EL MILAGRO DE LA TIERRA

Célebres son los versos de Calderón de la Barca: “¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión / una sombra, una ficción, / y el mayor bien es pequeño/ que toda la vida es sueño/ y los sueños, sueños son”. Unos sueños que nos marcan de una manera o de otra porque con ellos vamos creciendo y son estos los que se van adaptando a nuestra propia existencia. 

Una existencia que en más de una ocasión nos cuestionamos. Está claro que no es lo mismo ser que estar, y somos, muchas veces, lo que las circunstancias nos marcan. “El milagro de la Tierra” es un recorrido por la vida de su intérprete. Juanjo Artero brilla sobre las tablas del Teatro Bellas Artes de Madrid. Y brilla incluso cuando las luces están en penumbra. Un actor da vida a muchos personajes, pero en general todos somos muchos personajes. Es cierto que dentro de nosotros mismos hay un universo de personalidades que dan la cara cuando es preciso. Reflexionar sobre lo que somos y donde estamos siempre lleva a mirar hacia el interior de uno mismo. Artero lo hace con una maestría que es digna de vivir en directo. Durante la hora y cuarto que dura “El milagro de la Tierra”, vamos creciendo con el protagonista mientras nos relata su vida y nos llega, de verdad, recitando a grandes autores. Rosalía de Castro, Whitman, Pirandello, Cervantes, Shakespeare… son algunos de los clásicos que además de ser clásicos son muy contemporáneos. 

El pasado, el presente y el futuro marcan los pensamientos de los seres humanos. Somos, como dice Juanjo, el bien y el mal, la calma y el tormento, lo positivo y lo negativo… Somos, en definitiva, una mezcla de un todo que es difícil de explicar, pero también de comprender. Eso sí, no todo es reflexionar porque la vida está para disfrutarla, para reírla, para saborearla y Artero consigue, además, sacar más una sonrisa y hasta alguna que otra carcajada mientras explica “El milagro de la Tierra”.

Un milagro que es muy recomendable disfrutar, con mayúsculas, en el teatro. Durante el mes de octubre estará en la capital para deleitar a todos los que se animen a adentrase en una atmósfera especial que derrocha talento desde el primer minuto. Juanjo Artero nos ha acompañado en nuestras vidas, precisamente, dando vida a muchos personajes que han crecido con nosotros. Siempre quiso ser actor y se nota que disfruta con lo que hace. Quizás, sea “El milagro de la Tierra” la obra perfecta para conocer no solo al actor sino a la persona que hay en su interior. 

Y dicho esto, reconozco que la obra, la cual tenía muchas ganas de ver, me ha gustado mucho. Querido Juanjo, sabes que te admiro pero nunca te he dicho que recitas como nadie. Espero que algún día me recites los versos más especiales para mí. Sabes que “aún tengo la vida” y lo que eso significa. Por eso, gracias a “El milagro de la Tierra” he vuelto a reflexionar, como tú lo haces, sobre esos porqués que todos llevamos dentro. Cada día es un milagro, hay quienes estamos en la segunda oportunidad que nos ha dado la vida, pero si algo tengo claro, querido Juanjo, y seguro que coincidimos en ello, es que la vida es lo que nos queda por vivir. ¿Qué personaje interpretaremos? No lo sé. El destino nos lo dirá. 

Jimena Bañuelos

ENTRE COPAS

Decía Francis Bacon: “Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer.” Y, precisamente un poco de todo eso tiene la obra “Entre Copas”. Un historia llena de detalles que envuelve al público de principio a fin. Seamos realistas y  pensemos cuantas cosas hemos dicho y hecho entre copas cuando los amigos están con nosotros. Pues bien, en el Teatro Reina de Victoria de Madrid podemos adentrarnos en una historia que nos sacará más de una sonrisa pero también más de una reflexión. En una hora y media suceden muchas cosas y en ellas no se dan puntadas sin hilo.

Todo comienza con una despedida de soltero y su mejor amigo. Juanjo Artero, es Andrés, su soltería tiene los días contados, pero su carácter de vividor y seductor le llevan a querer despedirse de su estado civil como marcan las tradiciones. Para ello cuanta con Miguel a quien da vida Patxi Freytez. Es cierto que la manera de vivir de éste dista mucho de la de su mejor amigo. Entre el optimismo de uno, el pesimismo del otro y la vida compartida entre ellos surgen momentos inolvidables unos por las risas que generan y otros por lecciones que transmiten. Todo ello acompañado de un buen vino en La Rioja. Es allí donde conocerán a Amaia y a Terra. Dos mujeres que trabajan en las bodegas de la zona y son grandes entendidas en vino. Ana Villa interpreta a Amaia tiene una personalidad muy marcada y es, obviamente, una mujer muy independiente. Los pequeños detalles en su interpretación delatan el talento de mujer. Por otro lado, Elvira Cuadrupani es Terra, amiga de Amaia y juntas forman el tándem perfecto para vapulear los pensamientos que Andrés y Miguel tienen en su cabeza. Unos pensamientos basados en la vida y en como afrontarla. El tiempo pasa y los momentos son el presente aunque siempre se busca la ocasión perfecta para degustar, como es el caso de Miguel, su mejor vino. Quizás esa perfección que uno busca no exista y la vida se nos escape. La mente es la que guía pero también hay que escuchar al corazón.

Un corazón que trae de cabeza a Andrés, pero ya se sabe que entre copas puede ocurrir lo inesperado. Es cierto que no sabe de vinos como su amigo, el frustrado escritor. Quizás, si me pongo a su altura pueda recordar a Dalí diciendo: “El que sabe degustar no bebe demasiado vino, pero disfruta sus suaves secretos.” Un consejo válido al principio pero difícil de mantener cuando el guion de la vida te lleva por otros derroteros. En cambio a Andrés le pega más la famosa frase de “el que al mundo vino y no toma vino, ¿a qué vino?” Pues vino hay a raudales al igual que talento sobre las tablas.

Y muchas tablas tienen Juanjo Artero, Patxi Freytez, Ana Villa y Elvira Cuadrupani para trasladar a los espectadores a una historia entretenida en la que se muestra la amistad, la soledad, la alegría, la tristeza, la sinceridad, la nostalgia y muchos valores que están en nuestra rutina. Eso sí, el fin está claro. Hay que gozar del presente, dejar de lado la amargura porque en la vida puedes ver el vaso medio lleno o medio vacío pero siempre es mejor quedarse con lo positivo. La actitud lo es todo y “Entre copas” te enseña el camino a ello o al menos, entre risa y risa, te deja un “run run” en la cabeza que te invita, además de a tomarte un buen vino, a reflexionar. 

En definitiva, parafraseando a Pío Baroja, “viva el buen vino, que es el gran camarada para el camino.” Un camino en el no puede faltar un buen amigo, que a su vez, es un buen confidente. La amistad devuelve favores porque hay valores que son incuestionables. Vamos, que “entre copas” todo es posible, pero vida no hay más que una y ésta sí es una gran reserva con denominación de origen que tiene que ser degustada por uno mismo día a día hasta el final. Cada uno es dueño de su propia botella. Ahí lo dejo…

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Aguacates

Se habla mucho de sus propiedades porque es rico en vitamina E y C. Además posee numerosos minerales como calcio, hierro, fósforo, magnesio o cinc. Pero yo no he venido a aquí hablar de esta fruta o verdura como todos la conocemos. Confieso que soy fan de los aguacates pero desde que pasé por el teatro Príncipe Gran Vía me enamoré aún más de ellos. Desde que se levanta el telón, la obra de Tirso Calero, te descubre que los aguacates, además, te sacan una sonrisa. En su etiqueta lo dicen todo: “Porque la vida solo se vive una vez”.

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Aguacates de Tirso Calero dirigida por Jose Saiz

Y con ese lema y un elenco de actores espectacular arranca una obra de teatro que te enseña a valorar el presente, mostrando la realidad en la que vivimos y manifestando que los problemas no lo son tanto. La actitud ante la vida depende de cada uno de nosotros. De ahí que cada personaje tenga sus peculiaridades. Lucía Ramos, Silvia, borda el papel de una joven que con tan solo dieciocho años aspira a experimentar todo en la vida. Esas ganas las transmite con tanta pasión que más de una recordará cómo fue su mayoría de edad. Su padre, Marcelino, lo interpreta Jesús Cabrero. Su mentalidad conservadora contrasta con la de su mejor amigo, Toni, Juanjo Artero, un aventurero. Dos formas de vivir pero ninguno puede hacer reproches al otro, ahí te enseñan que la vida la escribe cada uno como quiere, asumiendo sus errores pero dándose cuenta de que lo único importante es disfrutar que para eso hemos venido. Esa, sin duda, es la filosofía de Rabo, Ricardo Saiz. Su camino ha sido muy diferente al de todos ellos, por eso, la conjunción de los cuatro hace que los diferentes puntos de vista se conviertan en la combinación perfecta para aprender a valorar. Todo ello, eso si, riendo a carcajada limpia porque el público no puede parar.

Aguacates no te deja indiferente. Tiene mucho mensaje. Merece la pena adentrarse en el viaje de vacaciones de estos personajes porque su talento consigue no solo meterte en la historia sino hacerte pensar. Es cierto que la vida solo se vive una vez, pero cuando te da una segunda oportunidad como es mi caso, aprendes a relativizar lo que crees que son problemas. Salí del teatro con la sonrisa puesta, con las ganas de vivir recargadas porque al Aún tengo la vida le puse como guarnición Aguacates.

Jimena Bañuelos (14ximenabs)

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