
El calendario nos dice que ya es oficial la llegada del otoño. Cada uno habrá recibido esta nueva estación con más o menos entusiasmo. No sabemos lo que ésta nos deparará, pero el tiempo nos lo irá mostrando. Atrás quedó el verano. Es cierto que la vida se compone de comienzos y despedidas, de momentos que vienen y van, y nosotros seguimos perennes en ese día a día que vamos descubriendo. Llegará la caída de las hojas, la oscuridad de las tardes y nos iremos adaptando a aquello que un par de meses atrás nos parecía lejano, incluso que faltaba una eternidad para que llegara. Todo es relativo, según se mire. Evidentemente, nosotros también somos un poco como las estaciones. Cambiamos, nos vamos transformando y, sobre todo, aprendemos a convivir con nuevas circunstancias, aunque sigamos siendo los mismos. Posiblemente, ahí esté la magia de la vida, en saber recibir cada etapa sin renunciar a nuestra esencia, a nuestros principios.
La vida te va enseñando a su manera. Dicen que con el paso de los años te vas haciendo más sabio. No lo sé. Quizá sea así, pero estoy convencida de que, si prestas atención a esas enseñanzas, darán sus frutos. No siempre es fácil adaptarse ni aceptar un presente que se aleja de los ideales que la mente nos muestra en nuestros sueños o en nuestra imaginación, pero sí lo es cuando buscamos aquello que nos llena como personas. Creo que la esencia de uno mismo se alimenta de las experiencias buenas y también de las malas.
Quizá por eso cada cambio de estación sea también una pequeña invitación a detenernos y mirar lo que hemos vivido. El otoño ha llegado sin pedir permiso, es su momento y depende de nosotros mismos aprovecharlo como si del verano se tratase. Es más, nos recuerda que hay cosas que necesariamente tienen que caer para que otras puedan volver a crecer. Creo, sinceramente, que con las personas y con la vida ocurre algo parecido. No siempre es sencillo aceptar los cambios o dejar atrás aquello a lo que ya no merece la pena aferrarnos, porque de lo que se trata es de avanzar, de crecer y de aprender que todo tiene su momento, su tiempo y su cometido.
Así que recibo este otoño con la curiosidad de quien sabe que aún quedan muchas páginas por escribir. Seguiré disfrutando de los pequeños momentos, de las personas que suman y de todo aquello que consigue que la vida tenga sentido. El tiempo seguirá pasando, las hojas seguirán cayendo y nosotros continuaremos avanzando, con nuestros aciertos y nuestros errores, pero también con nuestros principios y nuestra esencia. Porque al final no se trata de permanecer iguales, sino de cambiar sin dejar de reconocernos. Y si algo he aprendido es que la vida merece ser vivida de frente, sin demasiados filtros y sin perder un solo minuto en aquello que no nos hace felices.
Estamos en otoño, pero… que caigan las hojas, pero nunca las ganas de seguir viviendo.
Jimena Bañuelos
Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/09/28/que-caigan-las-hojas/
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