EL AÑO EMPIEZA, LA VIDA CONTINÚA

 Aunque parece que fue ayer cuando descorchamos el cava y brindamos por el primer día del año, el calendario nos recuerda que estamos en el ecuador de este mes y que sin darnos cuenta llevamos caminando por el 2026 casi dos semanas. Los propósitos, seguramente, sigan intactos, sin estrenar y aún no se han visto influidos por el desgaste del tiempo. Algunos, previsiblemente, llegarán a buen puerto y otros, inevitablemente, se quedarán por el camino o reaparecerán en futuras listas. Y no pasa nada. Porque no se trata de acumular metas, sino de ser honestos con nosotros mismos y asumir hasta dónde estamos dispuestos a llegar. Al final la actitud es lo que cuenta y, por eso, hay que ser realista y saber, sin engañarnos, lo que realmente estamos dispuestos a hacer o a cambiar. Indiscutiblemente, lo que debe primar es nuestra felicidad y esos propósitos son intenciones y pueden ir variando en función de nuestros deseos y, por supuesto, de nuestro presente. 

Un presente que vive instalado en el hoy y en el ahora. Es más, si nos despistamos se nos escapa entre los dedos. Sabemos que ese “hoy” no se repite ya que cada día que pasa es un día que no vuelve. No sé lo que me deparará este año, pero lo que sí sé es la intención con la que afronto todas la aventuras que el 2026 me quiera brindar. Siempre se aprende con la experiencia y no dudo que este año me dejará todo tipo de recuerdos. Eso sí, la felicidad siempre será el motor porque ésta es  el principio irrenunciable ante todo. En el fondo, ser feliz es lo que cuenta y quedan muchos capítulos por escribir a lo largo de este año. Enero acaba de empezar, pero en un suspiro ha volado la primera quincena y esto me confirma que el tiempo no es oro porque el tiempo es vida. 

Una vida que me ha enseñado a aceptarla tal y como viene, sin condiciones ni excusas, aunque a veces cueste más de lo que nos gustaría. No todo es sencillo, ni mucho menos. El camino tiene espinas y tropiezos, pero incluso ellos cumplen su función. Las cicatrices no solo duelen, también hablan de resistencia, de aprendizaje y de fuerza. Una fuerza que, aunque a veces dudemos de ella, vive dentro de nosotros. En nuestra mente y en las palabras que nos decimos en silencio. Esa conversación interna tiene un poder inmenso, mucho mayor que cualquier opinión ajena. Por eso, creer en uno mismo no es una opción, es una necesidad vital. Reconocer lo que valemos es el primer paso para empezar a querernos sin reservas. El “qué dirán” pierde sentido cuando uno ha construido su personalidad a base de experiencias reales y de lecciones que solo la vida puede enseñar.

Precisamente, esas lecciones llegan cuando menos te lo esperas. Reconozco que en enero de hace unos cuantos años comenzó para mí la enseñanza más dura. Obviamente hubo un antes y un después. Aprendí que en un segundo todo puede cambiar, entendí que nada está garantizado, pero también que la vida es, precisamente, lo que sucede después. Por eso, desde aquel momento, hay un propósito que se repite cada año en mi lista. No porque no lo haya cumplido, sino porque necesito recordarlo constantemente: la vida solo se vive una vez. Y cuando nos regala una segunda oportunidad, no es por casualidad. Es una invitación, sin duda, a vivir y a sentir. No dejemos para mañana… (ya me entienden)

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/01/13/el-ano-empieza-la-vida-continua/

SER FELIZ EN TIEMPOS DE NOSTALGIA

Es evidente que la cuenta atrás para la Navidad ha comenzado. Las calles rebosan gente con prisa, bolsas que tintinean o muestran unos lazos más que pomposos, y las luces son esa guía que sin querer nos lleva a algún lugar que no terminamos de reconocer. Quedan menos de veinte días para que la época de los deseos y las buenas intenciones lo inunde todo. Hasta entonces no está demás sacar la inocencia del niño que todos llevamos dentro para afrontar la nostalgia que está por venir. Es cierto que viendo el calendario, aunque lo disimulemos, todos hemos empezado a hacer balance. Es inevitable: diciembre es un espejo, y mirarse en él siempre requiere un poco de valentía.

Lógicamente, en estas fechas se piensa en el futuro y en el porvenir. Éste, a corto plazo, llega envuelto en dulces, luces y fiestas, pero también en una hipocresía que se hace más visible que nunca. El día a día es quien realmente nos revela. Sin duda, es en la rutina donde cada persona muestra su verdadera calidad humana. Y diciembre no tiene el poder de cambiarlo aunque muchos lo intenten. El camino se construye paso a paso, y ningún espíritu navideño puede borrar lo que hemos vivido durante todo un año. 

La experiencia, que tanto enseña cuando menos lo esperamos, nos ha mostrado en este 2025 realidades capaces de dejarnos sin palabras. Unas han sido gratificantes y otras desgarradoras. Lo cierto es que suelen ser las segundas las que más pesan y más nos transforman. Las cicatrices que dejan algunas personas o situaciones no desaparecen. Podemos pretender olvidar ciertos momentos, pero lo que marca de verdad siempre modifica nuestra manera de ser o de actuar. Los sentimientos siempre encuentran la forma de salir a la superficie y lo hacen. Quizás, cuando estos afloran, es porque esa herida ya dolió demasiado.

Cada persona es como es gracias a los años vividos, a las velas sopladas y a las batallas que, sin querer, nos han moldeado. Todo esto ha creado una personalidad que si es fiel a sus principios se vuelve firme e inquebrantable. Las decepciones duelen, sí, pero aprender a soltar lo que pesa provoca una sensación de alivio que actúa como un pequeño renacer interior.

Esta es la época en la que los propósitos comienzan a rondarnos por la cabeza, en la que recibimos felicitaciones que no siempre esperamos, y en la que, a pesar de todo el ruido, lo esencial sigue estando en nuestro interior. Mirar de frente el año que acaba puede ser el primer paso para recibir el siguiente con una mirada. Hacer borrón y cuenta nueva no es sencillo, pero tampoco es una quimera. Porque imposible no hay nada. Los sueños y los deseos que diciembre parece desenterrar están ahí por una razón que cada uno de nosotros debemos descubrir. Ser feliz es lo que cuenta y, por eso, no podemos permitir que cualquiera intervenga en la receta de nuestra felicidad porque ese alguien se puede equivocar y truncar esa sonrisa que no merecía desaparecer.

Con la vista puesta en Navidad, los rostros se iluminan con las sonrisas de quienes queremos, pero también se tensan por la nostalgia de quienes ya no están. Las ausencias duelen, claro. Pero dolería más no saber disfrutar este presente que ellos, con sus gestos y enseñanzas, nos ayudaron a construir. Fueron ellos quienes nos enseñaron a colocar el belén o el árbol, a cantar villancicos sin vergüenza o a soñar sin límites.

Y esa felicidad, lo repito, depende de uno mismo y puede suscitar muchas envidias. Por eso, es imprescindible saber quién puede formar parte de ella y a quién conviene dejar al margen. Tomar distancia, cuando ésta ahuyenta la amargura, es un acto de valentía.

“Algún día, en cualquier parte, en cualquier lugar, indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, solo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas”, escribió Pablo Neruda. Y quizá la verdadera magia de diciembre sea atrevernos, por fin, a mirarnos sin miedo.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2025/12/09/ser-feliz-en-tiempos-de-nostalgia/

PROPÓSITOS 

Parece que fue ayer cuando dimos la bienvenida a este nuevo año y ya han pasado casi quince días en los que le hemos tomado el pulso al 2025. Los propósitos están recién estrenados y por delante hay muchas jornadas para llevarlos a cabo. Como suele suceder unos tendrán el ‘check’ de cumplidos y otros encabezarán futuras listas si no asumimos la realidad de que no estamos dispuestos a afrontarlos. Al final la actitud es lo que cuenta y, por eso, hay que ser realista y saber, sin engañarnos, lo que realmente estamos dispuestos a hacer o a cambiar. Al final, lo que debe de primar es nuestra felicidad, los propósitos son intenciones y pueden ir variando en función de nuestros deseos y, por supuesto, de nuestro presente. 

Un presente que escribimos día a día y que no contempla visiones de futuro. El hoy se nos escapa sin darnos cuenta, porque cada día que pasa es un día que no vuelve. No sé lo que me deparará este año, pero lo que sí sé es la intención con la que afronto todas la aventuras que el 2025 me quiera brindar. Siempre se aprende con la experiencia y no dudo que este año me dejará todo tipo de recuerdos, pero, sin duda, todo lo que esté en mi mano irá acompañado de esa felicidad que es el mejor motor que uno mismo puede tener. En el fondo, ser feliz es lo que cuenta y quedan muchos capítulos por escribir de este año. Enero acaba de empezar, pero en un suspiro ha volado la primera quincena y esto me confirma que el tiempo no es oro porque el tiempo es vida. 

Una vida que me ha enseñado a vivirla sin ponerle ningún ‘pero’, aunque a veces cueste. No es un camino de rosas, pero hay que reconocer que las espinas también enseñan y sus cicatrices muestran nuestra propia fortaleza. Ésta, aunque la desconozcamos, está en nuestro interior y en la fuerza de nuestra mente, porque lo que nos susurramos a nosotros mismos tiene más poder que cualquier “discurso” que venga de fuera. Creer en uno mismo es fundamental y ser consciente de lo que uno vale es vital para comenzar a quererse. El que dirán son palabras, palabras y más palabras que no deben cuajar en alguien que ha forjado su personalidad con el paso de los años y con las lecciones que la vida le ha enseñado. 

Unas lecciones que llegan cuando menos te lo esperas. Reconozco que en enero de hace unos años comenzó para mí la enseñanza más dura. Lógicamente, sí que marcó un antes y un después. Aprendí  que en un segundo todo puede cambiar, pero comprendí que la vida es lo que nos queda por vivir y, por eso, no me voy a distraer de ese propósito. Un propósito que, año tras año, está en la lista y no porque no lo haya cumplido, sino porque es primordial para mí no olvidar que la vida sólo se vive una vez y cuando ésta da una segunda oportunidad es por algo. Vivamos

Jimena Bañuelos

A POR UN AÑO NUEVO

Llegaron los Reyes Magos, se han apagado las luces, la nostalgia navideña ha quedado atrás para dar paso a la realidad. Una realidad que se llama rutina a la que hay que volver. Puede no ser fácil, pero todo pasa. Lo vivido ha quedado atrás y por delante tenemos un futuro en el que están los regalos más deseados, los restos de lo dulces navideños y, por supuesto, toda una vida. 

Comenzar el año y estrenar el calendario puede dar cierto vértigo porque por delante tenemos muchos días en los que viviremos la cara y la cruz de la vida, pero sobre todo, en los que ganaremos experiencia y forjaremos aún más nuestra personalidad. Cada reto al que nos enfrentamos nos deja una marca, puede ser una cicatriz de recuerdo o simplemente un pellizco en el corazón. Todo dependerá de la lección que la vida nos quiera dar. 

Es cierto que con el inicio del 2024 también han cobrado protagonismo los tradicionales propósitos. De momento, está grabado a fuego en la mente de todos, pero con el tiempo es muy probable que alguno de ellos se vaya diluyendo. Quizás no sea la motivación la que lo mantiene vivo y, por eso, al caer en un segundo plano podamos prescindir de algo que considerábamos vital. Sin embargo, un año da para mucho y, probablemente, surjan nuevos propósitos que asumir con el paso de los meses. Nunca sabes lo que te depara el presente, del futuro es mejor ni pensar. La incertidumbre de éste no te lleva a nada bueno, será el día a día el que escriba el porvenir. 

Un porvenir en el que no debe faltar la salud. Un deseo imprescindible que no debería haber faltado en la mente de todos mientras nos comimos las tradicionales doce uvas. Unas uvas en las que hay que pedir deseos o sueños al destino. Éste comienza con la alegría de dar la bienvenida a un nuevo año. La vida está para vivirla y sacarle el máximo partido. Por delante tenemos todo un calendario para ir escribiendo nuestra propia historia sin que nadie nos dicte lo que escribir o nos sostenga el bolígrafo. Ser fiel a nosotros mismos tiene que ser el propósito por excelencia porque los principios y la personalidad son irrenunciables. 

Nuestra propia historia podrá tener unos capítulos más interesantes que otros, unos serán de acción, otros de comedia, seguro que habrá intriga y esperemos que mucha felicidad. Llevamos nueve páginas del capítulo de “Enero” y nos queda mucho por delante… Ya dijo Agatha Christie: “Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único”.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/53089/a-por-un-ano-nuevo

CICATRICES

Las calles están abarrotadas de gente y la cuenta atrás para la Navidad ha comenzado. Quedan veinte días para que la época de los deseos y las buenas intenciones lo inunde todo. No está demás sacar la inocencia del niño que todos llevamos dentro para afrontar la nostalgia que está por venir. 

Un porvenir que se tiñe de dulces, de luces, de fiestas y de una hipocresía que en muchos casos en más evidente que nunca. El día a día va forjando a las personas y va mostrando con sus acciones su calidad humana. No porque estemos en diciembre eso va a cambiar. El camino se hace andando y el espíritu de la Navidad no puede nublar el juicio de todo un año. La experiencia es la madre de la ciencia y seguro que en todo lo que va dando de sí el 2023, ésta nos ha mostrado alguna realidad que nos ha dejado boquiabiertos tanto para bien como para mal aunque, generalmente, son las negativas las que nos marcan más. Las cicatrices que determinadas personas o situaciones han dejado son imborrables. Se pueden “olvidar” los momentos, pero lo que deja huella siempre produce un cambio de actitud que no se puede disimular. Las personas podemos ser más o menos transparentes, pero al final los sentimientos siempre afloran de una manera o de otra. Y, quizás, cuando estos lo hacen es porque esa cicatriz ya dolió demasiado. 

Cada persona es como es porque con el paso de los años, además de soplar más velas, ha forjado una personalidad, que si es fiel a sus principios, se vuelve inquebrantable. Las decepciones duelen, pero la sensación de soltar lastre conlleva un alivio que produce un efecto positivo en quien lo experimenta. 

Estamos en la época en la que los propósitos rondan por nuestras cabezas y quizás recibamos  felicitaciones inesperadas de las fiestas, pero la esencia de todo está en nosotros mismos. Valorar el año que dejamos atrás puede ser el principio para afrontar el nuevo calendario con otro punto de vista. Hacer borrón y cuenta nueva no es fácil, pero tampoco es imposible. 

Imposible no hay nada y los sueños y los deseos que lo inundan todo, más en el mes de diciembre, están ahí por algún motivo que tengamos que descubrir cada uno de nosotros. Ser feliz es lo que cuenta y, por eso, no puedes dejar que todos los ingredientes de esa felicidad los ponga cualquier persona. Quizás se equivoque y trunque una sonrisa que nadie puede quitarte del rostro.

Un rostro que en Navidad se ilusiona por las sonrisas de las personas que queremos. Además, se palpa la nostalgia de los que no están. Las ausencias duelen, pero más debería doler no saber disfrutar este presente como quien nos enseñó a poner el Belén o el árbol, a cantar nuestros villancicos y a soñar siempre buscando la felicidad. 

Una felicidad, insisto, que depende de uno mismo y suscita muchas envidias. Por eso, es vital saber quien puede formar parte de ella y a quien hay que alejar. Poner distancia es bueno cuando ésta ahuyenta la amargura. “Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas” dijo Pablo Neruda.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/52219/las-personas-y-sus-cicatrices

PROPÓSITOS

Un año por delante y muchas experiencias por vivir. Da vértigo pensar en lo que nos deparará este 2022, pero día a día iremos descubriendo el destino. El futuro siempre es incierto aunque, como marca la tradición, el Año Nuevo se llena de esos propósitos que sin saber si los vamos a cumplir, al menos nos dan una sensación de satisfacción solo con pensar en ellos. Queda todo un año por delante para llevarlos a cabo y si no es posible siempre se pueden prorrogar para más adelante. A veces, la intención es lo que cuenta.

Y con los propósitos en mente y los regalos de reyes recién abiertos toca, poco a poco, volver a la normalidad. A esa realidad que se ve envuelta en un espíritu que, por desgracia, solo dura en los días más entrañables del año. Una pena pero es así. Además, este año la Navidad ha tenido un claro protagonista. Es la época de reencuentros por excelencia, pero muchos se han visto frustrados por Omicron. Esta variante ha hecho estragos en muchas familias porque los positivos han adquirido un protagonismo que no esperábamos o que no queríamos esperar. De hecho, estamos intentando doblegar esta ola que ha convertido a los tests de antígenos en el entrante de muchas comidas o cenas. Una falsa sensación de seguridad que ha dado más de una sorpresa. Eso sí, renunciar a las reuniones está claro que no estaba en la mente de muchos. En fin, el sentido común de cada uno es particular y la práctica requiere su tiempo. Quizás la Navidad lo haya envuelto entre sus luces y sus tradiciones y éste pasó a un segundo plano sin pensar en la consecuencias. 

Unas consecuencias que todavía están presentes. Contagiarse es muy fácil, pero prevenir también lo es. Hay que reconocer que estamos agotados de la pandemia porque ésta sigue con nosotros. Las medidas ya nos cansan y nuestra ansia por recuperar todo lo que el coronavirus se llevó por delante nos pueden. Hablan de que estamos más cerca del final y ojalá sea así. Hemos aprendido muchas lecciones de todo esto. Quizás esos propósitos de Año Nuevo no sean tan prioritarios como antes del Covid-19 porque nuestro mundo ha cambiado. Está claro que ser feliz es lo que cuenta y que la salud es fundamental. En la vida en un segundo todo puede cambiar, por eso, disfrutar cada día sería el mejor propósito de todos. Los habrá buenos y los habrá malos porque no todos son un camino de rosas. Precisamente, de las espinas se aprenden las mejores enseñanzas. 

En definitiva, tenemos un año por delante para disfrutar de nuestros seres queridos, para cumplir los sueños que quedaron aplazados y escribir nuestra propia historia de puño y letra. Seguro que a todos nos gustará dar carpetazo a la pandemia, esperemos que el 2022 nos premie con ello. Nos merecemos volver a sonreír sin mascarilla porque aunque las miradas hablan por sí solas, pero a la vida hay que sonreírla sin condiciones. Los propósitos empiezan por ahí

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/29577/propositos

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