EL VERANO ES EL VERANO

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Mi columna para El Valle de México

Se convirtió en el protagonista de nuestras vidas de repente. Llegó y todo cambió. Lleva meses acaparando titulares y dejando tras de sí todo tipo de cifras, datos y comportamientos. El coronavirus se adueñó, poco a poco, de nuestra normalidad para convertirla en una pesadilla de la que aún no hemos despertado. Vivimos en una “nueva realidad” que marca nuestra forma de actuar. Acostumbrarnos a ella es primordial. La vacuna no tiene fecha, pero su llegada marcará un antes y un después. Es cierto, que desde que finalizara el estado de alarma, nos hemos ido relajando. A veces, olvidamos que el virus sigue entre nosotros, pero el verano ya está aquí y tenemos demasiadas ganas de disfrutar de todo lo que nos hemos privado durante meses. Además, como el tiempo acompaña, la combinación de estos factores es perfecta. No negaré, ya que mentiría, que la mascarilla es incómoda con el calor, pero de su uso depende frenar los posibles rebrotes que están apareciendo. Sé, que desde México miran hacia España con la esperanza de que sus cifras den una tregua, pero insisto, a nueve mil kilómetros de distancia, que hay que cumplir con las medidas aconsejadas. Solo así se puede frenar la curva que tanto asusta.

Viviendo el presente, estamos a punto de dar la bienvenida al mes de julio. Podría decir que es el mejor mes del año, dado que en unos días celebraré mi cumpleaños. Este año, por cierto, junto a las velas en la tarta, no faltarán los Conguitos. Confieso que desde niña me han encantado y últimamente me apetecen demasiado… ¿Por qué será?… En fin, tras este paréntesis culinario, hay que reconocer que julio es, para muchos, el comienzo de las vacaciones. Éstas siempre son especiales y este año son muy necesarias. Hay que desconectar de todo. Si antes he hablado de sustos, da vértigo escuchar a los expertos sobre lo que pudiera suceder en otoño, pero como el tiempo verbal “pudiera” no es real ni certero, dejemos que pasen los días hasta que veamos y vivamos cómo se comportará el coronavirus más adelante. Ahora no es momento para amargarse con el futuro, ahora es el momento de disfrutar. Si algo nos ha enseñado la Covid-19 es que la incertidumbre marca nuestra rutina y, por eso, no tiene sentido hacer planes a largo plazo. Las vacaciones son y serán siempre momentos de ocio acompañados por la gente que queremos. Posiblemente, este año el tiempo estival nos traiga muchos reencuentros que el confinamiento generó. Yo ya estoy restando los días que quedan para ver a mis padres. Es el momento que llevo esperando desde el mes de marzo. Todo llega a quien sabe esperar dice el famoso refrán, pero las esperas, a veces, se hacen eternas.

El tiempo es relativo y me da que el verano se pasará en un suspiro porque cuando se está disfrutando éste vuela. Dicen que el tiempo es oro y su pérdida sería un gran derroche, así que no adelantemos acontecimientos. Aprovechemos estos días al cien por cien, porque el futuro, con virus o sin él siempre será incierto. Sigamos al pie de la letra a Walt Whitman, de hecho, hasta el famoso profesor Keating en El club de los poetas muertos lo tenía como referente: “Coged las rosas mientras podáis, veloz el tiempo vuela. La misma flor que hoy admiráis, mañana estará muerta…” En definitiva, Carpe Diem.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/13518/el-verano-es-el-verano

LO SUPERAREMOS

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Mi columna para El Valle de México

Estamos viviendo tiempos difíciles, tiempos que ni nos imaginábamos que podían suceder. Hemos visto muchas películas de plagas y epidemias pero la realidad supera a la ficción. Llevamos más de una semana confinados en nuestras casas, pasando los días lo mejor que podemos mientras por nuestras cabezas rondan numerosas preguntas a las que no somos capaces de dar respuesta. Los españoles estamos obedeciendo las recomendaciones porque en nuestra mano está vencer al coronavirus que tantas vidas se ha llevado, dejando tras de sí miles de historias desgarradoras. La incertidumbre, además, es nuestra peor aliada y más aún cuando los que tienen el poder dan ruedas de prensa sin sentido. La comparecencia del pasado sábado del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, fue todo un despropósito. Poco me importa que me hable de los servicios de Internet, de la disminución del consumo de queroseno o de otras tantas tonterías si no menciona cómo va a parar la pandemia. No lo dice porque no sabe cómo afrontar todo lo que estamos viviendo. Y además, los periodistas que cubren estas comparecencias tienen que aguantar el filtro que Moncloa les ha puesto llamado Miguel Ángel Oliver. No es justo, pero de momento, es lo que hay. Eso sí cuando superemos esta pandemia habrá que alzar la voz, tomar las calles y poner a cada uno en su sitio porque con la salud no se juega. Ya se ha demostrado que quien ocupa la Moncloa y quienes ocupan los ministerios sí lo han hecho. Las primeras medidas llegaron tarde y mal y ahora es mejor estar serenos, quedarnos en casa y confiar en quienes verdaderamente se están preocupando por nosotros. Aplausos para los equipos sanitarios, el Ejército, la Policía, la Guardia Civil… y todos aquellos que se exponen al virus para que pronto podamos volver a recuperar nuestras vidas.

Unas vidas que se han tenido que adaptar a la fuerza a las circunstancias. Estar en casa las veinticuatro horas puede no ser fácil, pero cada día que pasa es un día menos en esta cuenta atrás que no sabemos cuando acabará. Es una buena época para hacer aquellas cosas para las que nunca tenemos tiempo. Leer, ver una película tras otra o acabar con las temporadas de nuestras series favoritas son opciones que nos distraen pero también, hay que reconocer, que el teléfono echa humo. Muchos mensajes por responder y llamadas infinitas en el tiempo nos acercan a nuestros familiares y amigos. No hay abrazos, ni besos físicos pero sí muchos buenos deseos virtuales. La distancia no impide que los sentimientos se transmitan. Insisto, aprendamos a valorar lo que tenemos. Aprendamos que en un segundo todo puedo cambiar. Aprendamos a vivir sin ponerle peros a la vida. Ahí reside el famoso Carpe Diem. Hace años que la vida me dio una segunda oportunidad. Estuve aislada en la habitación de un hospital, sin abrazos, sin besos y hoy reconozco que aquella lección me enseñó no solo a vivir sino también a valorar, por eso, no perdamos la esperanza, no perdamos la ilusión, porque aunque veamos a los dirigentes políticos vacíos de contenidos, hay quienes se están dejando la piel por nosotros. Ellos son nuestros héroes y nosotros tendremos tiempo para brindar con ellos por la victoria al Covid-19. La vida es dura pero también es bella. Quedémonos con recuerdos de esta situación. Las cicatrices son cosidas con las agujas del tiempo. Y éste dicen que todo lo cura. Esperemos que así sea, nos quedan muchos capítulos por escribir en la historia del mundo y en la vida de cada uno.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/10701/lo-superaremos

La sonrisa del capitán Keating

Con él vivimos la historia del país de Nunca Jamás, fue un Peter Pan inolvidable. Poco hay que decir de la Sra. Doubtfire. Intensa fue la aventura que surgió por jugar a Jumanji. De Óscar, la interpretación en El Indomable Will Hunting pero sin duda, imborrables fueron las palabras del profesor John Keating en El Club de los Poetas Muertos. El “Capitán” que a través de los versos de Walt Whitman nos enseñó a extraer el meollo a la vida ha dejado huérfanos a todos sus “alumnos”. En Hollywood se apaga la sonrisa de esta estrella. No es fácil hacer reír pero él consiguió arrebatarnos más de una risotada. Y es muy cierto, que más vale una triste sonrisa que la tristeza de no volver a sonreír…

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Dice la Real Academia de la Lengua que sonreír es : “Reírse un poco o levemente, y sin ruido”. No parece tan difícil pero a veces es muy complicado. Los problemas, las preocupaciones, las desilusiones son “ladrones” de alegrías, de sonrisas… pero por muy mal que estén las cosas siempre hay un motivo para mostrar en el rostro ese pequeño gesto que tanto agrada a todo el mundo porque … ¿A quién no le gusta una sonrisa?…

A mi desde luego me encantan. Hasta las malas noticias se aceptan mejor sin ver en la persona que tienes delante un rostro imperturbable. Porque de lo malo siempre hay que sacar lo mejor. Cuesta mucho pero si se anhela cumplir los sueños que se tienen en la vida, la fuerza de voluntad y la actitud con la que se enfrenta uno a la adversidad son primordiales. El profesor Keating nos enseñó el célebre: “Coged las rosas mientras podáis,
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta.” Es decir, Carpe Diem: Los momentos hay que aprovecharlos…La vida te puede cambiar en un segundo… Si es para bien se asume muy fácilmente pero si se da el caso contrario…Es mejor “desafiar a la adversidad, enfrentarse al enemigo sin temor”, lo dijo Nietzsche y, por supuesto, Keating.

Las lecciones hay que ponerlas en práctica. Eso depende única y exclusivamente de uno mismo. Los sueños se pueden cumplir aunque “solo al soñar tenemos libertad, siempre fue así y siempre así será”, de nuevo un sonriente Keating en una escena de El Club de los Poetas Muertos… Porque “una sonrisa no cuesta nada y significa mucho. Enriquece a quien la recibe; sin empobrecer a quien la ofrece. Dura un segundo pero su recuerdo, a veces, nunca se borra”.

Se fue el “Oh capitán, mi capitán”.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)