SEMANA SANTA

Estamos en la época de recogimiento y también de ponerse a cocinar. Es tiempo de torrijas y hay que cumplir con las tradiciones. Tengo huevos, leche, azúcar, cáscara de limón, canela en rama y, por supuesto, pan con mucha miga; lo único que me falta es la buena mano que tiene mi abuela para la cocina porque por mucho empeño que yo ponga, la experiencia es un grado y eso es incuestionable. Ella siempre me insiste en que hay que poner mucho cariño en su elaboración, aunque sinceramente, creo que lo dice por darme ánimos… No sé si me saldrán bien o no pero, al menos, es la mejor forma de comenzar a vivir los días más álgidos de la Semana Santa. Ésta tiene mucho que ofrecer en España. 

Famosa es la Semana Santa de Málaga. Es digno de ver el Cristo de la Buena Muerte que porta la Legión. Escucharlos entonar ‘El novio de la muerte’ pone la piel de gallina. Es un sentimiento que algunos no entenderán, pero los fervientes que llevan un año esperando a que llegue Jueves Santo no pueden contener sus lágrimas. Y eso en Málaga, porque si continuamos por Andalucía hay que hacer una parada obligatoria en Sevilla. Muchos pasos procesionan por sus calles, pero La Madrugá de Viernes Santo es especial. Se respira devoción, se respira respeto. Se escucha el silencio. 

Del sur de España, pasando por Madrid podemos llegar a Castilla y León. En ciudades como Valladolid o Zamora también hay mucho que ver, pero dado que estamos en mi tierra, voy a hablar de Burgos. Su historia y sus procesiones son el mejor motivo para ir a la ciudad que me vio nacer. El Encuentro a los pies de la catedral deja una estampa difícil de olvidar. La Semana Santa es una devoción que muchos muestran en estos días, pero también, y es muy lícito, que muchos quieran unas vacaciones en la playa o en la montaña. Es cierto que da igual el plan que se tenga para estos días porque todos estamos viendo las previsiones meteorológicas puntualmente. De hecho,  estamos mirando al cielo y no nos cansamos de pedirle una tregua de lluvias. Éstas no han cesado durante todo el mes de marzo y parte de lo que llevamos de abril.

El próximo viernes será “Viernes de Dolores” y es la antesala al Domingo de Ramos. La Semana Santa está encima y todos los preparativos están más que hechos. No importa como se quieran vivir estos días porque cada uno sabe como quiere disfrutar de su propia vida. Eso sí, siempre hay que respetar las opciones de cada uno porque como cada persona es un mundo y ese mundo lo construye como quiere. Al fin y al cabo, lo importante es ser feliz en la vida y esa felicidad tiene sus propias tradiciones, sus propias vivencias y sus propias experiencias. 

Jimena Bañuelos

LA SEMANA SANTA Y EL PORVENIR

Acabamos de estrenar el mes de abril. Atrás hemos dejado una Semana Santa que estará en el recuerdo de todos por las lluvias que han caído. Muchas procesiones han tenido que ser suspendidas y los sentimientos han brotado dejando los ojos vidriosos y derramando más de una lágrima. La devoción ha cedido ante el consuelo por la desilusión de ver los planes truncados. Mirar al cielo era el gesto más repetido, las nubes estaban ahí, y las previsiones meteorológicas no han fallado.

Es cierto que las treguas de las lluvias sí que han sido aprovechadas por los cofrades. Pudimos ver, por ejemplo, el Jueves Santo, al Cristo de la Buena Muerte custodiado por la Legión por las calles de Málaga o, el Viernes Santo, al Cristo de Los Alabarderos acompañado por la Guardia Real saliendo del Palacio Real de Madrid. Sin duda, las estaciones de penitencia se han adaptado este año a las circunstancias. Eso es, sin duda, una lección que la vida siempre nos da. Podemos hacer planes pero estos no siempre salen como pensamos. Lo importante es la capacidad que tenemos para aclimatarnos a los reveses que se nos presentan.  

La rabia, la impotencia y hasta el enojo suelen brotar desde nuestro interior cuando esos reveses se nos presentan, pero anclarse en ellos no es la mejor solución. Siempre hay que buscar alternativas. Reconozco que este año la Semana Santa ha sido algo amarga porque el tiempo no ha acompañado, pero para endulzar estos días santos hay que admitir que una buena torrija nunca está demás. Las tradiciones están para cumplirlas y para vivirlas. Dice el refrán que “a mal tiempo, buena cara” y si es con un buen dulce mejor que mejor. Así que, para sinceros, viendo llover a través del cristal y al calor de la calefacción, las torrijas y la leche frita han cobrado relevancia. 

Una relevancia que ya forma parte del pasado, el mes de abril nos brinda treinta días para escribir otro capítulo más en nuestra historia de vida. Muchos ya están pensando en la Feria de Abril de Sevilla, cambiando los capirotes por los volantes en un abrir y cerrar de ojos, pero la vida es eso. No hay mal que cien años dure y mirar al futuro es vital para dejar atrás el pasado. 

Un pasado que tiene sus luces y sombras, y únicamente los recuerdos, cuando sean necesarios, volverán a nuestra mente. Sin darnos cuenta estamos ya en el cuarto mes del año, el tiempo pasa muy deprisa y tenemos que ser conscientes de ello. La vida se nos va y lo que vivamos es lo que nos llevaremos de ella. Cada uno escogerá las experiencias que quiera disfrutar. Lo que está claro es que el tiempo es oro y es vida. Por eso, aunque no me guste hacer muchos planes, porque prefiero ir día a día, hay que reconocer que todos los madrileños tenemos puesta la vista en el puente de mayo. Quizás el tiempo nos acompañe o no, pero no está demás ir soñando con esos planes pendientes. 

La ilusión es un motor que es capaz de mover montañas, y ésta cobra un gran valor cuando la realidad la toma de la mano. Así que aferrémonos a ella y confiemos en el destino. Éste no depende de nosotros, pero la vida es pura improvisación y será ella la que decida el porvenir. Venga lo que venga, lo importante es la actitud y sobre todo valorar que estamos vivos para continuar escribiendo nuestra historia.

Jimena Bañuelos

EN ÉPOCA DE CORONAVIRUS: DÍAS, RECUERDOS E IMAGINACIÓN

Día a día han pasado ya más de treinta desde que me confiné en mi casa. La situación fuera no es fácil y dentro, a veces, tampoco. La mente es nuestra mayor aliada pero no siempre está dispuesta a remar en la misma dirección. Los pensamientos se amontonan. Los buenos recuerdos nos sacan una sonrisa, nos dan ese matiz que alegra la cuarentena, pero cuando éstos no son tan buenos los días se ponen muy cuesta arriba. Si ya estamos en una carrera de fondo en la que necesitamos mucha energía para resistir a la tempestad, para qué vamos a ponernos más obstáculos. Nadie dijo que esto fuera fácil, pero tengo claro que no voy a ceder a ese letargo al que la monotonía del día a día me quiere llevar. Me niego a sentir que vivo en el día de la marmota. Ser fuerte desde mi casa es mi mejor opción. Disfrutar del tiempo es mi mayor motivación. Es cierto que los recursos se pueden agotar, pero ahí está la mente para pensar en cómo hacer que cada día sea diferente. Unos hablaré más por teléfono, otros me dedicaré a leer, escribir, ver series… Eso es lo típico pero hay más opciones.

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En el paseo de El Espolón (Burgos)

De momento, no me ha dado por la repostería pero tentada he estado. Al menos tengo los ingredientes necesarios para ponerme manos a la obra. Quién sabe si llegará el día en el que me pringue de harina y me ilusione con mancharme la nariz con ella como cuando era una niña. La verdad es que este confinamiento me está enseñando al “Masterchef” que llevo dentro y el cual desconocía. He aprendido que todo es posible, aunque seamos sinceros, y dado que la Semana Santa ha pasado, lo de hacer torrijas me ha dado vértigo. Mi abuela tiene el listón demasiado alto. Quizás dentro de un año y con la técnica mejorada entre fogones debute con ellas.

Nunca pensé que mi saco de boxeo iba a hacerme tanta compañía. Cuando lo veo me trae grandes recuerdos de mi México querido. Allí dejé a grandes personas con las que viví grandes experiencias. Y ahora, mientras frenamos al Covid-19 cada vez que hablo con una de ellas viajo a ese país maravilloso con la imaginación, porque ésta no tiene límites. Gracias a ella pienso en la playa, escucho el mar, paseo por El Espolón de mi querido Burgos… visualizo todos esos lugares en los que he ido escribiendo los capítulos del libro de mi vida. Este confinamiento será uno más. Estará lleno de momentos difíciles, de anécdotas curiosas, pero enriquecedor a su vez. Aprendí hace catorce años que las pequeñas cosas tienen un gran valor y esta situación ha reafirmado aquella lección. Posiblemente, cuando esto pase habrá cambios en nuestras rutinas, pero hay algo que tengo claro; la vida no se planifica, la vida se vive porque en un segundo todo puede cambiar. Por eso, y dado que la incertidumbre del final de todo esto no está marcada en el calendario, pienso cuando volveré a salir a la calle, cuando me tomaré los cafés pendientes con mis amigos, cuando volveré a ir a un concierto o al cine, cuando viajaré a ver a mi familia… Cuando, cuando, cuando… Eso sí, la vida trae cambios, pero las cosas verdaderamente importantes siempre prevalecen.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

 

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