México está en su mes más patrio. Quedan pocos días para los festejos y desde Madrid mi corazón se une a la fiesta del país que hace unos cuantos años me abrió sus puertas y desde entonces ocupa un lugar muy especial en mi vida. Sin duda, es un país maravilloso con gente estupenda y es cierto que las noticias que muchas veces nos llegan no reflejan lo mejor del país azteca. Ahora bien, quien ha tenido la fortuna de vivirlo sabe que México es mucho más que sus titulares. Es un destino que sorprende, que enseña, que transforma. A mí, me permitió descubrir paisajes únicos, sumergirme en una cultura fascinante, y, sobre todo, encontrarme conmigo misma.
Lógicamente, estar a más de nueve mil kilómetros de distancia de mi casa no fue fácil porque cuando los tuyos están al otro lado del charco la nostalgia puede pesar demasiado. Sin embargo, también hay lugares donde, sin esperarlo, te encuentras con personas que te tienden la mano, que te ofrecen amistad sincera y te hacen sentir parte de algo. Así fue como, entre calles, sabores y voces mexicanas, llegué a sentirme como una más.
Por eso, además de celebrar a mi México, lindo y querido, también brindo por los treinta y cinco años que cumple EL VALLE. Allí tuve la oportunidad de formar parte de una gran familia periodística gracias a Pepe Nader. Aunque han pasado los años, nuestra amistad se ha vuelto inquebrantable. Sus cimientos son sólidos, y nuestra pasión compartida por el periodismo es el ingrediente que hace que nuestros vínculos sean perennes.
En EL VALLE está la esencia del periodismo y puedo asegurar que ésta sigue muy viva. Solo hace falta defenderla frente a quienes intentan apagarla. Su director, Pepe Nader, lo demuestra con hechos. Día tras día, su columna refleja una voz firme, sin censura. Puede gustar o no, pero su opinión está guiada por la realidad, y en sus palabras radica la libertad. Todos sabemos que el buen periodismo incomoda, y ejercerlo en un país donde ser periodista puede costarte la vida, requiere algo más que vocación: requiere coraje y valentía.
Sin duda, México fue un punto de inflexión en mi vida. Representó un “después” lleno de significado en muchos aspectos. Al final, la vida está hecha de aventuras y ésta fue muy especial. El escritor canadiense Robin Sharma dice: “A casi todos nos da miedo lo desconocido. No debería ser así. Lo desconocido no es más que el comienzo de una aventura, una oportunidad de crecer.” Y tiene toda la razón.
Ahora es el momento de festejar, por eso, con la añoranza de no abrazar a mi “segunda familia” y la ilusión de volver a encontrarnos, querido Pepe, te espero pronto por acá, envío mi felicitación más sincera a todos los que hacen posible EL VALLE. Porque ni nueve mil kilómetros de distancia pueden borrar los sentimientos de este corazoncito mexicano que presume, con orgullo, de tener una columna donde “las noticias se hacen periódico”.
Las celebraciones por la Hispanidad ya han comenzado y mientras la presidenta de México se empeña, sin sentido, en una petición de perdón; en Madrid, México ha sido el país invitado a dichos festejos. La diversidad, el mestizaje y la unión de culturas ha quedado retratada en el Desfile conmemorativo del pasado sábado por la calles del centro de la capital. Disfrutar de la fiesta, la alegría, la música y las tradiciones siempre es enriquecedor. Las catrinas pasaron luciendo muy orgullosas por la Gran Vía. Ya queda menos para que México rinda homenaje a los muertos como una festividad digna de ser vivida porque la grandeza de sus altares no hay palabras que las describan.
Dice el lema de este año que en Madrid caben todos los acentos. Es cierto que la capital de España es una ciudad muy acogedora y en ella hay una multiculturalidad que se ve a diario por sus calles. Sin embargo, estos días se festeja la Hispanidad cuyo día siempre estará marcado en el calendario en el 12 de octubre, pero ya se sabe, también, que cuando hay que organizar una fiesta, eso a los españoles no se nos da nada mal y cuando en ésta se junta todo el folklore hispano la diversión está más que asegurada. Por eso, con ese espíritu que reina en el ambiente, la reciente nombrada presidenta de México no es quien para empañar la unión de dos pueblos que están hermanados desde hace mucho tiempo. Es cierto que la ignorancia es atrevida y no le vendría nada mal leer a las señora Sheinbaum un poco de historia. Quizás cambie de opinión y deje de lado una leyenda negra que está intentado propagar únicamente con fines políticos. Tiene un sexenio por delante para indagar en la historia de México y como presidenta del país no le vendría nada mal.
Dejando al margen la política y la polémica, ahora de lo que se trata es de disfrutar. México siempre será especial para mí. Allí conocí a grandes amigos y aunque nos separan más de nueve mil kilómetros de distancia, ésta no ha sido capaz, ni lo será, de romper los lazos que nos unen. El tiempo ha querido que este año me haya reencontrado con muchos de ellos y eso ha fortalecido nuestra amistad. La vida nos juntó y, por eso, siempre tenemos momentos para brindar. Podemos festejar la Hispanidad, pero la amistad siempre está por encima de los días señalados. Eso sí, el próximo sábado, aquí, es fiesta nacional.
Madrid se ha volcado un año más con la Hispanidad. Hay un programa con todo lo que ha organizado. Manuel Turizo llenó el pasado domingo la calle Alcalá. La organización del concierto ha dejado mucho que desear para un público que se quedó sin poder disfrutar de su artista favorito. Por delante quedan, entre otros, Diego Torres o Los Sabandeños. Si las lluvias no lo impiden habrá que poner el broche final con ellos el próximo fin de semana. Eso sí, nunca hay que olvidar que ante todo, como bien canta el argentino, hay que pintar todo de color esperanza. Solo así sabremos sonreír ante lo inesperado o ante la ignorancia de quien quiere que todo sea de otro color.
Poco a poco vamos encarrilando el mes de septiembre. Volver a la rutina no siempre es fácil, pero como lo mejor es buscar el lado positivo de las cosas, hay que mirar al porvenir con una sonrisa. Septiembre es también un mes con muchas celebraciones. En diferentes puntos de la geografía española están festejando a sus patrones. La música seguro que no falta y la diversión está más que garantizada, por eso, al ritmo de verbenas siempre se lleva mejor los comienzos de este mes.
Si de festejar hablamos, está claro que no me puedo olvidar, porque mi corazón así me lo indica, que para México es su mes más patrio. En apenas unos días los festejos se iniciarán como marcan las tradiciones. Obviamente, me uno a ellas porque “a nueve mil kilómetros de distancia” me dieron la oportunidad de formar parte de una gran familia periodística, de sentirme como una mexicana más y, aunque han pasado los años, esa amistad se ha vuelto inquebrantable. Sus cimientos son muy sólidos y, además, nuestra pasión por el periodismo pone la guinda a este maravilloso pastel. ‘El Valle’ también celebra este mes su aniversario, y habrá, por supuesto, que soplar por sus treinta y cuatro años. Allí me di cuenta todavía de que la esencia del periodismo está viva, sólo hay defenderla ante quien quiere acabar con ella. Su director, Pepe Nader, predica con el ejemplo. Cada día en su columna escribe sin pelos en la lengua. No importa si incomoda o no, pero la realidad es la que le dicta su opinión. Es cierto que la puedes compartir o no, pero la libertad nace en sus palabras. El periodismo incomoda y ejercerlo en un país que es líder en los asesinatos de periodistas tiene un valor extra llamado: coraje y valentía.
Por eso, nunca olvidaré esa oportunidad que me llegó estando muy lejos de mi casa. Dicen que en la vida todo pasa por algo y quizás sea cierto porque tanto lo bueno como lo malo nos va forjando nuestra forma ser, nuestro carácter y, por supuesto, va marcando nuestro camino. Precisamente, en mi camino por tierra mexicanas tuve muchas ocasiones en las que crecí como persona. También, volví a ejercer la profesión que ha sido mi vocación desde niña. Por eso, este mes toca celebrar los años que cumple ‘El Valle’. Estaré lejos de esa redacción, de esos amigos que brindarán por muchos años más, pero la distancia no puede impedir que mi mente me llevé hasta allí para abrazar a todos ellos y para agradecer a Pepe y a Sergio Nader que sigan contando conmigo.
La verdadera amistad traspasa fronteras y el tiempo tampoco puede con ella, porque lo importante y puro siempre prevalece. El destino quiso que los “nueve mil kilómetros de distancia” se acortaran tanto y se redujeran a cero en la mítica Puerta del Sol de Madrid. Allí nos vimos y allí nos reencontramos. Fueron muchos recuerdos los que nos vinieron a la mente. El tiempo es relativo y, a pesar de los años transcurridos, fue como si nos viéramos a diario. Vivir el momento y disfrutarlo es fundamental. Por eso, brindemos, como hizo mi querida Victoria, por todo lo que nos ha unido y por la salud.
Asimismo, estoy convencida y seguro que mi querido Pepe también, que nos quedan muchas experiencias por vivir y muchas historias por contar. Lo que está claro es que hay que ir paso a paso y disfrutar cada momento. Estos son oportunidades que se nos presentan día a día de diferentes maneras. La vida en sí misma nos brinda a diario veinticuatro horas únicas e irrepetibles.
México marcó un antes y un después en mí. Un después maravilloso que significa mucho. La vida está llena de aventuras…Dice el escritor canadiense Robin Sharma: “A casi todos nos da miedo lo desconocido. No debería ser así. Lo desconocido no es más que el comienzo de una aventura, una oportunidad de crecer.”
“Es un personaje históricamente muy castigado. Creo que ella no ha tenido el sitio que se merece en la historia de México, ni del mundo. Se le considera una traidora, por eso, la carga energética que trae consigo es importante. A mí lo que más me importa es que ella como personaje y como mujer tenga el espacio que se merece”. Así es como habla Andrea Bayardo de Malinche. No duda en afirmar que es “un reto importantísimo” para ella y, además, destaca que “Malinche fue una mujer esclava que hizo lo que pudo, en el contexto en el que estaba, con las herramientas que tuvo y que fue suficientemente paciente e inteligente para salir adelante en su tiempo”.
Un tiempo que nos muestra a la perfección Nacho Cano en su musical. Un musical que ha tardado, precisamente, demasiado tiempo en ser una realidad. En él hay muchas horas de esfuerzo y eso se nota. Nacho Cano es un trabajador nato y una persona con un talento único. Para Andrea Bayardo, trabajar con él “es una aventura”, pero destaca que es “una aventura maravillosa porque es un ser humano muy creativo, muy testarudo” aunque esto, con una sonrisa, lo dice “para bien”. Es más, y con una mirada de admiración, reitera que “es alguien que cuando quiere hacer las cosas, las hace y las defiende hasta el final y eso es algo que siempre voy a admirar de él. Alguien que tenga la fuerza de llevar adelante sus ideas y de conseguir que la gente crea en ellas y apueste por ellas.” Además, “hay que ser muy flexibles para trabajar con Nacho dentro del positivismo que eso conlleva, es decir, hay que ser positivo para seguir creando sobre la marcha porque para él, el arte es un “working progress” constante. No está terminado nunca nada y eso es un reto como artista porque hay que salir de tu zona de confort”, puntualiza. Por eso, si esta mexicana cuando supo que iba a ser Malinche vivió “un momento muy especial”, tiene bien claro que de Nacho Cano quiere aprender de “esa fuerza” para sus propios proyectos y para su vida.
Sin duda, interpretar a Malinche le va a dar esa fuerza que ella ya derrocha por naturaleza. Se nota que sobre las tablas disfruta mucho y brilla porque no deja indiferente a nadie. Es consciente de que su personaje es muy controvertido, pero lo acepta. Sabe que “cada día el público siempre es distinto”, de hecho, asegura: “Yo, como Malinche, tengo que estar muy preparada para recibir eso, para bien y para mal. Esto, a nivel emocional y a nivel técnico, hace que sea un personaje hiper difícil. Además, la obra es subir y bajar de pirámides, entrar a piscinas, cambiar de vestuario cada vez que sales y hacer un entrenamiento vocal muy específico, porque es una partitura muy aguda y muy al estilo de Nacho Cano, todo con aire, todo con intervalos super largos”. Aun así, no hay nada que se le resista a Andrea Bayardo. Ella misma reconoce: “Técnicamente, me ha retado lo más grande para poder encarnar este personaje con la fuerza que tiene y con la complejidad técnica que hay”. Pues, como humilde espectadora, créeme que superas este reto con creces.
Se nota que el teatro musical le apasiona y es cierto que si le mencionas “soy puro americano, mexicano, español” te dice: “Es algo muy especial porque es una frase muy integradora y creo que ese es el objetivo central de este proyecto”. Es más, con mucha satisfacción recuerda que ella es una persona con ancestros franceses, españoles, árabes e indígenas. Por eso, destaca: “Yo más que mucha gente sé lo que es integrar todas esas raíces y sentirte orgullosa de cada una de ellas”.
Eso sí, si nos centramos en las canciones y en las letras que se cantan en el musical, Andrea Bayardo, Malinche, lo tiene claro a la hora de elegir. Esta mexicana, de Guadalajara, es consciente de que cuando canta “México, grande, libre” se llena tanto energéticamente como espiritualmente. Dice: “Es algo que siento todos los días que necesito enviar a mi país. Es como una energía que yo la vivo con un montón de orgullo a pesar de todos los pesares y siempre quiero que ese mensaje sea el que más resuene: Que México es un país grande, hermoso, libre y mágico”.
Obviamente, los que amamos ese país sentimos que el corazón nos bombea de una manera diferente cuando escuchamos esa canción. Una canción que une y a su vez te hace extrañar al país azteca. Andrea confiesa que al menos va allí una vez al año, aunque siempre que puede vuelve a su tierra. Allí está su familia, sus amigos, sus raíces, su gente. Lleva en España siete años y renunció a muchas cosas por cumplir los sueños.
Es normal que se le ilumine la cara cuando habla de su Guadalajara natal, pero es feliz en Madrid. Su día a día, al margen de Malinche, es de lo más intenso. Reconoce que comienza a hacerse un sitio porque manifiesta: “Empiezo a tener diferentes oportunidades y estoy creciendo como artista y como persona”. Es más, está preparando un proyecto para Movistar Plus. Será Celeste en una serie que se titula igual. No todo es la interpretación en la vida de Andrea. Sin música no puede vivir y a ella le dedica parte de su tiempo. Compone, produce y está a punto de ver la luz su primer álbum. Un álbum que, por cómo habla de él, le pellizca mucho el corazón y no es para menos. De momento, podemos escuchar temas como “Lo Fácil”, “Que te vaya bien”, “Lo que no tengo” o “Malo”, pero pronto “Raicilla” será una realidad y en él nos vamos a encontrar el alma entera de Andrea Bayardo. Su nombre nos explica que “viene de una bebida alcohólica muy parecida al mezcal que solo se hace en Jalisco. Solo se le puede llamar raicilla a ese destilado de agave que se da en Jalisco, que es mi tierra. Me pareció una palabra muy bonita porque evoca a raíz y, además, es una bebida de mi casa.” Asimismo, en el disco hay una canción con ese nombre que aclara: “Habla precisamente de ser migrante y de cómo incluso estando lejos siempre tienes una sensación de estar ahí y que la nostalgia cuando tú te vas de tu casa se vuelve tu mejor amiga”.
En definitiva, en “Raicilla” nos encontraremos todo lo que ha marcado a Andrea Bayardo. En él, nos explica “se fusiona tanto mi historia personal como mi historia sentimental, familiar, como toda la influencia musical y geográfica a la que me he visto expuesta desde que decidí irme”. Es cierto que está lejos de Jalisco, pero sigue siendo muy fan del mariachi. Un sueño cumplido fue interpretar en la mítica Puerta del Sol de Madrid, con el Mariachi Vargas, “México Mágico”. Afirma con una sonrisa de oreja a oreja: “Es un mariachi que yo admiro desde niña. Es el mariachi con mayúsculas. Yo canto mariachi desde los seis años y cantar con el Vargas…” Esos puntos suspensivos los deja en el aire Andrea porque es lo que le produce ver como los sueños se convierten en realidad.
Soñar forma parte de la vida, le gustaría hacer muchos duetos y ojalá te veamos cantar, por ejemplo, con Jenny and The Mexicans, David Aguilar o María Campos, entre otros. Es complicado que lo hagas con Juan Gabriel, a quien admiras, o con Rocío Dúrcal, porque ya no están; pero sus temas son eternos en el tiempo. Sé que nunca te cansas de escuchar a Lola Beltrán, pero es verdad que me gustaría verte cantar sobre un escenario no solo “Raicilla” sino “México lindo y querido”, “La Tequilera”, “Paloma Negra”, “Cucurrucucú Paloma” o “Te solté la rienda”.
Todos sabemos que sin música la vida sería un error. Como definición para la vida, no está nada mal. Si de definiciones hablamos, Andrea Bayardo se califica en términos argentinos como una persona “manija”. Tiene mucha energía y siempre está haciendo cosas. Es ambiciosa en el buen sentido de la palabra. Es conciliadora y diplomática. Le gusta siempre ver el lado bueno de las cosas. Quizás, su impaciencia sea su punto débil. Me voy a permitir añadir que Andrea Bayardo es una mujer que sabe lo que quiere y que pelea por lo que le hace feliz. Su eterna sonrisa es contagiosa. Ella igual no lo sabe, pero sí lo notamos los que hemos estado cerca de ella. Cree que es muy importante el diálogo interno y los mensajes que mandamos a nuestro cerebro, y no le falta razón. En la vida tiene que haber esa conexión interna y externa. Ese no es su lema de vida, pero sí la forma con la que afronta su rutina como Andrea y como Malinche.
A estas alturas, el tiempo ha volado y ya nos queda poco del agua de Jamaica que tanto nos gusta a las dos. También le he confesado a Andrea lo que México significa para mí, pero sin duda, nadie mejor que ella para invitar a los españoles a visitar su país. Y a los que pueden tener miedo a la inseguridad que se vive al otro lado del charco les dice: “México es un país riquísimo en tantas cosas… Yo tengo familia desde el norte hasta el sur y lo conozco casi entero y necesito que la gente lo conozca como yo. La mejor manera de conocerlo es a través de la gente buena, que es muchísima más que la gente mala. La gente buena te va a recibir con una sonrisa, con comida deliciosa y llevándote a conocer la naturaleza impresionante que está en cualquier rincón de mi país. Puedes tener desde una ciudad muy cosmopolita, con todas las facilidades, entretenimientos, lujos del mundo, como es la Ciudad de México; a lugares super espirituales, ancestrales, naturales, como Yucatán, Oaxaca, algo más tradicional con lo que hay en mi ciudad: Guadalajara. México es muchísimo más que las malas noticias. México es gente buena y naturaleza hermosa”.
Simplemente, no se puede añadir más. Ella, mejor que nadie, ha descrito su tierra. La nostalgia puede ser suspiros, su raicilla, pero lo dice de corazón y las palabras que este dicta no pueden ser cuestionadas.
Andrea Bayardo es Malinche bajo la dirección de Nacho Cano, pero Andrea Bayardo es mucho más. Con permiso de Nacho Cano, puedo decir que su Malinche, llamada Andrea, lucha por ser quien es, porque la vida es su pasión y quiere de ella no solo ser feliz, sino disfrutar en todo momento con lo que hace. Proyectos no le faltan a Andrea Bayardo e ilusión y tenacidad tampoco. Ahí está el principio del éxito, pero lo más importante de todo es su humildad, su amabilidad y su cordialidad. Esos valores hacen que esta “Malinche” luche por seguir cumpliendo sueños, unos sueños que espero podamos disfrutar todos a cada lado del charco.
Toda fiesta va vinculada a un dulce y ahora estamos en la época de los buñuelos y los huesos de santo. Por eso es un buen momento para meterse en la cocina y con el delantal puesto ponerse manos a la obra. Delante de mí tengo harina, azúcar, mantequilla, huevos y el resto de los ingredientes pero esta vez los dulces españoles van a ser sustituidos por el tradicional pan de muerto mexicano. Un dulce que está vinculado con uno de los días más internacionales que tiene México.
Es cierto que el tiempo pasa pero los recuerdos permanecen y, por eso, me apetece volver a México a través de sus tradiciones, sin olvidar por supuesto que estamos en la época también de Don Juan. Festejar el Día de Muertos es rendir un homenaje a quienes ya nos están con nosotros pero que nos han marcado de una manera o de otra. El tiempo pasa, las cosas cambian pero los recuerdos no se olvidan. Hace años era mi abuela la que traía siempre los huesos de santo, tan queridos por unos y tan odiados por otros. Siempre he sido más de buñuelos pero su ilusión al llegar a casa con una cajita de su dulce favorito bien merecía hacer el esfuerzo y comerse uno. Los recuerdos siempre vuelven o como decía Cicerón: “La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos”.
Una memoria que se rinde en los altares del Día de Muertos. Una fiesta que hace años, en Francia, fue declarada por la UNESCO como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. Sin duda, esta festividad es “…una de las representaciones más relevantes del patrimonio vivo de México y del mundo…” Tuve la suerte de vivirla en tierras aztecas y he de reconocer que te marca un antes y un después. La UNESCO afirmó que “ese encuentro anual entre las personas que la celebran y sus antepasados desempeña una función social que recuerda el lugar del individuo en el seno del grupo y contribuye a la afirmación de la identidad…”
Es cierto que a este lado del charco como al otro los difuntos son honrados por las familias. La ausencia siempre se va a notar pero aprender a vivir con ella es los que nos toca a los que estamos vivos. Con esos recuerdos unos visitamos los cementerios y otros construyen los míticos altares. Los primeros se llenan de lágrimas, de flores y de sentimientos en un día en el que el negro del luto por la pérdida cambia de color. En México, la protagonista es la flor de Cempasúchitl que, además de ser el símbolo del resplandor del sol, significa que la persona no ha sido olvidada. Una flor que tiñe todo de naranja. Un color que no es de Halloween y que simboliza mucho más que las calabazas.
Lo cierto es que no hace falta que sea noviembre para echar de menos a los que no están porque ya escribió el historiador francés Lamartine: “A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd.”
Aunque no será hasta el jueves cuando se celebre oficialmente el día de la Hispanidad, los actos festivos ya han comenzado en Madrid. La unión entre culturas estrecha, más que nunca, sus lazos estos días. No es tan complicado ver los vínculos que nos unen aunque el Atlántico nos separe. La Hispanidad ofrece muchas culturas de las que todos nos podemos enriquecer. Es importante valorar las tradiciones, la gastronomía, la música, los bailes… y todo lo que envuelve la Hispanidad.
Aprender nunca está demás y abrir los horizontes personales enriquece mucho. Nunca podré olvidar todo lo que México me enseñó. Allí, a nueve mil kilómetros de mi hogar, encontré otro. Los cambios siempre nos enseñan y hay que valorar con la mente muy abierta lo que otras culturas nos pueden ofrecer. Llegué al país azteca conociendo perfectamente los tópicos que todos conocemos de él, pero con el paso de los días y los meses fui convirtiéndome en una mexicana más. Aquella experiencia fue inolvidable y aunque hace muchos años de aquello y no he regresado por allí, los recuerdos siguen perennes en mi mente. Hay tradiciones que sigo cumpliendo y, por ejemplo ya espero con ganas poder disfrutar de un pan de muerto como manda la tradición. México es mucho más que el picante aunque éste sea lo que lo abandera. México tiene una riqueza ambiental, gastronómica, cultural y, por supuesto, lingüística que no te dejan indiferente.
Es cierto que estoy hablando de México porque me robó el corazón, pero en unos días será el colombiano, Carlos Vives, el que protagonice el concierto más esperado de esta Hispanidad. Confieso que me gusta su música y que he tenido la ocasión de verle de gira por España más de una vez. Aquí también tiene su público. Un público que espera con ganas moverse al ritmo de sus vallenatos. El entorno no puede ser mejor. La Puerta de Alcalá y sus aledaños acogerán al colombiano y a todos los que se acerquen hasta allí sin importar el acento que tengan.
Si de acentos hablamos todos son bienvenidos. Es cierto que esta semana cobran más protagonismo, pero lo justo es que el resto del año todos convivan sin importar la entonación al hablar o las expresiones regionales. La integración tiene que ser la bandera que rija la sociedad porque sin ella la Hispanidad será solo una festividad en el calendario.
Un calendario que nos muestra lo que vamos viviendo y que nos dice lo que está por venir, pero en ningún momento nos indica cómo tenemos que disfrutar los días venideros. Por eso, sigamos festejando los días porque ahí radica la vida. No podemos pedir más, la vida no entiende de acentos.
Semana de fiesta para México. Ese país que me abrió sus puertas hace unos años y el que ocupa una parte de mi corazón. Es verdad que las noticias que nos llegan del país azteca a este lado del charco nunca son buenas generalizando, pero a nueve mil kilómetros de Madrid hay un destino que brinda la oportunidad de conocer lugares maravillosos, aprender costumbres de otras culturas e incluso te conoces a ti mismo. Al menos, eso me sucedió a mí. Fueron muchos los días que pasé extrañando a mi país pero sintiéndome, a la vez, como una mexicana más.
La distancia no siempre se lleva bien. El Atlántico puede ser eterno pero lo bueno es encontrar en el destino a personas que sin conocerte mucho te brindan oportunidades y te ofrecen su amistad. Es preciso celebrar el día grande de México como se merece porque hay algo que me dice que así lo tengo que hacer y además, no solo es México es EL VALLE también el que festeja su aniversario.
Un aniversario que me llena de alegría porque gracias a Pepe Nader y a su hermano, Sergio, tengo un hueco que me sigue vinculando a México y, por supuesto, que me blinda esa amistad que nació hace muchos años. Si hablamos de periodismo, EL VALLE es un buen ejemplo. Mantener la esencia del que como dijo Gabriel García Márquez “es el mejor oficio del mundo” no siempre es fácil. Todos sabemos que las presiones externas existen y cada vez más, pero siempre hay alguien que resiste. Esa resistencia, para mí, es el periodista de vocación. El que valora el periodismo desde su esencia. No estaría de más hacer un repaso de las grandes películas que el cine nos ha dado para recordar lo que de verdad importa. Es cierto que con el paso del tiempo y el avance de las tecnologías nada es como es antes, pero si antes se juntaban los tipos para crear textos y contar la verdad; ahora que es mucho más fácil juntar y corregir esos textos, hay “otros factores” que lo impiden. No seré yo quien los analice porque creo que están claros, lo que sí tengo claro son mis principios y esos no los cambio por nada.
Y hablando de cambios, México sí que los necesita pero EL VALLE sólo puede ir a mejor. La base es sólida y se adapta al destino y lo que éste nos depare. Es de justicia decir que extraño ver a quienes forman esa redacción y una buena plática con el director. Estoy convencida de que ese destino que juega las cartas, en una baza me dará la oportunidad de conjugar el verbo “extrañar” en pretérito. Mi particular cuenta atrás ha comenzado, mientras tanto, vayan desde Madrid mis felicitaciones para todos y mi agradecimiento a EL VALLE. Nueve mil kilómetros de distancia no pueden acabar con los sentimientos de este corazoncito mexicano que presume de tener una columna donde “las noticias se hacen periódico”.
A las puertas del verano y con un calor propio de la época, Madrid esperaba con ansias al artista mexicano que llevaba cinco años sin venir por España. Él dijo que nos han pasado muchas cosas en este tiempo. Ha sido una pesadilla lo que hemos vivido, pero sus fans estaban esperando la cita para reencontrarse con el artista. Bajo la atenta mirada de su madre y con un WiZink Center lleno hasta la bandera, Alejandro Fernández no defraudó.
El reloj marcaba las nueve y media de la noche y como buen mexicano se hizo de rogar. “Ahorita empieza” se escuchaba entre el público y los que sabemos el verdadero significado del “ahorita” mexicano sabíamos que la hora tenía ese matiz de esperada. Eso, en definitiva, fue lo de menos porque por delante teníamos dos horas y media de concierto para disfrutar del talento de este gran artista. Arrancó su gira “Amor y Patria” con la canción “Tantita Pena” que puso al público en pie recibiéndole entre aplausos. La espera ya era lo de menos, porque desde el momento en el que sonaron los primeros acordes, lo que importaba era disfrutar de lo que “El Potrillo” y su equipo nos tenían preparado.
El cóctel de canciones entre el pop y mariachi fueron embriagándonos a todos de una emoción que se iba notando a medida que pasaba la noche. Las banderas mexicanas no faltaron porque, sin duda, Alejandro Fernández es el alma de este país. Es más, toda Hispanoamérica estaba representada en los asientos y en la pista del Palacio de Deportes de la capital. Eso sí, el mexicano no dudó en abrazar la bandera de España sobre el escenario porque sabe que aquí es tan querido como al otro lado del charco.
Sus canciones fueron emocionándonos a todos. Recorrió las de su último disco pero no faltaron los clásicos que rindieron al público a sus pies. “Canta Corazón», “Me dediqué a perderte”, “Se me va la voz”, “Se que te duele”, “Hoy tengo ganas de ti”, “Abrázame”,“Mátalas”… y así una lista de canciones que culminaron con un gran homenaje a su padre, Vicente Fernández. Por supuesto, con el corazón en un puño “El Rey” sigue siendo el rey haya donde esté.
“Quiero que vuelvas” es algo más que un tema. Es una petición propia de que ya estoy restando días para el próximo concierto en Madrid. México significa mucho para mí. En tierras aztecas viví una temporada que me marcó y me enseñó grandes lecciones vida. Allá dejé a grandes amigos y el paso del tiempo y la distancia no ha conseguido romper esos lazos. Más pronto que tarde estoy segura de que nos volveremos a encontrar. De momento, el culpable de emocionar y remover todos esos grandes recuerdos tiene nombre y apellido: Alejandro Fernández. No es un reproche, es mi gratitud por conseguir que me olvidara del presente, y despertar esa parte de mi corazoncito mexicano que tanta vida me da.
En definitiva, querido Alejandro, la espera ha merecido la pena, pero que no pasen otros cinco años. Este “ahorita” sí que se nos ha ido de madre en el tiempo como dirían allá. Por eso, espero que quieras pronto “volver, volver” tal y como cantaste el pasado sábado en Madrid. Gracias por acercarme a mi gente mexicana a través de la música. Un gran hilo conector que, sin duda, cruzó el charco desde que sonaron los primeros acordes. Ahora, con la resaca del concierto, y ya que no la cantó Alejandro Fernández, lo hago yo aunque no estoy a la altura, pero sí me llena de sentimientos cuando hablo o canto a mi México, lindo y querido…
Hace un tiempo que cayó en mis manos un libro que me fascinó. Su título me trasladaba a un país por el que tengo debilidad. “Azteca” de Gary Jennigs se adentra en la historia de México de una manera que atrapa al lector y le traslada a la época de los rituales, de las creencias y, por supuesto, a la llegada de Hernan Cortés y Malinche. Reconozco que la vida de esta mujer marcó un antes y un después, pero me llamó la atención el papel tan importante que jugó y del que tan poco se ha hablado.
Casualmente, el tiempo ha querido que Malinche sea también el nombre de un musical que pone al público en pie. Por México tengo debilidad y durante la función me acordé de los muchos recuerdos que tengo vinculados al país azteca. Obviamente, disfruté de la creación de Nacho Cano. Su talento y el de todo el elenco es palpable desde que sube el telón. Un telón que ves, por primera vez, tras pasar por el Templo Canalla. Ahí comienza un viaje por México y su gastronomía que dará paso a la cultura en estado puro con el toque que Nacho Cano da a todos sus trabajos.
El sol y la luna no pueden faltar en una puesta en escena que deslumbra por su potencial y que emula perfectamente lo que muchos hemos visto en México. Un México que como dice la canción es “grande, libre, mágico, nuestro mundo”. La interpretación de Malinche es espectacular y la del resto de sus compañeros también. Trasladan sentimientos, provocan risas y ponen los pelos de punta en más de un baile, pero no desvelaré más porque lo importante es acercarse hasta Ifema y vivir la experiencia en primera persona. Merece mucho la pena hacer este viaje a México sin salir de Madrid.
Malinche es la esencia viva del encuentro entre culturas y, por supuesto, del mestizaje que tanto nos enriquece y que no hay que cuestionar ni poner prejucios. Sin duda, “luchar por ser quien soy” es una de las frases que marcan esta historia, pero hay muchas más. La vida y la muerte, la noche y el día, en definitiva, la importancia de la naturaleza y las creencias de unos y otros que conjugan a la perfección siempre que haya voluntad de aprender y respetar. Nacho Cano ha estado trabajando en este proyecto muchos años y ha conseguido crear un espectáculo que no te deja indiferente porque la música lleva su particular firma, ésa que muchos reconocen en unos acordes. Además, la historia cuenta con muchos detalles que van sorprendiendo al espectador en las casi tres horas que dura este viaje por la historia de México.
No puedo negar que la nostalgia por este país vino a mí, pero también la alegría que la música te aporta en todo momento. Además, en la víspera del Día De Muertos, los altares no podían faltar. El naranja de la flor de Cempasúchitl es imprescindible al igual que el pan de muertos. No hay detalle que se le escape a Nacho Cano. Vaya desde aquí mi enhorabuena porque Malinche lo tiene todo para pasar a la historia no solo de México, sino de los grandes musicales de los que tanto presume Madrid.
Han pasado muchos meses desde que todo cambiara. De hecho, acabamos de estrenar el mes de marzo y con él recordaremos el día que nos tuvimos que encerrar en casa por miedo a un virus desconocido que se llevaba muchas vidas por delante a diario. Poco a poco y a base de convivir con la incertidumbre de sobrellevar las diferentes olas vamos viendo la luz al final del túnel. No está de más pensar en positivo ya que las secuelas o cicatrices de esta experiencia serán palpables durante un tiempo. Es cierto que todo pasa, pero hay que pasarlo.
La normalidad está llamando a nuestra puerta, por eso, a lo largo de este mes volverán las fiestas tradicionales que tanto se han echado de menos. Los castellonenses anhelan sus fiestas de la Magdalena, los valencianos ya están restando horas para festejar los días grandes de las Fallas aunque las Mascletás ya retumban en Valencia todos los días. Y tras estas fiestas llegarán muchas más si nada lo impide porque necesitamos reírnos ahora más que nunca. Estamos rodeados de malas noticias y aferrarse a aquello que nos haga sonreír y disfrutar es vital para nuestra mente. Se mire por donde se mire necesitamos pasar página, pero no podemos dejar de lado a todos aquellos que huyen de los bombardeos y la muerte en Ucrania. Ellos también se merecen nuestra atención porque es muy duro dejar atrás toda una vida y salir con lo puesto. Las imágenes que nos llegan son desoladoras, pero también nos hemos volcado con la ayuda solidaria. Está claro que el ser humano ha respondido como se esperaba. Ahora bien, lo relacionado con las cuestiones políticas ya no está en nuestras manos. Como tampoco lo está al otro lado del charco donde la impunidad con el asesinato de periodistas es una evidencia. Nueve en México en lo que va de año y solo estamos en marzo. Insisto en la importancia de la libertad de prensa y de expresión. Ir silenciando a los periodistas acabando con sus vidas dice mucho de la situación en la que se vive allí.
Por otra parte, no puedo terminar sin hablar de un día como hoy. A lo largo de los siglos la mujer ha jugado un papel muy importante, bien de protagonista o bien como “pepito grillo” de algún hombre. Ya se sabe que detrás de todo hombre se esconde una gran mujer. La literatura y el cine, por ejemplo, están plagados de heroínas, de luchadoras… Algunas son producto de la imaginación, pero como la realidad siempre supera a la ficción seguro que a lo largo de la vida nos encontramos con nuestra heroína particular, ese ejemplo inspirador a seguir… Él mío lo tengo claro… ¿Y tú?
Estamos en el 2022, las pioneras en reivindicar nuestros derechos tenían muy claros sus objetivos y aunque no esté siendo fácil hay que seguir persiguiéndolos. Eso sí, con convicciones de verdad y no con la tontería con la que están envolviendo esa lucha por la igualdad. La unión hace la fuerza, pero con los valores firmes y no con pancartas de quita y pon. No nos olvidemos que fue en 1977 cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el ocho de marzo como el Día Internacional por los Derechos de la Mujer. Hoy tenemos ese motivo que celebrar, pero no hay que olvidar que el año tiene trescientos sesenta y cinco días. Dijo la escritora estadounidense, Hellen Keller: “No soy la única, pero aún así soy alguien. No puedo hacer todo, pero aún así puedo hacer algo; y justo porque no lo puedo hacer todo, no renunciaré a hacer lo que sí puedo”. Ahí lo dejo…
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