MIRANDO AL MAR

Dicen que el tiempo es oro, cuando, en realidad, el tiempo es vida. Por eso, no podemos despistarnos y debemos centrarnos en lo que realmente importa. Está claro que ser felices es a lo que aspiramos y aunque no siempre sea fácil dar con las teclas exactas de esa felicidad, cuando ésta se consigue la sensación es indescriptible. 

Acabo de soplar las velas en la tarta de mi cumpleaños. Como marca la tradición he pedido ese deseo que no se debe decir a nadie para que se cumpla. En realidad, cumplir todos los deseos es lo que hace la vida mucho más interesante. Algunos no dependen de nosotros y llegan cuando menos lo esperamos y el derroche de felicidad es abrumador, en cambio, otros, los vamos forjando con el paso de los días, los meses o, incluso, los años; pero el resultado es el mismo. Es más, me atrevo a decir que la satisfacción personal es un plus a añadir a esa felicidad que tanto nos llena de vida. 

Nunca me importó cumplir años porque eso es la vida. Soplar una vela más cada año es, para mí, un sinónimo de que estamos con nuestros seres queridos para continuar escribiendo otro capítulo de nuestro propio manuscrito. Este año, frente al mar, he comenzado una década nueva, la anterior fue maravillosa y fue en México donde comencé a acumular grandes recuerdos. Estos son inolvidables  y marcaron un antes y un después. Ahora, ante la inmensidad del Mediterráneo, toca seguir soñando y pensar en todo lo bueno que está por venir. Evadirse de la realidad es fundamental para recargar la energía de la mente. En la playa se construyen muchos castillos de arena, algunos duran muy poco y se deshacen en un suspiro; en cambio, hay otros que se caen y se vuelven a levantar para recordarnos que en la vida hay que hacer, en más una ocasión, borrón y cuenta nueva para levantarse tras cada caída con más fuerza y más seguridad en nosotros mismos. 

La autoestima es ese castillo que se va moldeando con los años y que tiene sus altibajos, pero nunca puede caer porque ser fiel a nosotros mismos es la base más sólida que podemos construir. El que dirán nunca podrá erosionar a quien conoce perfectamente sus virtudes y, por supuesto, sus defectos. De los primeros y de los segundos siempre se aprende pero también hay una evolución a medida que vamos cumpliendo años. 

Por eso, teniendo muy claro que la vida es lo que nos queda por vivir, me permito mirar a lo lejos y contemplar el mar que me ha visto crecer y con el que he soñado unos sueños, valga la redundancia, que ya puedo decir que se han hecho realidad. Una satisfacción infinita que no sacia mis ganas de continuar elaborando nuevos castillos. Está claro que la vida es hoy, pero también hay que soñarla y despertarse en el momento justo para que la imaginación ceda ante nuestra acción y, obviamente, ante la realidad. Una realidad que está cargada de grandes ilusiones. Unas ilusiones que no pueden faltar nunca. Gracias a ellas, las adversidades se llevan mucho mejor. Seamos conscientes que el calor pasa, que el verano también, pero cada día que pasa es un día que no vuelve. 

En definitiva, los castillos de arena no solo están en la playa, los castillos de arena están… 

Jimena Bañuelos

ESPAÑA

Una palabra de tres letras llena de alegría a todo un país. Gritar “gol” era lo que más anhelábamos y en dos ocasiones, ante Inglaterra, lo pudimos hacer. Queríamos la Eurocopa y la copa ya es española. Pocos creían en la Selección de Luis de la Fuente, pero partido a partido ha ido conquistando a toda una afición. Han ganado los siete partidos, han hecho una competición perfecta y España, más que nadie, se merecía levantar el trofeo en el Estadio Olímpico de Berlín.

El 14 de julio de 2024 ya forma parte de la historia de este país. Un sueño que se hizo realidad y que todos quisimos vivir acompañados de nuestra gente para, tras el pitido final, salir a la calle a gritar a pleno pulmón: “yo soy español, español, español”. Orgullosos de nuestros colores, las calles se llenaron de banderas y camisetas de la Selección, pero ¡ojo! que también el domingo, unas horas antes Carlitos Alcaraz conquistó Wimblendon. El deporte español reina en Europa y habrá a quien le escueza, pero la realidad es la que es. 

Y tras el sufrimiento siempre llega la gloria. Los goles de Nico Williams y de Mikel Oyarzabal nos hacían acariciar la victoria aunque no quiero olvidarme de la cabeza de Dani Olmo, quien bajo los palos despejó el balón que nos quería amargar la fiesta. Este equipo ha demostrado que la unidad hace la fuerza y esa fuerza nos ha llevado a lo más alto. Ahora toca festejar lo conseguido y las calles de Madrid son el escenario perfecto para ello. Si ya el domingo no entraba un alfiler en el Ayuntamiento Palacio de Comunicaciones o, como todos sabemos, en la Plaza de Cibeles, lo del lunes ha sido apoteósico. 

Obviamente, esas imágenes quedan grabadas en el recuerdo de todos. Es imposible no echar la vista atrás. Yo he visto ganar tres Eurocopas y un Mundial y siempre mi mente me recuerda a Luis Aragonés y no porque sea colchonera, que eso ahora no cuenta, sino porque fue con él con quien la historia cambió. Ahora otro Luis ha vuelto a hacer un cambio en el guión y ha llevado a España a lo más alto. Mítico es el “ganar, ganar, ganar y volver a ganar” pero es lo que ha hecho “La Roja” desde que De La Fuente está al frente de ella. Hay que estar muy orgullosos de lo que se ha conseguido, no hay que buscar lecturas más allá y, por supuesto, la política tiene que estar al margen de algo que nos une a todos: Nuestra bandera, nuestros colores y nuestros sentimientos. Unos sentimientos que son irrenunciables y que nadie puede cuestionar. 

Tampoco se puede cuestionar que en nuestro ADN está la fiesta. Eso también se nos da bastante bien. Por eso, la celebración ha sido épica. El deporte rey y el tenis han llevado a España a lo más alto. Los ingleses nos verán con recelo, pero era de justicia que el domingo el deporte se tiñera de rojigualda. 

Y dicho esto, sólo me queda felicitar a los campeones y disfrutar, como una aficionada más, de los triunfos que llevan a España a lo más alto. Nos han llenado la cara de sonrisas y eso es algo difícil de olvidar. Por eso, a los gritos de “yo soy español” no les puede faltar un “viva España” al unísono. Somos los mejores de Europa en el fútbol, cuatro copas nos avalan y en el tenis está Carlitos para seguir la estela de Rafa Nadal. No podemos pedir más, pero sí podemos pensar que nos quedan muchas victorias que celebrar. Hay talento a raudales, así que tiempo al tiempo…

Jimena Bañuelos

“EL SOL DE MÉXICO” EN MADRID

Caía la tarde en Madrid, pero en ese instante comenzó a amanecer en el estadio Santiago Bernabéu. Todo estaba listo para recibir a Luis Miguel, pero hasta que las pantallas no proyectasen ese sol radiante y espléndido, estaba claro que el espectáculo no iba a comenzar. Famoso es el “ahorita” mexicano y cumpliendo con ese patrón, el artista se hizo de rogar casi treinta minutos. Obviamente, los cuarenta y cinco mil asistentes estaban tan entregados a ese “sol” que la espera pasó sin pena ni gloria. Algún pitido hubo, pero la paciencia solo podía estallar con la euforia de ver a Luis Miguel sobre el escenario.

Meses llevaba el público esperando ver al “Sol de México”. Se esperaba mucho de este concierto, no hay que olvidar que Luis Miguel llevaba casi siete años sin hacer gira por España, y quizás la hora y media que duró se hizo un poco escasa pero, eso sí, no faltó ninguno de sus míticos temas. “Será que no me amas” dio el pistoletazo de salida a la música y a la alegría de todos. Por fin, el mexicano se dejaba ver con su elegancia habitual. Sabía que el público estaba rendido a él, y aprovechó eso para no darle un respiro. Fue encadenando un tema tras o otro. “Amor, amor, amor”, “Te necesito”, “Por debajo de la mesa”… y hasta hizo varios popurrís con canciones que quizás debería haber cantado enteras. Lo digo mas que nada por “Somos novios” o “La Incondicional”, pero bueno, el setlist estaba más que preparado y en él no había hueco ni para un saludo a los asistentes. Casi con los dedos de las manos se pueden contar las veces que el mexicano se dirigió a su público. “¿Se la saben?” Dijo como preludio a “La Bikina”, una canción que resonó en el Bernabéu como un auténtico himno. De hecho, la voz de Luis Miguel cedió ante la entrega del público. No podía faltar el mariachi y éste llenó de más fiesta el estadio.  

Un estadio que ovacionó los duetos virtuales que cantó Luis Miguel. “Sonríe” dejó con la boca abierta a muchos cuando en las pantallas apareció Michael Jackson. Fue una grata sorpresa al igual que “Come Fly with me” con Frank Sinatra. Éste, no es por nada y con permiso de los muy fans del anfitrión, sí es “La Voz” con mayúsculas. Escuchar a Sinatra o verlo cantar en una pantalla bien se merece una ovación.  

Es cierto que ovaciones y aplausos hubo a raudales, pero a pesar de que “el sol” iba iluminando cada vez más el escenario, la noche se iba echando en Concha Espina, pero había mucho margen hasta alcanzar la medianoche. Una pena que a las once y media pusiera el broche final con “Cuando calienta el sol”. El público no se conformó con lo que había vivido y quería más. Vitoreó a Luis Miguel hasta dejarse la voz, pero de poco sirvió porque lo único que obtuvo fue una sonrisa de gratitud del cantante que, de nuevo, fue incapaz de decir nada. Por supuesto, ante eso en el Bernabéu resonó al grito de “Oe, Oe” para intentar arrancar los “bises”, pero se encendieron las luces y la ilusión se apagó.

Y dicho esto, no negaré que disfruté, que me lo pasé bien, que tocó mi corazón al recordarme a mi México querido, que fue un buen concierto, que la espera mereció la pena, pero tengo que reconocer que “el sol de México”, a pesar de que brilló sobre el escenario de Madrid, hay detalles que se convierten en nubes y hacen que los recuerdos se encapoten un poco.

Jimena Bañuelos

ESPAÑA Y ALEMANIA, CARA A CARA

Dicen que después de la tempestad siempre llega la calma, pero en este caso la calma trae consigo una final adelantada. Solo puede quedar uno y proclamarse campeón de la Eurocopa es el sueño de las dos selecciones. Los alemanes son los anfitriones y los españoles ya saben lo que es arrebatarles a los bávaros esta competición. Hace apenas unos días se cumplía el aniversario del gol de Fernando Torres que lo cambió todo para ‘La Roja’. Hubo un antes y un después y, quizás, sea el momento de recurrir a los recuerdos para que ese espíritu que hizo vibrar a todo un país regrese. No es fácil porque la situación no acompaña, pero hay muchos aficionados al deporte rey que el viernes a las seis de la tarde se juntarán para apoyar a los de Luis de la Fuente. 

La Eurocopa está dejando claro cuales son la selecciones más fuertes. La vigente campeona ya está fuera. Para ser sinceros, Italia no ha mostrado su mejor versión. Tampoco lo ha hecho Inglaterra, pero la fortuna ha querido sellar su pase a cuartos. España ha demostrado su valía y con goles ha convencido a más de un escéptico. No es el momento de creerse más que nadie porque en el fútbol todo puede pasar. Ya dijo el poeta romano, Publio Siro, que “es imposible ganar sin que otro pierda” y tras la fase de grupos, los errores pueden salir muy caros; pueden convertirse en el pasaporte de vuelta a tu país. Obviamente el objetivo es estar en Berlín el próximo 14 de julio

Die Mannschaft no es una selección cualquiera. Alemania ha tenido sus altibajos, pero en sus tierras ha demostrado que quiere la copa. Para muchos es la Alemania de Kroos, un jugador que se retira y que quiere hacerlo por todo lo alto. Al nombre de Kroos se pueden añadir otros, no porque se retiren del fútbol sino porque será su última Eurocopa. El tiempo no perdona y los años tampoco. Eso sí, la ilusión y el esfuerzo por llegar a la final son evidentes. Estas cualidades maduran, precisamente, con la edad; al igual que la experiencia. Ésta es un arma cargada de sabiduría y como aliada es de las mejores. 

Por delante quedan noventa minutos de fútbol que dan acceso a la semifinal si haces los deberes. Unos deberes que saben a victoria porque la agridulce derrota nunca es plato de buen gusto para nadie. No sabemos que pasará pero está claro que “la derrota tiene algo positivo: nunca es definitiva. En cambio, la victoria tiene algo negativo: jamás es definitiva”. Los que sí son definitivos son los sentimientos hacia tus colores. A estas alturas, lo único que tengo claro es que el viernes tendré un equipo asegurado en la semifinal. No sé si vestirá de blanco o de rojo pero orgullosa de ellos estaré. Lo de tener el corazón partío es una sensación compleja. Las emociones son ese engranaje que vemos en la película Inside Out 2. Por eso, no es el momento de escuchar al corazón, ni de que me digan “lo llevas en la sangre”. Quizás, un “que gane el mejor” sea lo justo por mi parte. Ahora bien, todos sabemos que el deporte rey es caprichoso y hace sufrir. Por eso, hay que estar preparado para todo. Recuerdo estas palabras de Séneca: “Vencer sin peligro es ganar sin gloria”. Ser el mejor no es fácil pero, como he dicho al principio, solo puede quedar uno… y tras el pitido final no hay que olvidar esto de Jacinto Benavente: “En la pelea, se conoce al soldado; sólo en la victoria, se conoce al caballero”. 

Viel Glück o Mucha Suerte! Ahí lo dejo…

Jimena Bañuelos

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