MÉXICO, PAÍS INVITADO

Las celebraciones por la Hispanidad ya han comenzado y mientras la presidenta de México se empeña, sin sentido, en una petición de perdón; en Madrid, México ha sido el país invitado a dichos festejos. La diversidad, el mestizaje y la unión de culturas ha quedado retratada en el Desfile conmemorativo del pasado sábado por la calles del centro de la capital. Disfrutar de la fiesta, la alegría, la música y las tradiciones siempre es enriquecedor. Las catrinas pasaron luciendo muy orgullosas por la Gran Vía. Ya queda menos para que México rinda homenaje a los muertos como una festividad digna de ser vivida porque la grandeza de sus altares no hay palabras que las describan. 

Dice el lema de este año que en Madrid caben todos los acentos. Es cierto que la capital de España es una ciudad muy acogedora y en ella hay una multiculturalidad que se ve a diario por sus calles. Sin embargo, estos días se festeja la Hispanidad cuyo día siempre estará marcado en el calendario en el 12 de octubre, pero ya se sabe, también, que cuando hay que organizar una fiesta, eso a los españoles no se nos da nada mal y cuando en ésta se junta todo el folklore hispano la diversión está más que asegurada. Por eso, con ese espíritu que reina en el ambiente, la reciente nombrada presidenta de México no es quien para empañar la unión de dos pueblos que están hermanados desde hace mucho tiempo. Es cierto que la ignorancia es atrevida y no le vendría nada mal leer a las señora Sheinbaum un poco de historia. Quizás cambie de opinión y deje de lado una leyenda negra que está intentado propagar únicamente con fines políticos. Tiene un sexenio por delante para indagar en la historia de México y como presidenta del país no le vendría nada mal. 

Dejando al margen la política y la polémica, ahora de lo que se trata es de disfrutar. México siempre será especial para mí. Allí conocí a grandes amigos y aunque nos separan más de nueve mil kilómetros de distancia, ésta no ha sido capaz, ni lo será, de romper los lazos que nos unen. El tiempo ha querido que este año me haya reencontrado con muchos de ellos y eso ha fortalecido nuestra amistad. La vida nos juntó y, por eso, siempre tenemos momentos para brindar. Podemos festejar la Hispanidad, pero la amistad siempre está por encima de los días señalados. Eso sí, el próximo sábado, aquí, es fiesta nacional. 

Madrid se ha volcado un año más con la Hispanidad. Hay un programa con todo lo que ha organizado. Manuel Turizo llenó el pasado domingo la calle Alcalá. La organización del concierto ha dejado mucho que desear para un público que se quedó sin poder disfrutar de su artista favorito. Por delante quedan, entre otros, Diego Torres o Los Sabandeños. Si las lluvias no lo impiden habrá que poner el broche final con ellos el próximo fin de semana. Eso sí, nunca hay que olvidar que ante todo, como bien canta el argentino, hay que pintar todo de color esperanza. Solo así sabremos sonreír ante lo inesperado o ante la ignorancia de quien quiere que todo sea de otro color. 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle de México: https://elvalle.com.mx/2024/10/07/mexico-pais-invitado/

HASTA EL FIN DE MIS DÍAS

Un empate y unas imágenes que han dado la vuelta al mundo. Esa podría ser la conclusión de un derbi que se fue calentando durante los días previos. Obviamente, la rivalidad es máxima pero nunca se deben cruzar los límites y lo digo en ambos sentidos. 

El ambiente, el pasado domingo, en el Metropolitano era increíble. La asistencia marcó su récord y la afición tras recibir a los suyos quería ver uno de esos partidos que representan algo más que noventa minutos de juego. Es cierto, como bien decía el increíble tifo, “hasta el fin de mis días” seré colchonera y defenderé mis colores allá por donde vaya, pero también es cierto que cuando el ambiente está muy caldeado y la tensión se palpa en él hay que ser muy conscientes de lo que se hace y, por supuesto, de lo que se dice. 

El Real Madrid siempre será el eterno rival. Decir los motivos para justificar eso me llevaría a escribir demasiadas páginas y no tengo ni espacio, ni tiempo, ni ganas para hacerlo porque los rojiblancos saben perfectamente de lo que hablo. Reconozco que el himno el domingo me puso la piel chinita, como dicen en México, y durante todo el día con mi camiseta puesta fui viendo a colchoneros y merengues por Madrid. Unos nos sonreíamos cómplices de los colores, porque la familia rojiblanca se entiende y con los otros una simple mirada. Una rivalidad sana de esas que sabes que existe pero que en el fondo es un partido de fútbol. 

Precisamente, este partido de fútbol ya está marcado para la historia. Nunca justificaré la violencia, pero tampoco la provocación. Innecesarias las dos. Es más, el portero merengue por muy crecido que esté sabe a quién le debe ser quien es ahora mismo. Comparto estas palabras de Simeone en la rueda de prensa posterior al derbi, él dice mejor que nadie lo que hay que hacer: “La gente que ha cometido esos incidentes, el club tendrá que tomar una decisión como se tiene que tomar. No necesitamos a esa gente en la tribuna, necesitamos a la gente que nos impulsa, la gente que nos acompaña, la gente que nos apoya, la gente que piensa en el club y en el equipo. Necesitamos de esa gente.” Pero añadió esto: “Eso no justifica generar las situaciones que se generan, porque nosotros como protagonistas también podemos ayudar a que esas cosas no sucedan porque la gente no reacciona porque sí, reacciona por algo. Para mí sanción al que provoca. Así equilibramos.”

Todo esto es triste pero cierto. Y razón no le falta a Simeone. El primer gol merengue fue el principio de todo lo que vino después. Menos mal que el jarro de agua fría tenía que llegar en el tiempo de descuento con el gol de Ángel Correa. Un empate que sabe a mucho, porque las críticas a la mejor afición del mundo seguirán llenando titulares, pero por una oveja negra no se puede generalizar. La realidad es muy manipulable, pero las imágenes ahí están. Luego pedirán respeto, pero éste hay que ganárselo. Ha pasado el derbi y la vida, no lo olvidemos, continúa. Para unos seguirá siendo rojiblanca, para los otros me importa bien poco. Mi casa es la que me preocupa y se hará lo que se tenga que hacer, si los otros consienten determinadas actitudes, allá ellos, pero nunca serán ejemplo de nada por mucho que se crean que lo son. 

El tiempo pone a cada uno en su sitio y la vida, para mí, seguirá cargada de ese coraje y corazón que nunca me falla. Es cierto que del Atleti seré “hasta el fin de mis días”. 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2024/09/30/hasta-el-fin-de-mis-dias/

VALORES, ¿CADUCOS O PERENNES?

Ya podemos decir, oficialmente, que el verano se ha terminado y con más o menos gana, nos adentramos en el otoño y todo lo que esta estación nos depare. Nada dura eternamente y los finales y los principios siempre tienen su parte buena y su parte mala. La nostalgia es el engranaje para afrontar un desconocido futuro al que hay que llenar de experiencias, de aventuras y, por supuesto, de sueños. Nunca sabemos cuando estos se pueden hacer realidad y quizás, sea ahora el momento, en el que logremos aquello que tanto hemos anhelado. 

Lógicamente, los principios siempre son ilusionantes. Cada día es una nueva aventura que nosotros mismos afrontamos de una manera o de otra. Cada persona es un mundo y cada uno es dueño de escribir su propia historia. Nos puede gustar más o menos el guión de los demás, pero criticar algo que no es tuyo no es de recibo. La vida depende de cada uno y hay una parte que compartimos con los demás, pero nunca se puede perder la esencia de uno mismo. La hipocresía tarde o temprano sale a la luz y con ella muchas decepciones que no tienen vuelta atrás.

El tiempo pasa y las personas vamos pasando por él. Cambiamos, obviamente, porque es ley de vida, pero siempre hay algo perenne en nosotros mismos y si es caduco algo falla. Estoy hablando de la personalidad. Una personalidad que tiene su carácter, sus defectos y sobre todo, unos principios que deberían ser inquebrantables. Todos conocemos la célebre frase de Groucho Marx: “Estos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros”. Su mensaje es claro y hay que mirar más allá de las palabras. 

Las palabras, una vez que son pronunciadas o escritas, siempre llevan una intención, es su misión. Ahora bien, de ellas se pueden hacer muchas lecturas. Es más, si éstas van acompañadas por gestos, la comunicación se carga de más fuerza. No negaré que me he mordido la lengua en más de una ocasión, pero es cierto que me gusta llamar a las cosas por su nombre. Los filtros que usamos en el lenguaje al igual que en las redes sociales son una fantasía para dulcificar la realidad y ésta es la que es, nos guste o no. Si hay que dar la opinión se da y si quien la pide no está dispuesto a oír determinadas palabras, quizás sea mejor que no la pida. Cada uno es libre de hacer lo que quiera. Eso sí, siempre tendría que primar la franqueza y la honestidad, pero hay quienes no conocen ni el significado de estas palabras. Hay muchas mas cualidades que deberían estar en los principios elementales de todos, pero siempre algunas que destacan más que otras. Observar es una gran virtud que practico a diario y precisamente, esta actitud ayuda a desenmascarar aquello que muchos quieren ocultar, pero la manera de actuar siempre delatará a quien gestiona en su propia persona varias versiones de sí mismo. 

La vida va pasando y si ahora arrancamos la estación en la que los árboles van perdiendo las hojas, quizás muchos puedan perder esas capas que ocultan tantas personalidades e intereses. Algo tendrá ser uno mismo que cuando eres fiel a tus principios suelen llover las críticas y las envidias. En fin, perenne a mi forma de ser seguiré disfrutando del otoño, de la vida, y de lo que venga porque cuando vives de regalo y la vida te da una segunda oportunidad hay muchas cosas que quedan atrás, porque lo que no te aporta no merece ni un minuto de tu tiempo. Éste dicen que es oro, pero es vida. Y ésta tiene un valor incalculable como para malgastarla. ¿No es así?

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2024/09/23/valores-caducos-o-perennes/

MÉXICO Y EL VALLE: LA NOTICIA HECHA PERIÓDICO

Poco a poco vamos encarrilando el mes de septiembre. Volver a la rutina no siempre es fácil, pero como lo mejor es buscar el lado positivo de las cosas, hay que mirar al porvenir con una sonrisa. Septiembre es también un mes con muchas celebraciones. En diferentes puntos de la geografía española están festejando a sus patrones. La música seguro que no falta y la diversión está más que garantizada, por eso, al ritmo de verbenas siempre se lleva mejor los comienzos de este mes. 

Si de festejar hablamos, está claro que no me puedo olvidar, porque mi corazón así me lo indica, que para México es su mes más patrio. En apenas unos días los festejos se iniciarán como marcan las tradiciones. Obviamente, me uno a ellas porque “a nueve mil kilómetros de distancia” me dieron la oportunidad de formar parte de una gran familia periodística, de sentirme como una mexicana más y, aunque han pasado los años, esa amistad se ha vuelto inquebrantable. Sus cimientos son muy sólidos y, además, nuestra pasión por el periodismo pone la guinda a este maravilloso pastel. ‘El Valle’ también celebra este mes su aniversario, y habrá, por supuesto, que soplar por sus treinta y cuatro años. Allí me di cuenta todavía de que la esencia del periodismo está viva, sólo hay defenderla ante quien quiere acabar con ella. Su director, Pepe Nader, predica con el ejemplo. Cada día en su columna escribe sin pelos en la lengua. No importa si incomoda o no, pero la realidad es la que le dicta su opinión. Es cierto que la puedes compartir o no, pero la libertad nace en sus palabras. El periodismo incomoda y ejercerlo en un país que es líder en los asesinatos de periodistas tiene un valor extra llamado: coraje y valentía.

Por eso, nunca olvidaré esa oportunidad que me llegó estando muy lejos de mi casa. Dicen que en la vida todo pasa por algo y quizás sea cierto porque tanto lo bueno como lo malo nos va forjando nuestra forma ser, nuestro carácter y, por supuesto, va marcando nuestro camino. Precisamente, en mi camino por tierra mexicanas tuve muchas ocasiones en las que crecí como persona. También, volví a ejercer la profesión que ha sido mi vocación desde niña. Por eso, este mes toca celebrar los años que cumple ‘El Valle’. Estaré lejos de esa redacción, de esos amigos que brindarán por muchos años más, pero la distancia no puede impedir que mi mente me llevé hasta allí para abrazar a todos ellos y para agradecer a Pepe y a Sergio Nader que sigan contando conmigo. 

La verdadera amistad traspasa fronteras y el tiempo tampoco puede con ella, porque lo importante y puro siempre prevalece. El destino quiso que los “nueve mil kilómetros de distancia” se acortaran tanto y se redujeran a cero en la mítica Puerta del Sol de Madrid. Allí nos vimos y allí nos reencontramos. Fueron muchos recuerdos los que nos vinieron a la mente. El tiempo es relativo y, a pesar de los años transcurridos, fue como si nos viéramos a diario. Vivir el momento y disfrutarlo es fundamental. Por eso, brindemos, como hizo mi querida Victoria, por todo lo que nos ha unido y por la salud. 

Asimismo, estoy convencida y seguro que mi querido Pepe también, que nos quedan muchas experiencias por vivir y muchas historias por contar. Lo que está claro es que hay que ir paso a paso y disfrutar cada momento. Estos son oportunidades que se nos presentan día a día de diferentes maneras. La vida en sí misma nos brinda a diario veinticuatro horas únicas e irrepetibles. 

México marcó un antes y un después en mí. Un después maravilloso que significa mucho. La vida está llena de aventuras…Dice el escritor canadiense Robin Sharma: “A casi todos nos da miedo lo desconocido. No debería ser así. Lo desconocido no es más que el comienzo de una aventura, una oportunidad de crecer.”

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2024/09/09/mexico-y-el-valle-la-noticia-hecha-periodico/

DARSE UN CAPRICHO

Estamos listos y dispuestos para encarrilar el mes de septiembre. Un mes, sin duda, que está marcado con los comienzos, al igual que el mes de enero. El primero del año está lleno de propósitos y de sueños por cumplir. Han pasado nueve meses y seguramente nos queden muchas cosas por hacer de esa lista que inauguró este año. Todavía hay tiempo para ello, pero hay que reconocer que septiembre podría ser esa reválida que nos recuerde que hay que ponerse manos a la obra para cumplir con nuestras propias promesas. También, no hay que olvidar que se inicia el nuevo curso y éste también está cargado de oportunidades. Unas oportunidades que se nos presentan día a día de diferentes maneras. 

La vida en sí misma nos brinda a diario veinticuatro horas únicas e irrepetibles. Dice el escritor canadiense Robin Sharma: “A casi todos nos da miedo lo desconocido. No debería ser así. Lo desconocido no es más que el comienzo de una aventura, una oportunidad de crecer.” Precisamente, el crecimiento individual nos va forjando nuestro carácter para afrontar los pros y los contras de la vida. Atrás hemos dejado unas vacaciones que nos han alimentado exterior e interiormente. Todos hemos hecho algún exceso este verano, pero los caprichos son los que nos llenan de alegría para marcar los recuerdos de una manera especial. Posiblemente, hayamos reflexionado en algún momento para marcar septiembre como el mes de los cambios. Si no se consiguen tampoco hay que frustrarse, enero vuelve a poner delante de nosotros una hoja en blanco para llenarla de los anhelos o los sueños que no perecen con el paso del tiempo. 

Si bien es verdad, volver a la rutina cuesta. Vuelven los horarios, los días cada vez tienen menos luz y el verano irá cediendo para dar paso al otoño. Los grados del termómetro también irán bajando. Habrá quien lo celebre y habrá quien empiece la cuenta atrás para el verano que viene. Nunca llueve a gusto de todos, pero la vida sigue su curso y nosotros con ella. No sabemos si esas oportunidades se darán o no, sólo el tiempo nos irá mostrando las cartas del destino. Por cierto, un destino que es, casualmente, también muy caprichoso.

Quizás, para afrontar la añoranza que nos deja el verano y las vacaciones haya que darse más de un capricho para ayudarse a uno mismo. Eso sí, siempre hay que sonreír al futuro porque aunque éste sea incierto se convertirá en recuerdos. Razón no le falta a Albert Einstein cuando afirmó: “Un hombre feliz está demasiado satisfecho con el presente como para obsesionarse demasiado con el futuro”. Por eso, aferrándonos a nuestro “hoy” y con los sueños en la mente hagamos caso al escritor francés Antoine de Saint-Exupéry: “No se trata sólo de prever el futuro, sino de hacerlo posible”. Hagámoslo.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2024/09/02/darse-un-capricho/

TIEMPO AL TIEMPO

Hemos superado el ecuador del mes de agosto, y aunque muchos vean a septiembre llamando a la puerta, todavía nos quedan días del mes que es por excelencia sinónimo de vacaciones. Sin duda, hay que aprovechar para coger fuerzas para afrontar el último cuatrimestre del año de la mejor manera posible. Es cierto que, para más de uno, septiembre comenzará con la típica depresión pos vacacional, pero la rutina se encargará de reconducir nuestra mente y nuestros horarios para romper ese paréntesis que todos hacemos durante el tiempo estival. Además, el noveno mes del año llega, como no, con la vuelta al cole. Una vuelta al colegio que vemos en las tiendas y en los centros comerciales casi desde que acabó el curso anterior. Menos mal, que cuando se trata de disfrutar no hay publicidad que nos pueda amargar. 

Sin amargarnos, vamos a centrarnos en el presente que es lo que realmente importa. Sabemos que lo que tenga que llegar, va a llegar; por eso focalicemos nuestro día a día en disfrutar. Un verbo que, para los que seguimos de vacaciones, es más fácil de conjugar pero seguro que todos hemos tenido la ocasión de desconectar desde que diera comienzo el verano. La vida son etapas, son momentos y de cada uno hay que quedarse con lo mejor. Esos recuerdos son vitales para que la fuerza de la mente nos ayude en los momentos de flaqueza. Vivir en el paréntesis vacacional eternamente es inviable porque también en él hay, aunque nos cueste reconocerlo, buenos y malos momentos. Se pueden dulcificar porque el contexto que nos rodea nos agrade pero la realidad siempre será la que es. Dijo el poeta estadounidense, Rober Frost: “En dos palabras puedo resumir cuanto he aprendido acerca de la vida: Sigue adelante.” 

Precisamente, seguir adelante es lo que nos toca y mirar, si queremos, de reojo al calendario. Dicen que quien no se consuela es porque no quiere, pero hay quien anhela que llegue la Navidad. De momento, los décimos de lotería ya están a la venta y no seré yo quien juzgue a quienes ya piensan en los villancicos si con ello se ilusionan para superar ese “hasta luego” a la playa, a la montaña o a cualquier destino veraniego.

En definitiva, cada uno de nosotros tenemos una receta de la felicidad diferente y cada uno afrontamos los cambios como consideramos oportunos. Lo que está claro es que la vida pasa, la vivamos o no; por eso, si ser feliz es lo que cuenta, tengamos como objetivo inamovible ver en nuestro rostro y en el de nuestros seres queridos esa sonrisa que lo cambia todo y, además, puede con todo. La fuerza no siempre tiene que ser física, hay fuerza mental que puede mover montañas. La vida me enseñó que en un segundo todo puede cambiar y, por eso, el “hoy” vale más que cualquier “mañana” y hoy sigo viviendo de regalo para escribir otro capítulo de mi vida, ya que mientras ésta pasa, yo he decidido extraerla todo su meollo. ¿Y Tú? Ya llegará el otoño, el invierno, los villancicos… Todo pasa y todo hay que festejarlo y vivirlo. Así es la vida. 

Jimena Bañuelos

MIRANDO AL MAR

Dicen que el tiempo es oro, cuando, en realidad, el tiempo es vida. Por eso, no podemos despistarnos y debemos centrarnos en lo que realmente importa. Está claro que ser felices es a lo que aspiramos y aunque no siempre sea fácil dar con las teclas exactas de esa felicidad, cuando ésta se consigue la sensación es indescriptible. 

Acabo de soplar las velas en la tarta de mi cumpleaños. Como marca la tradición he pedido ese deseo que no se debe decir a nadie para que se cumpla. En realidad, cumplir todos los deseos es lo que hace la vida mucho más interesante. Algunos no dependen de nosotros y llegan cuando menos lo esperamos y el derroche de felicidad es abrumador, en cambio, otros, los vamos forjando con el paso de los días, los meses o, incluso, los años; pero el resultado es el mismo. Es más, me atrevo a decir que la satisfacción personal es un plus a añadir a esa felicidad que tanto nos llena de vida. 

Nunca me importó cumplir años porque eso es la vida. Soplar una vela más cada año es, para mí, un sinónimo de que estamos con nuestros seres queridos para continuar escribiendo otro capítulo de nuestro propio manuscrito. Este año, frente al mar, he comenzado una década nueva, la anterior fue maravillosa y fue en México donde comencé a acumular grandes recuerdos. Estos son inolvidables  y marcaron un antes y un después. Ahora, ante la inmensidad del Mediterráneo, toca seguir soñando y pensar en todo lo bueno que está por venir. Evadirse de la realidad es fundamental para recargar la energía de la mente. En la playa se construyen muchos castillos de arena, algunos duran muy poco y se deshacen en un suspiro; en cambio, hay otros que se caen y se vuelven a levantar para recordarnos que en la vida hay que hacer, en más una ocasión, borrón y cuenta nueva para levantarse tras cada caída con más fuerza y más seguridad en nosotros mismos. 

La autoestima es ese castillo que se va moldeando con los años y que tiene sus altibajos, pero nunca puede caer porque ser fiel a nosotros mismos es la base más sólida que podemos construir. El que dirán nunca podrá erosionar a quien conoce perfectamente sus virtudes y, por supuesto, sus defectos. De los primeros y de los segundos siempre se aprende pero también hay una evolución a medida que vamos cumpliendo años. 

Por eso, teniendo muy claro que la vida es lo que nos queda por vivir, me permito mirar a lo lejos y contemplar el mar que me ha visto crecer y con el que he soñado unos sueños, valga la redundancia, que ya puedo decir que se han hecho realidad. Una satisfacción infinita que no sacia mis ganas de continuar elaborando nuevos castillos. Está claro que la vida es hoy, pero también hay que soñarla y despertarse en el momento justo para que la imaginación ceda ante nuestra acción y, obviamente, ante la realidad. Una realidad que está cargada de grandes ilusiones. Unas ilusiones que no pueden faltar nunca. Gracias a ellas, las adversidades se llevan mucho mejor. Seamos conscientes que el calor pasa, que el verano también, pero cada día que pasa es un día que no vuelve. 

En definitiva, los castillos de arena no solo están en la playa, los castillos de arena están… 

Jimena Bañuelos

“EL SOL DE MÉXICO” EN MADRID

Caía la tarde en Madrid, pero en ese instante comenzó a amanecer en el estadio Santiago Bernabéu. Todo estaba listo para recibir a Luis Miguel, pero hasta que las pantallas no proyectasen ese sol radiante y espléndido, estaba claro que el espectáculo no iba a comenzar. Famoso es el “ahorita” mexicano y cumpliendo con ese patrón, el artista se hizo de rogar casi treinta minutos. Obviamente, los cuarenta y cinco mil asistentes estaban tan entregados a ese “sol” que la espera pasó sin pena ni gloria. Algún pitido hubo, pero la paciencia solo podía estallar con la euforia de ver a Luis Miguel sobre el escenario.

Meses llevaba el público esperando ver al “Sol de México”. Se esperaba mucho de este concierto, no hay que olvidar que Luis Miguel llevaba casi siete años sin hacer gira por España, y quizás la hora y media que duró se hizo un poco escasa pero, eso sí, no faltó ninguno de sus míticos temas. “Será que no me amas” dio el pistoletazo de salida a la música y a la alegría de todos. Por fin, el mexicano se dejaba ver con su elegancia habitual. Sabía que el público estaba rendido a él, y aprovechó eso para no darle un respiro. Fue encadenando un tema tras o otro. “Amor, amor, amor”, “Te necesito”, “Por debajo de la mesa”… y hasta hizo varios popurrís con canciones que quizás debería haber cantado enteras. Lo digo mas que nada por “Somos novios” o “La Incondicional”, pero bueno, el setlist estaba más que preparado y en él no había hueco ni para un saludo a los asistentes. Casi con los dedos de las manos se pueden contar las veces que el mexicano se dirigió a su público. “¿Se la saben?” Dijo como preludio a “La Bikina”, una canción que resonó en el Bernabéu como un auténtico himno. De hecho, la voz de Luis Miguel cedió ante la entrega del público. No podía faltar el mariachi y éste llenó de más fiesta el estadio.  

Un estadio que ovacionó los duetos virtuales que cantó Luis Miguel. “Sonríe” dejó con la boca abierta a muchos cuando en las pantallas apareció Michael Jackson. Fue una grata sorpresa al igual que “Come Fly with me” con Frank Sinatra. Éste, no es por nada y con permiso de los muy fans del anfitrión, sí es “La Voz” con mayúsculas. Escuchar a Sinatra o verlo cantar en una pantalla bien se merece una ovación.  

Es cierto que ovaciones y aplausos hubo a raudales, pero a pesar de que “el sol” iba iluminando cada vez más el escenario, la noche se iba echando en Concha Espina, pero había mucho margen hasta alcanzar la medianoche. Una pena que a las once y media pusiera el broche final con “Cuando calienta el sol”. El público no se conformó con lo que había vivido y quería más. Vitoreó a Luis Miguel hasta dejarse la voz, pero de poco sirvió porque lo único que obtuvo fue una sonrisa de gratitud del cantante que, de nuevo, fue incapaz de decir nada. Por supuesto, ante eso en el Bernabéu resonó al grito de “Oe, Oe” para intentar arrancar los “bises”, pero se encendieron las luces y la ilusión se apagó.

Y dicho esto, no negaré que disfruté, que me lo pasé bien, que tocó mi corazón al recordarme a mi México querido, que fue un buen concierto, que la espera mereció la pena, pero tengo que reconocer que “el sol de México”, a pesar de que brilló sobre el escenario de Madrid, hay detalles que se convierten en nubes y hacen que los recuerdos se encapoten un poco.

Jimena Bañuelos

ESPAÑA Y ALEMANIA, CARA A CARA

Dicen que después de la tempestad siempre llega la calma, pero en este caso la calma trae consigo una final adelantada. Solo puede quedar uno y proclamarse campeón de la Eurocopa es el sueño de las dos selecciones. Los alemanes son los anfitriones y los españoles ya saben lo que es arrebatarles a los bávaros esta competición. Hace apenas unos días se cumplía el aniversario del gol de Fernando Torres que lo cambió todo para ‘La Roja’. Hubo un antes y un después y, quizás, sea el momento de recurrir a los recuerdos para que ese espíritu que hizo vibrar a todo un país regrese. No es fácil porque la situación no acompaña, pero hay muchos aficionados al deporte rey que el viernes a las seis de la tarde se juntarán para apoyar a los de Luis de la Fuente. 

La Eurocopa está dejando claro cuales son la selecciones más fuertes. La vigente campeona ya está fuera. Para ser sinceros, Italia no ha mostrado su mejor versión. Tampoco lo ha hecho Inglaterra, pero la fortuna ha querido sellar su pase a cuartos. España ha demostrado su valía y con goles ha convencido a más de un escéptico. No es el momento de creerse más que nadie porque en el fútbol todo puede pasar. Ya dijo el poeta romano, Publio Siro, que “es imposible ganar sin que otro pierda” y tras la fase de grupos, los errores pueden salir muy caros; pueden convertirse en el pasaporte de vuelta a tu país. Obviamente el objetivo es estar en Berlín el próximo 14 de julio

Die Mannschaft no es una selección cualquiera. Alemania ha tenido sus altibajos, pero en sus tierras ha demostrado que quiere la copa. Para muchos es la Alemania de Kroos, un jugador que se retira y que quiere hacerlo por todo lo alto. Al nombre de Kroos se pueden añadir otros, no porque se retiren del fútbol sino porque será su última Eurocopa. El tiempo no perdona y los años tampoco. Eso sí, la ilusión y el esfuerzo por llegar a la final son evidentes. Estas cualidades maduran, precisamente, con la edad; al igual que la experiencia. Ésta es un arma cargada de sabiduría y como aliada es de las mejores. 

Por delante quedan noventa minutos de fútbol que dan acceso a la semifinal si haces los deberes. Unos deberes que saben a victoria porque la agridulce derrota nunca es plato de buen gusto para nadie. No sabemos que pasará pero está claro que “la derrota tiene algo positivo: nunca es definitiva. En cambio, la victoria tiene algo negativo: jamás es definitiva”. Los que sí son definitivos son los sentimientos hacia tus colores. A estas alturas, lo único que tengo claro es que el viernes tendré un equipo asegurado en la semifinal. No sé si vestirá de blanco o de rojo pero orgullosa de ellos estaré. Lo de tener el corazón partío es una sensación compleja. Las emociones son ese engranaje que vemos en la película Inside Out 2. Por eso, no es el momento de escuchar al corazón, ni de que me digan “lo llevas en la sangre”. Quizás, un “que gane el mejor” sea lo justo por mi parte. Ahora bien, todos sabemos que el deporte rey es caprichoso y hace sufrir. Por eso, hay que estar preparado para todo. Recuerdo estas palabras de Séneca: “Vencer sin peligro es ganar sin gloria”. Ser el mejor no es fácil pero, como he dicho al principio, solo puede quedar uno… y tras el pitido final no hay que olvidar esto de Jacinto Benavente: “En la pelea, se conoce al soldado; sólo en la victoria, se conoce al caballero”. 

Viel Glück o Mucha Suerte! Ahí lo dejo…

Jimena Bañuelos

INSIDE OUT 2 (DEL REVÉS 2)

Su llegada a las salas de cines ha sido arrolladora. De hecho, se ha convertido en la película más taquillera hasta el momento. Quizás, seamos muchos los que estábamos esperando el estreno de Inside Out 2 para ver como la niña que nos presentó Pixar en la primera entrega se hace adolescente. También, es muy probable que más allá de lo que Riley vive nos guste ver en acción a las emociones que todos llevamos dentro. 

El “sentido de la identidad” lo forjamos nosotros mismos y en él no pueden faltar la alegría, la tristeza, el temor, la furia y el asco. Es cierto que esas emociones son creadoras de recuerdos. Y, posiblemente, como nos muestran en la película sean las primeras emociones que van forjando nuestro carácter y nuestra forma de ser. El tiempo pasa y nosotros vamos creciendo y madurando, pero los sentimientos siempre están ahí. Su engranaje no sabemos cómo es; lo que está claro es que algo se mueve dentro de nosotros para ser y actuar de la manera en la que nos identificamos.  

A las primeras emociones se unen en esta ocasión, ya que Riley es adolescente, la ansiedad, la vergüenza, la envidia, el aburrimiento y la nostalgia. Todas ellas no sólo están presentes en esa etapa de la vida. Seamos sinceros y asumamos que convivimos con todas ellas a diario. Podemos madurar con el paso del tiempo pero las emociones están ahí y no siempre es fácil gestionarlas. Seguramente, ahí está la esencia de cada uno de nosotros. La lección que la película nos quiere trasladar es mediante una joven adolescente apasionada del hockey. Es un ejemplo que tiene muchas connotaciones y que como espectadores es nuestra tarea asumir en qué momentos nos vemos reflejados en la gran pantalla.

No hay que olvidar que lo que nosotros nos susurramos a nosotros mismos tiene mucho más impacto y fuerza que lo que nos digan los demás. La mente tiene un poder incuestionable y aunque en la película es la alegría la que “lidera” las primeras emociones, ésta no debe de faltar nunca. La vida es sencilla, solo nos pide que la vivamos y la disfrutemos; lo verdaderamente complejo es nuestra mente, nuestras emociones. Podemos ser más o menos impulsivos y actuar de una manera o de otra; pero no sabemos si hemos acertado o no en la decisión tomada. La conciencia también juega un papel fundamental que va de la mano de nuestros valores. Estos son fundamentales y deberían ser incuestionables. Menos mal, que la nostalgia siempre nos llevará a aquello que necesitamos recordar. 

De los recuerdos siempre surgen emociones. Siempre son un repaso a nuestra propia historia. Una historia que se va labrando en un día a día que la rutina acelera, pero en realidad, esa historia se va cociendo lentamente con el paso de los años. Las emociones también se curten, también se fortalecen, y por supuesto, también necesitan salir al exterior. Cuando salen somos nosotros mismos, sin filtros y eso es la naturalidad, la esencia de la persona. 

Quizás, en estos tiempos que corren, con las redes sociales liderando nuestra presencia y éstas llenas de filtros, haya que reflexionar que no es lo mismo “ser” que “estar”. ¿Me equivoco?

Jimena Bañuelos

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