DÍAS SEÑALADOS

Enero está a punto de agotarse. Parece que fue ayer cuando iniciamos este calendario y sin darnos cuenta vamos a pasar la primera página para poner el broche final al primer capítulo. La historia depende de quien la escriba, por eso, para algunos este mes habrá sido muy satisfactorio, en cambio, para otros la cuesta de enero habrá sido más pronunciada de lo normal. Sin embargo, todos coincidimos en lo primordial que es adaptarse a las circunstancias, y plasmarlas como mejor podamos en la memoria de los recuerdos. Ahí reside la importancia de lo acontecido.

He de reconocer que este viaje al que llamamos vida tiene sus pros y sus contras. Viajar no solo es conocer nuevos lugares, nuevas costumbres o tener experiencias diferentes. El verbo viajar también se debe conjugar a nivel personal. Este viaje tiene como único destino conocernos a nosotros mismos. Quizás, esto sea más costoso porque el vértigo de vernos frente a nuestros puntos más débiles no sea tarea fácil. Esa experiencia puede ser la más bonita o la más dura si no estamos preparados para ella. 

Es cierto que con el paso del tiempo vamos cambiando. Los años nos transforman física y mentalmente. Nuestra personalidad se forja con lo que vivimos, con lo que vamos aprendiendo, y es bueno que ésta sea férrea porque la fuerza de la mente es vital, ya que los planes de la vida cambian de la noche a la mañana. Puedes cancelar un viaje, perder un avión, un tren, o un autobús, por ejemplo, pero cuando la vida se une al destino y ésta da un giro de ciento ochenta grados a los planes, esto no hay manera de solucionarlo. Si es para bien será la felicidad la que lo inundará todo pero si no es así, fortalecer tu mente y afrontar el porvenir es la clave para encauzarlo todo. 

Con ese todo me refiero a todos los aspectos que son importante para nosotros en ese momento. La mente sabe cuando necesita recordarte determinados momentos de tu vida. Esto siempre lo hace, por supuesto, con el calendario en la mano. El dos de febrero siempre será el día que me dieron la peor noticia de mi vida, pero también el día que me convirtió con mucha fuerza, mucho coraje, y mucho valor en la persona que soy hoy. El presente viene marcado por el pasado, pero éste aunque duela recordarlo, me ayuda a comparar como estoy ahora, y únicamente por eso tengo motivos de sobra para sonreírle a la vida. Ese antes y el después de oír aquel diagnóstico será inolvidable pero me puso frente al espejo de una realidad diferente en la que nunca hubiera pensado, pero esa realidad me cambió y me descubrió cosas de mí misma que ni yo conocía. 

Siempre digo que de lo malo hay que quedarse con lo mejor. Y sigo creyendo en eso a “pies juntillas”. El próximo domingo será el Día Mundial contra el Cáncer y hasta en eso el destino quiso que ese día de hace muchos años viera en primera persona la primera bolsa de quimio de las muchas que vieron después. No sé si todo sucede por algo porque esto no se puede demostrar, pero, sinceramente, sí que lo creo. 

Y creo que la vida me dio una gran lección aunque ésta fuera muy dura. Me marcó, por supuesto, pero también me cambió. No me alegraré de haber tenido un cáncer pero sí de todo lo que me enseñó. Soy una superviviente que solo quiere ser feliz porque si la vida me ha dado una segunda oportunidad es para poner en práctica la dura teoría que aprendí y las prioridades que me marqué. Luché, gané y eso se traduce en vivir sin ponerle ningún ‘pero’ a esta vida.

Jimena Bañuelos

Enlace en el periódico El Valle de México: https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/53877/dias-senalados

VIAJAR EN EL TIEMPO Y EN LA VIDA

Siempre es bueno salir de la rutina y despejar la mente de todo aquello que nos ronda por ella. Hay sueños, preocupaciones, planes o recuerdos, por ejemplo, que nos atormentan sin poder evitarlo. Hay fechas que nos erizan la piel solo con verlas en el calendario. Éstas llevan cargadas una mezcla explosiva de sentimientos encontrados que no tienen un manual de instrucciones para poder gestionarlos. Todo depende de las circunstancias personales por las que estamos atravesando, pero lo bueno es que el tiempo pasa y esas fechas también. Ahí radica la fuerza de superar los peores recuerdos que estos días me traen por las ilusiones del porvenir. También, es justo decir que el pasado cuando vuelve tiene la capacidad, además, de fortalecer. 

La vida me cambió de la noche a la mañana y, por eso, quiero mirar al futuro con la ilusión de lo bueno que está por venir. No soy de piedra y hay imágenes imborrables que perturban el sueño, pero siempre hay un despertar que te recuerda que hay que quedarse con lo mejor. Y lo mejor, sin duda, es el presente. Un presente al que hay que exprimirle cada minuto y hacer lo que más nos gusta. El ocio no puede faltar en nuestro día a día. Leer, ver una película, quedar con amigos, ir al cine o a ver un musical son siempre buenos planes pero viajar, tengo que reconocer que también me apasiona. 

La mente, como he dicho, viaja sin sacar ningún billete pero la posibilidad de descubrir el mundo es apasionante. Hace unos días, Madrid se convirtió con Fitur en el centro del turismo. Por Ifema pasaron muchos visitantes deseosos de encontrar el destino apropiado para una escapada o para unas vacaciones. Ver las imágenes de esta feria con tanto público alegran a cualquiera, porque atrás quedó todo lo que el coronavirus nos arrebató. La normalidad, aunque haya costado, está volviendo, por eso, el anhelo de conocer otros lugares también ha aumentado. 

La pandemia nos enseñó, entre otras cosas, a apreciar lo que tenemos; algunos esa lección ya la teníamos más que aprendida. En mi caso fue la vida la que me enseñó a priorizar y saber valorar las pequeñas cosas. Fue una lección de esas que no se olvidan nunca. Fue dura, de hecho reconozco que no me alegraré de haber tenido un cáncer pero sí de todo lo que me ha enseñado. Por eso, en los días más duros en los que mi vida cambió pude viajar y soñar con todos esos destinos a los que me gustaría ir. Quiero imaginar las fotografías que haría, por ejemplo, en Praga, en Viena, en Perú, en Playa del Carmen, en Córdoba, en tanto lugares recónditos que me saquen esa sonrisa cargada de felicidad y, por supuesto, cargada de vida. 

Dicen que la vida es un viaje y ésta tiene muchos viajes en su interior. Por eso, siempre estaré dispuesta a hacer las maletas para sumar vivencias a esta vida que me dio un segundo billete para seguir disfrutando de ella.  

Jimena Bañuelos

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