, pero no podemos permitir que este bicho y sus mutaciones nos roben más experiencias. 

En definitiva, todavía estamos a tiempo de escribir la carta a Papa Noel y a los Reyes Magos y pedir esos recuerdos que están por venir… Tenemos mucho tiempo para construirlos… Pongámonos manos a la obra. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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