LA ESPERANZA TAMBIÉN SE INVESTIGA

El calendario está marcado día a día y en cada jornada siempre hay algo que conmemorar o recordar. Mañana se celebra el Día Mundial contra el Cáncer y esto nos afecta a todos. Quizás estaría bien no desligar de este color verde esperanza, la investigación. Ésta no debería ser sólo cosa de un día señalado porque sin ciencia no hay avances y sin inversión en investigación el futuro se queda en pausa. Por desgracia, los diagnósticos siguen aumentando y aunque los tratamientos han ido mejorando todavía queda mucho por hacer. Por eso, no se puede bajar la guardia y olvidarse de algo tan importante como el tándem que forman la investigación y la inversión. 

Sin ninguna duda, la investigación ha sido clave para que muchas historias hoy tengan un desenlace distinto. Hace unos días, Mariano Barbacid compartió con toda la sociedad los logros que él y su equipo han conseguido a base de trabajo y constancia. Noticias como esa nos tienen que llenar de alegría porque sus logros son un beneficio para todos. Gracias a los avances y se desarrollan tratamientos que, con el paso del tiempo, han ido mejorando los datos de supervivencia. Es más,  estos hechos nos tendrían que llevar a un momento de reflexión para valorar la importancia de apostar por la ciencia.

En días como el cuatro de febrero, las redes sociales y los medios se llenan de testimonios muy humanos y casi todos coinciden en algo: cuando te diagnostican un cáncer, tu vida cambia para siempre. Pero también es cierto que nunca caminas solo. El personal sanitario vive contigo cada paso, tus mejores días y tus horas más bajas. En mi caso, siempre me sentí arropada por los míos y por quienes estuvieron conmigo en cada ciclo de quimio, y, por supuesto, en el trasplante que lo cambió todo.

Mañana el lazo común que habrá que lucir será el verde, el de la esperanza. Una esperanza que no se pierde ni siquiera en los momentos más duros, porque durante la lucha contra el cáncer también se vive y se sueña. Lo mejor siempre es aferrarse a la vida a pesar de que la incertidumbre lo inunde todo. Las buenas noticias llegan, a veces, cuando menos las esperas, y para que lleguen más a menudo es imprescindible seguir apostando por proyectos de investigación que necesitan recursos para avanzar. Puede que muchas respuestas estén todavía esperando en los laboratorios.

Evidentemente, la sanidad es esencial y la investigación también, porque sin salud poco más importa. El cáncer te enseña a valorar el presente, las pequeñas cosas y los instantes medidos en segundos. El tiempo se vuelve oro mientras luchas, pero también se convierte en una oportunidad para aprender, para reinventarte y para no renunciar a lo que deseas. La vida es dura pero nunca me cansaré de repetir que no me alegraré de haber tenido un cáncer pero sí de todo lo que me ha enseñado. Una reflexión que vuelve a mí cuando surgen dudas pero que me recuerda que estoy viva para seguir disfrutando de lo más valioso que tenemos. 

Por eso, la vida hay que vivirla con los cinco sentidos y con ese sexto que se afina en los peores momentos. Como decía Pau Donés, “vivir es urgente”. Y lo es, porque nunca sabes cuando el guión puede dar un giro inesperado. Al final, ser feliz es lo que cuenta y, a veces, es mejor pedir perdón que permiso. A buen entendedor, pocas palabras bastan.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/02/02/la-esperanza-tambien-se-investiga/

EL NEGATIVO Y EL POSITIVO

El mes de enero ha quedado atrás y con él su temida cuesta entre otras cosas. A veces tengo la sensación de que los primeros treinta y un días del año duran más de lo normal, pero esa percepción es personal y siempre está vinculada a lo que el día a día nos depara. Hoy estamos de estreno y por delante tenemos veintiocho jornadas en los que iremos ganando luz. Si el tiempo lo permite el frío debería ir remitiendo según avancen las semanas. A estas alturas no voy a negar que me gusta el buen tiempo y la llegada de la primavera es el preludio del verano. Aún así, vayamos día a día viendo qué es lo que nos depara el futuro a corto plazo. 

Evidentemente, las ansias de recuperar la normalidad están aumentando. Los datos están desvelando una ligera mejoría pero si pudiéramos medir el hartazgo de las personas estoy convencida de que los valores serían muy altos. No sabemos cuando va a terminar todo esto y esa sensación provoca una bomba de sentimientos que ni nosotros mismos sabemos controlar. Para ella no hay vacuna porque en cualquier momento nuestro carácter puede dar un giro de ciento ochenta grados. Las consecuencias de tanto aguante son cada día más palpables. Hay que reconocer que cada persona es un mundo, pero seguro que muchos coincidimos en que la situación pandémica está siendo muy larga. Las noticias que nos llegan son de todo tipo. Unos días son alentadoras, en cambio, otros son demoledoras. Ese subir y bajar del optimismo al pesimismo también pasa factura. 

Una factura que nos agota mentalmente en la mayoría de los casos. Está claro que hay que seguir viviendo, pero cada persona es libre de elegir cómo lo quiere hacer. No es bueno juzgar cuando alguien prefiere estar más aislado del resto. Sus motivos tendrá, pero la felicidad depende de nosotros mismos y no de los consejos de los demás. Es agotador recibir palabras vacías solo por el hecho de quedar bien. A estas alturas de la pandemia, creo que ya sabemos como gestionarnos a nosotros mismos. Conocemos los consejos que han sido el mantra desde marzo de 2020, pero el escenario ha ido cambiando y el bicho ha tenido diferentes nombres a los que hemos hecho frente a golpe de Antígenos y otras pruebas para controlar su transmisión. En definitiva, se trata de protegernos mutuamente, pero no estamos exentos de contagiarnos en el momento que menos lo esperemos. Ahora tener unos Antígenos es tan básico como tener el Paracetamol, pero es la realidad que hay y a la que no podemos renunciar.  

Obviamente, ya hemos renunciado a muchas cosas en estos dos años como para seguir perdiéndonos momentos que se convertirán en futuros recuerdos. Demos a febrero la oportunidad de dar un giro a la historia. Es el mes mas corto, pero quizás nos sorprenda. La esperanza es lo último que se pierde y yo nunca he renunciado a ella. Reconozco que estoy cansada de todo, pero no por eso voy a tirar la toalla. Con precaución y con ganas de disfrutar doy la bienvenida a un mes que me trae duros recuerdos a los que sabré sobreponerme porque como decía Neruda: “Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.” Y yo, ante todo, quiero ser feliz. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle de México: https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/30324/el-negativo-y-el-positivo

LA IMPORTANCIA DE SONREÍR EN LA ADVERSIDAD

Dejamos atrás el mes de enero con una situación desoladora. En plena tercera ola con la vacunación estancada y sin un plan concreto cuesta ser optimista. Las fuerzas flaquean porque las noticias nos traen, a diario, una de cal y otra de arena. Es difícil entender las restricciones de muchas comunidades cuando las insensateces siguen prevaleciendo. La paciencia tiene un límite y éste ya se está empezando a superar. Aún así no hay que perder la esperanza, por eso, confiemos en que en febrero, al menos, dobleguemos la curva para recuperar una estabilidad que tanto necesitamos. 

También es una necesidad saber ocupar la mente para que ésta no juegue en nuestra contra. Nos piden que nos autoconfinemos y aunque la experiencia del pasado mes de marzo fue muy dura, ahora depende de nuestra responsabilidad individual decidir cómo ayudar a nuestros sanitarios. Distraerse es lo mejor que podemos hacer y, afortunadamente, la tecnología juega a nuestro favor. Unas buenas películas o una serie de infinitas temporadas pueden ser buenas aliadas para conseguir que el tiempo pase, pero leer una novela también. Evadirse de la realidad es una buena terapia para “desintoxicarse” del exceso de datos, de información y de noticias falsas que invaden nuestro duro rutina. Por supuesto, no hay que olvidarse del deporte rey. El fútbol sigue dando grandes momentos a sus aficionados. Hasta los malos resultados consiguen aliviar el estrés en general y, si no que se lo que pregunten a los merengues del Real Madrid que en la Liga no levantan cabeza. Los de Zidane no dejan de sorprenden y se han convertido en la mejor fuente de inspiración de muchos chistes. Todo lo que consiga sacar una sonrisa en tiempos de pandemia es bienvenido. 

Sonreír no siempre es fácil, pero es una necesidad. Hasta las peores noticias hay que asumirlas con una sonrisa cargada de esperanza y optimismo. Al menos a mí me funcionó cuando, tal día como hoy, me dieron la peor noticia de mi vida. No digo que sea fácil de hacer y, por supuesto, de asumir pero el tiempo, aunque pase despacio, va dando respuestas y soluciones a la adversidad. Confieso que borraría del calendario el 2 de febrero de por vida, pero solo puedo sobrellevar el día y pensar que son 24 horas de recuerdos que me acompañarán para siempre. Lo bueno es que cada mañana sale el sol y te recarga la energía que en un día puedes perder. 

Y perder, precisamente, no es lo que más me gusta. De ahí que gané la batalla y, estoy convencida que esta pandemia entre todos la superaremos, aunque para ello tengamos que sacrificar muchas cosas. Vendrán tiempos mejores y en nuestra mano está su pronta llegada. No hay ninguna duda de que hay que poner todo de nuestra parte. Estamos cansados y abatidos, pero rendirse no es una opción. Anhelamos las vacunas pero éstas también nos han traído más incertidumbre. Algo de lo que ya íbamos sobrados. Si combinamos el  ¿Cuándo llegarán? con el ¿Cuándo me vacunarán? La ansiedad se dispara. La incompetencia de unos, la pagamos todos. Ya va siendo hora de pensar en el bien común, pero ¿qué se puede esperar cuando ves  a quienes por egoísmo priorizan su vacunación ante  los mas vulnerables al virus? 

Decían que de esta pandemia salíamos más fuertes. Más fuertes no lo sé, porque de momento lo único que se ha fortalecido es la crispación y ésta no es buena. El tiempo nos mostrará cómo salimos de ésta porque el futuro no está escrito por mucho que nos intenten convencer de él. Cuando la pandemia llegue a su fin, cada persona sacará su propia lectura de ella y asumirá sus enseñanzas y sus consecuencias. Esto es así y no necesita de ningún decreto; esto será la realidad individual y somos puro sentimiento. 

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/19613/la-importancia-de-sonreir-en-la-adversidad

CARNAVAL, CARNAVAL

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Mi columna para El Valle de México

Ya se acaba el mes más corto del año y eso que éste tiene veintinueve días. Para unos, los bisiestos son años de suerte, en cambio, para los más supersticiosos no tanto. Lo que está claro es que cada cuatro años hay quien puede celebrar su cumpleaños u otros aniversarios en su fecha. Se acerca marzo y con él la primavera, aunque no nos podemos quejar del tiempo porque hemos disfrutado de una semana excepcional. Prueba de ello es que los parques se han colmado de gente, las terrazas se han llenado hasta la bandera y las ganas de disfrutar estaban y están a flor de piel. Lo mismo se puede decir de las ganas de fiesta. El Carnaval ha inundado las calles. No hay edad para disfrazarse, de hecho, se podían ver las versiones adultas e infantiles de los súper héroes de Marvel, de los personajes de actualidad… y todo tipo de parodia llevada a la calle entre risas y algarabía. Famosas son las chirigotas de Cádiz, los Carnavales de las Islas Canarias… pero cualquier ciudad española es buena para festejar a Don Carnal. Eso sí, todo lo bueno llega a su fin, y muchos enterrarán a la sardina con las “consecuencias” de los días precedentes. Es lo que pasa cuando Don Carnal y Doña Cuaresma se ven las caras. El único consuelo es pensar que los carnavales del 2021 están más cerca…

Cara a cara, sin disfraces ni máscaras, se encontraron en el Metropolitano, el Liverpool y el Atlético de Madrid. La fiesta de la Champions no defraudó. Era el primer partido, pero tras el resultado hay ganas de ver la vuelta en Anfield. Los de Simeone hicieron un encuentro excepcional. Los colchoneros estaban ilusionados y los suyos respondieron acorde a las circunstancias. Perplejos se quedaron los que dudaban del Atleti, ya que el cartel de favoritos lo llevaban, y lo siguen llevando, los de Kloop. En fin, anhelamos que llegue el once de marzo para sellar el pase a cuartos. No será fácil, pero con la actitud del pasado martes todo se puede lograr. Los rojiblancos nunca dejan de creer y ahora más que nunca, necesitan a su afición y ésta está preparada para afrontar, en la distancia mayoritariamente, noventa minutos de emoción y, por supuesto, de sufrimiento. Pero a esto, los colchoneros de corazón ya estamos acostumbrados.

Lo del Atleti en la Champions ya forma parte de la historia, pero lo que hagan el Barça y el Real Madrid esta semana está por ver. Hoy serán los de Quique Setién los que busquen encarrilar los octavos ante el Nápoles. Acuden siendo líderes y con el recuerdo de su última victoria en la Liga en la que Messi anotó cuatro goles. Pero la Champions es la Champions y el juego de los blaugranas está en entredicho, o dadas las fechas, está algo enmascarado. Por su parte, el Real Madrid también tiene una cita con el Manchester City en el Santiago Bernabéu. Su casa tiene que ser su mejor fortín para encauzar la eliminatoria ante el equipo de Guardiola. El morbo está asegurado y los de Zidane tienen que mejorar la imagen que dejaron ante la derrota con el Levante, no vaya a ser que “la sardina se entierre allí”… La Liga de Campeones siempre deja sorpresas y para evitarlas hay que quitarse las máscaras y evitar que Doña Cuaresma gane y arranque con una derrota…

Eso sí, y más allá del fútbol, no hay que olvidar que “La vida es un Carnaval” como cantaba Celia Cruz.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/9904/carnaval-carnaval

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