MÚSICA, MÚSICA Y MÁS MÚSICA

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Mi columna para El Valle de México

“Voy a pasármelo bien”. Ésta era la premisa que tenía para arrancar el fin de semana, dejando atrás, por ejemplo, la resaca electoral. Este fin de semana había que dejar de lado la política, el fútbol y la actualidad en general. Es bueno huir de la realidad y olvidarse por unas horas de los pactos políticos, los resultados de los partidos clasificatorios y todo eso que llena nuestra rutina. Permitidme que en esta ocasión me deje llevar por la música. Esa música que ha crecido conmigo, que me llena de recuerdos y que está muy alejada del reggaetón que lo ha inundado todo.

Obviamente, mi premisa no es mía, es todo un clásico de los Hombres G. Lo único que yo puedo aportar es la actitud, porque con ésta acudí al concierto que David Summers y compañía ofrecieron en el Wizink Center de Madrid. Allí con un público entregado presentaron su último trabajo: Resurrección. Nos pidieron que Confiáramos en ellos y, por eso, Desde el minuto uno el público se entregó a los Hombres G. Eso sí, como era de esperar, Resurrección quedó eclipsado, sin duda, por los temas que hicieron vibrar a las miles de personas que allí nos encontrábamos. Nos sentíamos bien. Ellos notaron que queríamos cantar, por eso, no dudaron en pedirnos que Nos soltáramos el pelo y Visitáramos su bar para darlo todo al ritmo que nos iban marcando. Eso sí, tenían claro que algún Chico tenía que cuidarse, pero esa lección ya estaba bien aprendida sabiendo que desde hace años Marta tiene un marcapasos. Sinceramente, no nos llevaron a Venezia pero nos dejaron Temblando solo con Un par de palabras. Saben que el cariño es mutuo y por eso, después de dos horas largas la gente quería más. Es lo que tiene la música… O como decía Tolstoi: “La música es la taquigrafía de la emoción”.

Pues con esa emoción, esa resaca de sentimientos y adrenalina se puede asegurar que hay verdaderos “Locos por la música” como los que estábamos el sábado en el antiguo Palacio de los Deportes. Me considero una de ellas. Y sí, este fin de semana no he salido de allí. Es cierto que ésta me acompaña en mi día a día. Sin duda, cada momento tiene su propia banda sonora. Por ejemplo, los Noventa fueron especiales. Y quien diga lo contrario se… Ahí lo dejo… Si Venezia era la propuesta de Hombres G, Ciencias Naturales, a todo ritmo, nos embarcaron, con permiso de  Mecano, en un Barco a Venus. A Venus no fuimos, pero con ellos la noche arrancó a toda velocidad, la música no paraba y los artistas fueron sacando muchos recuerdos a los asistentes. Algunos se encontraron con Un pingüino en el ascensor, por ejemplo y otros necesitaron Guaraná para aguantar las cuatro tras horas de concierto. Menos mal que lo cerró Seguridad Social… Así que todos tranquilos.

En definitiva, la música es un arte que nunca pasa de moda. Es un idioma universal capaz de ponerte la carne de gallina con escuchar tan solo unos acordes. Conocida es la frase que dice: “Cuando estás feliz disfrutas de la música, pero cuando estás triste entiendes la letra”. Por eso, y dado que ayer estuve escuchando y cantando con Diego Torres cierro este paréntesis, que he hecho en la actualidad, con mi banda sonora favorita. Siempre con el Color Esperanza por bandera viajaré por la vida sin prisa pero sin pausa, porque si hay algo que no puedo olvidar es que Aún tengo la vida.

https://www.elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/7586/musica-musica-y-mas-musica

 

 

 

 

Mítica noche de Carlos Vives y su fiesta para todos

Llevaba meses esperando ese día, por no decir años. Fue en el 2013, la última vez que bailé y canté al ritmo que me marcaba “el rey del vallenato”. Carlos Vives tenía preparada la mejor fiesta para todos en el Wizink Centre de Madrid. Ya se sabe que cuando Vives sale al escenario, la música se convierte en la mejor inyección de adrenalina llevando a la alegría a niveles más que elevados.

Eran la siete y media de la tarde cuando el antiguo Palacio de Deportes abrió sus puertas para acoger a las miles de personas que estaban dispuestas a darlo todo a ritmo de cumbias y vallenatos. Tras una larga espera, amenizada gracias a la charla con Nathalie, Andrés y su gente, llegó el momento más deseado. Se encendieron las luces rojas del escenario y solo faltaba el director Carlos Vives para que comenzara la acción. Hubo un pequeño retraso que, sin duda, le fue perdonado cuando sonaron los acordes de La Bicicleta. Fue la primera canción aunque en esta ocasión la bici no apareció. Con la gracia que caracteriza a este colombiano, aclaró que se le había salido la cadena. Aún así, bromas aparte se iniciaron dos horas de baile intenso, de canciones más que conocidas, en definitiva, un concierto digno para el recuerdo.

Carlos Vives brilla en Madrid

Precisamente, es en el recuerdo donde se guardan las buenas experiencias de la vida. Particularmente, Carlos Vives siempre trae a mi cabeza grandes momentos. Es verdad que también me trae nostalgia. Me acuerdo de buenos amigos que tengo al otro lado del charco, como Gustavo, un colombiano orgulloso de su tierra y que anteayer disfrutó viendo los videos de este concierto. Pero esa añoranza no puede superar a la perenne sonrisa con lo que Vives cautiva a sus seguidores. Dicen que “la sonrisa significa mucho. Enriquece a quien la recibe, sin empobrecer a quien la ofrece. Dura un segundo pero su recuerdo, a veces, nunca se borra.” Algo así me pasa a mi con “el rey del vallenato”. Carlos Vives me llena de positividad hasta en los malos momentos.

Sonó la mítica Gota Fría, la popular Fruta Fresca, El rock de mi pueblo con Morat y ya rondando el final Carito dio paso a La Bicicleta está vez sí con Carlos subido en ella. El público seguía cantando con la misma intensidad que al principio. Algunos ya con la voz muy perjudicada querían más. Porque cuando estás disfrutando el presente, el tiempo pasa más deprisa. Ahora no sabemos cuando te volveremos a ver por Madrid. Así que, Carlos, date prisa, porque las esperas son largas y ya te echamos de menos.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)