Noche espectacular en La Montaña Rusa de Dani Martín

Siempre hay un buen motivo para ir a Burgos, y en esta ocasión fue Dani Martín el que provocó que Ana, Rosa y yo pusiéramos rumbo a la ciudad que me vio nacer. Sabíamos la hora, el lugar y todas las letras de sus canciones pero lo que no esperábamos es que mi ciudad, conocida generalmente por el frío, nos diera la bienvenida con un cielo azul radiante y veintisiete grados en el termómetro. Sin duda, una buena forma de comenzar el otoño. Sois unas privilegiadas por poder decir que habéis pasado calor en las tierras del Cid.

Y como buena burgalesa hasta la hora en la que nos subiríamos a la montaña rusa de Dani Martín, hicimos un recorrido por la historia, porque si hay algo de lo que Burgos puede presumir es de su riqueza cultural. A los pies de la catedral contemplamos su grandeza y el ir y venir de los muchos peregrinos que quieren fotografiarse con la escultura del peregrino sentado en un banco. Ahí arrancó un paseo de más de dos horas que nos llevó a la Iglesia de Santa Águeda, a la de San Nicolás, a San Esteban y solo por ver las vistas que hay desde el mirador del Castillo subimos las incontables escaleras… pero todo esfuerzo tiene su recompensa. De ahí bajamos por Saldaña, el que fue mi colegio, para llegar a San Gil, la calle La Paloma y la Plaza Mayor. El Espolón nos llevó a ver al Cid y a Doña Jimena en el Puente San Pablo. Ya solo teníamos que cruzar la calle y entrar en el Forum Evolución para disfrutar del espectáculo que Dani Martín tenía preparado.

De la tranquilidad de la Catedral a la adrenalina de Dani Martín

Teníamos muchas ganas y precisamente con Las Ganas arrancó el concierto. Un acorde de la canción bastó para que los asistentes nos pusiéramos de pie y no parásemos de saltar en las más de dos horas que teníamos por delante. Dani se entregó a un público que respondía a todos sus deseos. Y no es para menos porque este ferviente colchonero es pura adrenalina. En Burgos celebró el aniversario del lanzamiento de este disco. También reconoció que hacía calor y entre bromas fue interpretando todos los temas sin dar tregua a un descanso. No podían faltar en el Forum las canciones de El canto del Loco. Ya con ellas, nos volvimos todos “locos” porque la euforia inundaba el ambiente. Hasta la presentación de los músicos fue diferente. La originalidad y peculiaridad están en el ADN de este artista que no deja indiferente a nadie. El público quería más y Dani no defraudó. Nos tocó el corazón con su canción más especial, las palpitaciones iban a su ritmo y aún así, consiguió volver a ser un torrente de energía para acabar saltando en Los Charcos con todos.

Las despedidas nunca gustan y más cuando te lo estás pasando bien. Pero que mejor manera de decirle adiós que viendo en su mano una bufanda del Atlético de Madrid. Nosotras tres somos colchoneras hasta la médula y viendo esos colores, sabiendo que habíamos ganado, su sonrisa y el ambiente que había generado, lo mejor que podíamos cantar, modificando un pelín la letra de tu canción, era Madrid, Madrid, Madrid; te espera.

Veinticuatro horas intensas pero, sin duda, veinticuatro horas inolvidables.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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De Sampedros por Burgos

Después de las fiestas son necesarias cuarenta y ocho horas para recuperarse. Burgos puso punto y final a las fiestas de San Pedro y San Pablo el pasado domingo rindiendo homenaje a los burgaleses ausentes. Reconozco que hacía muchos años que no me colgaba al cuello el típico pañuelo rojo con el escudo de mi tierra. La vida te va llevando por caminos que te alejan de la ciudad que te vio nacer pero por muy grande que sea la distancia siempre el corazón te lleva a regresar.

Algo así me sucedió hace unos días. Había un fuerza en mi que me empujaba a coger el primer autobús rumbo a las tierras del Cid. Y nada más llegar vi la estatua de Rodrigo Díaz de Vivar engalanada para la ocasión. En ese momento, recordé aquellos años en los que siendo una niña lucí mi traje regional agarrada del brazo de mi padre y, por supuesto, de mi abuelo, un ferviente burgalés que allá donde fuera siempre presumía de sus raíces. Algo que me inculcó siendo yo muy pequeña.

Los Gigantillos bailando en la Plaza Mayor ante el público burgalés

Siguiendo con las tradiciones si hay un acto que resalta de todo el programa de fiestas es la ofrenda floral a Santa María La Mayor. Las peñas y sus reinas se acercan hasta los pies de la catedral para mostrar sus respetos a la patrona y pedir por todos los burgaleses. En el camino desde la Iglesia de San Lesmes hasta la plaza de San Fernando se pueden escuchar los acordes de muchas jotas, canciones populares y por supuesto, el mítico Burgalesa. Allí ante la atenta mirada de los asistentes, la comitiva real y las Falleras mayores como invitadas de honor, los Gigantillos bailan para alegrar la fiesta. Esta simpática pareja de cartón-piedra de casi dos metros y medio de altura y sesenta kilos de peso representan a los burgaleses de pro. Él viste con una capa de color marrón, un sombrero de ala ancha y una faja de rojo bermellón. Ella, con camisa blanca, falda de vuelo y mandil negro, luce en su rostro una amplia sonrisa, aunque la que no pasa desapercibida es la verruga con pelo incluido. Eso sí sus andares son inconfundibles.

El Cid y Doña Jimena en el Paseo del Espolón, Burgos

Como inconfundibles son los Gigantones que junto a los Gigantillos protagonizan todos los días el pasacalles por Burgos. Los Gigantones representan a las distintas razas del mundo. Pero de todos ellos, hay una pareja que se lleva la mayoría de las fotos. El Cid Campeador y Doña Jimena son la debilidad de los más pequeños. Y de nuevo me vienen a la mente muchos recuerdos al verlos a todos en la Plaza Mayor. Así que era el momento de dejar salir al niño que todos llevamos dentro para hacerme una foto con mi tocaya. Eso sí, al lado de esta Doña Jimena de casi cuatro metros de altura y setenta y dos kilos de peso te sientes más que pequeño. Y lo mismo pasa con el Cid, aunque éste pesa ochenta y cuatro kilos.

En Burgos, se respira historia en todos los rincones. Sus tradiciones estos días llenan las calles. Como en todas las fiestas, la música está presente, los fuegos artificiales a la orilla del río no pueden faltar, las peñas amenizan cada momento y, por supuesto, las tapas son las aliadas para recuperar las fuerzas. En estos días en mi tierra, acompañada por mi prima, he vuelto a revivir mi experiencia como reina. Las fiestas ya se escriben en pasado pero en mi viaje de vuelta me acuerdo de lo que dijo Nelson Mandela: “No hay como volver a un lugar que no ha cambiado para darte cuenta cuánto has cambiado tú”.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)