BURGOS ES RAÍZ, HISTORIA Y DIGNIDAD

Hay chistes que no hacen gracia. Comentarios repetidos que ya no son bromas, sino burlas que delatan ignorancia. El otro día ante un texto en inglés leí este comentario: “traducido también al español… para los de Burgos o Soria”. ¿De verdad eso le hace gracia a alguien? ¿Quién necesita rebajarse a ese nivel para llamar la atención?

Solo quien no conoce Burgos puede permitirse el lujo de despreciarla. Solo quien no ha pisado sus calles ni ha escuchado a su gente puede intentar reírse con chistes fáciles. Porque Burgos es historia viva, cabeza de Castilla y ejemplo de dignidad. En esta ciudad nació buena parte de lo que hoy entendemos por España. Burgos ha sido siempre raíz, cimiento y empuje. Y no lo dice un localismo inflado: lo dice la historia, los hechos, la realidad. Y si hablamos de cultura, Burgos no solo fue cuna del castellano: fue cuna de héroes, sabios y exploradores del alma humana. Aquí nació El Cid Campeador, más allá del mito, como símbolo de lealtad, valentía y sentido del deber. De estas tierras también salió Félix Rodríguez de la Fuente, el hombre que enseñó a generaciones a mirar al mundo natural con respeto y admiración. Y en Atapuerca, esta ciudad guarda uno de los patrimonios más importantes de la humanidad: las huellas de nuestros antepasados, una puerta directa al origen. Porque quien camina por Burgos no pisa solo historia, pisa cultura viva. Y eso no se aprende en memes ni en chistes: se aprende viajando, escuchando, y sobre todo, respetando.

Es más, si la ciudad impone respeto, su gente lo merece aún más. El burgalés no es de alarde ni de ruido, pero sí de principios, de palabra y de constancia. Gente trabajadora, discreta, resistente. Gente que no grita pero que actúa. Que no presume, pero que responde. Que lleva su tierra en la piel y en el alma. Burgaleses de pro que viven con los pies en el suelo y la cabeza bien alta. En Burgos se valora lo auténtico, lo que se gana con trabajo, lo que se respeta con el tiempo. La fidelidad a las raíces no es una moda: es una forma de vivir.

El orgullo burgalés no necesita escudos ni pancartas. Se demuestra en el día a día: en los abuelos que cuentan historias sin perder la memoria, en los padres que educan con esfuerzo, en los jóvenes que se marchan sin romper el vínculo. Se demuestra en esa frase tan sencilla y tan cargada de sentido: “soy de Burgos”, dicha con la frente en alto, sin adornos, sin necesidad de explicación porque podrás sacar a un burgalés de Burgos… pero jamás podrás sacar Burgos de un burgalés.

Así que no, Burgos no es un chiste ni es un cliché. Lógicamente, sus gentes no son blanco de bromas. Burgos es piedra firme, alma serena y convicción profunda. Y quien no lo entienda, quizás debería pasar por la ciudad. Escuchar. Mirar. Aprender. Y dejar de hablar desde la ignorancia. Que nadie se equivoque: reírse de Burgos y de los burgaleses es retratarse a uno mismo. Es demostrar que no se ha aprendido nada. Porque cuando uno menosprecia a quien mantiene la cabeza alta con humildad, lo que revela es su propia pequeñez. Burgos es tierra firme, gente de palabra y cultura de raíz.

Jimena Bañuelos

Enlace en EL VALLE (México): https://elvalle.com.mx/2025/10/20/burgos-es-raiz-historia-y-dignidad/

Por Burgos

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Es conocida por su gastronomía, por su riqueza cultural, por su climatología y desde hace dos días por la violencia de unos pocos. Estoy hablando de Burgos. La morcilla, la catedral, los antepasados de Atapuerca y el frío se han visto eclipsados por las protestas de unos radicales; y todo ello, por la construcción de un bulevar. Si el Cid levantara la cabeza…

Soy burgalesa de nacimiento y me avergüenza lo que veo. Burgos no se merece eso. Si se quiere protestar se puede hacer, pero no de esta manera. ¿Qué sentido tiene atacar oficinas bancarias, quemar contenedores o lanzar piedras contra los antidisturbios? Que me lo expliquen, por favor, en el castellano más puro porque a día de hoy no lo entiendo.

La vida me ha ido alejando del Paseo del Espolón, el Arco Santamaría, la Calle Vitoria y, por supuesto, del “guerrero” barrio de Gamonal, pero sigo sintiendo algo especial por la ciudad que me vio nacer. Defiendo a sus gentes, alabo su grandeza e invito a todo el mundo a recorrer todos y cada uno de los rincones de esta ciudad castellana.

Entiendo que la situación actual está provocando un nerviosismo interno en cada uno de nosotros que en cualquier momento nos puede hacer estallar. Estamos cansados de recortes, de políticos, de que nos roben y de tantas cosas… Pero protestando así, la única perjudicada es Burgos. Me gusta el juego de palabras de una de las proclamas de anoche: “La calle es de Burgos, no Burgos de Lacalle”. Cierto es, el señor Lacalle es el alcalde pero la calle, como bien dicen, es de los burgaleses. Y cuando digo burgaleses… ¡ojo!… me refiero a los que protestan y a los que no…

Con el paso de los años las cosas van cambiando, las personas vamos envejeciendo y ganando experiencia. Las ciudades se van modernizando. Me acuerdo, por ejemplo, lo mucho que se protestó cuando se comenzó a limpiar la catedral…¿Alguien se acuerda de la fachada negra y gris que tenía?…¿Y lo bonita que está ahora?… Los cambios hay que aceptarlos, y más, cuando son para mejorar.

Burgos “va evolucionando” mucho desde el día que me marché con una maleta. Pero si hay una cosa que sigue siendo igual con el paso de los años es su himno. Lo crearon en 1920 Calleja y Zurita. Tenía ocho años cuando mi abuelo me lo enseñó. Dudo que se lo sepan los que han hecho las barricadas porque sus versos lo dicen claro: “ Aprendamos todos juntos a cantar a nuestra tierra, a leer en su pasado y a labrar su porvenir”.

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

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