DECIDE EL METROPOLITANO: CORAJE Y CORAZÓN

Dice el parte meteorológico que las temperaturas darán un respiro en los próximos días. Dejaremos atrás las tardes gélidas pero por mucho que suba el termómetro nada podrá igualar lo que va a suceder esta tarde entorno al Metropolitano. Allí se vivirá un ascenso frenético de calor, pasión y sentimientos. Todo esto pasará a las siete menos cuarto de la tarde cuando la climatología anote el efecto rojiblanco en la capital. Si a las borrascas se las pone nombre, este efecto se llama ‘Atleti’.  De hecho, este Atleti será un cóctel de anticiclón rojiblanco con ráfagas de tormenta emocional que se desata cuando el equipo de tu vida salta al terreno de juego. Evidentemente, esto no lo mide ningún satélite, pero lo sienten las miles de gargantas dispuestas a empujar hasta el último suspiro.

Vuelve la Champions a la casa colchonera en una eliminatoria empatada. Enfrente estará el Brujas. Por eso, no hay margen para los titubeos. Todos sabemos que los errores se pagan muy caros y solo puede quedar uno. Los de Simeone lo saben y su afición también. Soñar con “La Orejona” no es una utopía porque todo se puede cumplir si se trabaja para ello. Nunca hay que dejar de creer, porque este escudo ha demostrado que la fe mueve montañas. Y todos tenemos grabadas aquellas palabras eternas de Luis Aragonés: “ganar, ganar, ganar y volver a ganar”. Un mantra que retumbará desde el tercer anfiteatro y en cada rincón del estadio.

Sin duda, esta tarde habrá que armarse de mucho “coraje y corazón” porque el pase a los octavos está a noventa minutos frenéticos. De ahí que el equipo deberá saltar al terreno de juego sin complejos, con determinación y con esa identidad que marca el himno: luchar como hermanos defendiendo sus colores. La actitud lo es todo. Un todo que tiene, valga la redundancia, todos los ingredientes para convertir esta noche en una ola de pasión, de adrenalina, de emoción, de nervios y, por supuesto, de calor porque la temperatura, está claro, que irá en aumento desde el momento en el que empiece a funcionar el cronómetro. Esperemos que la montaña rusa en la que hemos vivido últimamente se frene ante el Brujas. 

Seguir en la Champions es lo que está en juego. Sabemos que hay que ir partido a partido hasta el final. Ser uno de los mejores equipos de Europa es un honor y el Atleti se merece eso y mucho más. La mejor afición estará, como siempre, arropando a los suyos. Todos listos y dispuestos para dejarnos la voz, sentir el palpitar de nuestro corazón y sufrir lo que sea necesario. Ser del Atleti implica todo eso y mucho más. Un sentimiento que no se puede explicar, es una forma de vida.

Y dicho todo esto, solo puedo añadir que gracias a esta bendita locura, ya tengo lista la camiseta, el corazón a punto, y la emoción desbordada. El Atleti tiene que ganar y todos estaremos preparados para empujar a los de Simeone hasta el final.  

Quien no lo entienda, que no me pida explicaciones… Sólo puedo añadir: ¡Aúpa Atleti!

Jimena Bañuelos

Enlace en EL VALLE (México): https://elvalle.com.mx/2026/02/23/decide-el-metropolitano-coraje-y-corazon/

CARNAVAL: VIVIR CANTANDO

Llevamos semanas encadenando una borrasca tras otra y, sin duda, este invierno, que será difícil de olvidar porque no nos ha dado ningún respiro, parece que será en estos días en lo que por fin tengamos la merecida tregua y podamos disfrutar de unos rayos de sol y un anticiclón. Estos conseguirán que dejemos atrás los paraguas, los vientos huracanados y la fría sensación térmica que nos ha acompañado. No es que el invierno haya terminado, ni mucho menos, pero este descanso meteorológico se siente casi como un pequeño milagro cotidiano. Después del gris, el sol no solo nos calienta sino que nos levanta el ánimo.  

Si de ánimo hablamos, no hay tempestad que pueda detener el reinado de Don Carnal. Eso sí, tras el bullicio llegará Doña Cuaresma, discreta y sobria, recordándonos que la fiesta es solo una parte del calendario. El entierro de la sardina simbolizará ese tránsito del exceso a la contención, del disfraz a la introspección. No se trata de contrarios irreconciliables, sino de un equilibrio que define nuestra tradición: celebrar con fuerza y después recogerse; reír y luego reflexionar. 

Hasta esta noche en la que sardina se convierta en ceniza tenemos que reconocer que llevamos muchas jornadas en las que los disfraces han sido los protagonistas y encontrar el ideal no siempre es fácil pero dejarse llevar por las sátiras y las parodias es fundamental. Éstas nos han sacado más de una sonrisa. La actualidad se ve desde otro plano cuando nos la cuentan las comparsas o las chirigotas. El sentido del humor es fundamental y estos días cobra especial protagonismo. Famosos son los carnavales de Cádiz o de las Islas Canarias pero en cada rincón de España hay fiesta asegurada.

Evidentemente, el carnaval también tiene sus detractores pero evadirse de la rutina o de la cruda realidad por un momento nunca está demás. Fue Ramón de Campoamor quien escribió en su poema “Las dos linternas” el verso más universal y más propio para estos días: “Y es que en el mundo traidor nada hay verdad ni mentira; todo es según el color del cristal con que se mira”. A algunos les encantarán las sátiras, a otros ni media sonrisa conseguirán sacarles, y más, si son los protagonistas, pero ser un personaje público es lo que tiene. Todo tiene un precio y Don Carnal sabe quien se merece su atención. 

Acompañando a Don Carnal o no, la esencia de nuestro presente, de nuestro ahora, siempre será disfrutar todo lo que podamos. Creo que en esto debemos coincidir. Si alguien duda que escuche a la reina de la salsa. Celia Cruz siempre nos animó con sus canciones porque la vida es, precisamente, un carnaval y “las penas se van cantando”. De hecho, “es para reír, para gozar, para disfrutar” porque “hay que vivir cantando”. No nos olvidemos que “todo aquel que piense que la vida siempre es cruel, tiene que saber que no es así, que tan solo hay momentos malos y todo pasa”.

Dado que todo pasa, mientras el tiempo transcurre y nosotros vamos escribiendo mucha propia historia, gocemos como diría Celia Cruz y a los malos momentos pongámoslos un poco de “azúcar”. Sin duda, lo que está claro es que “La vida es un carnaval”… Bailémosla. 

Jimena Bañuelos

Enlace en EL VALLE (México): https://elvalle.com.mx/2026/02/16/carnaval-vivir-cantando/

DÍAS GRISES Y PEQUEÑAS COSAS

Lleva días lloviendo. El cielo permanece cubierto, sin matices, casi del mismo color desde hace tiempo y no hay cambios a la vista. El gris parece que ha venido para instalarse de manera perenne en nuestra rutina porque no hay ninguna muestra de que esto vaya a cambiar. No hay sol, solo hay paraguas, parece que éste se ha escondido para jugar con nuestras emociones. 

Da la impresión de que vivimos en el día de la marmota constante, una marmota que por desgracia vio su sombra y todos sabemos lo que esto implica. Salir deja de ser una urgencia y quedarse a refugio empieza a parecer una opción razonable o incluso necesaria. A pesar de esta monotonía, en la que se intuye que el mundo nos diera permiso para no brillar o la vida se nos empequeñece porque coarta nuestros planes, debemos valorar más que nunca las pequeñas cosas.

Leer se vuelve casi un acto natural. Abrir un libro mientras afuera sigue lloviendo es un placer para los amantes de la lectura. No hay prisa por avanzar, ya que hay una historia que te atrapa página a página a pesar de que el ambiente esté plomizo. La narración será la mejor compañía mientras las horas avanzan y las precipitaciones comiencen a cesar. No sé cuando lo harán pero no importa porque no hay prisa mientras evitas la nostalgia que llevan implícita estas jornadas invernales. También, sin duda, ver una película te cambia el sentido de la realidad. El sofá, la manta, la luz tenue, una palomitas o un chocolate caliente son un gran refugio porque la lluvia convierte lo cotidiano en una gran guarida.

Evidentemente, no se pueden evitar los recuerdos, aparecen sin avisar. No sé cual será el motivo pero es como si la lluvia tuviera la llave de una memoria que normalmente mantenemos cerrada. No siempre son recuerdos tristes, pero sí cargados de una melancolía suave, persistente. Pensamos en otros inviernos, en otros lugares y aunque a veces incomoda, también reconforta saber que sentimos. Que algo se mueve por dentro incluso cuando todo afuera parece que esté en pausa.

Y mientras esperamos a que el sol llegue y los termómetros suban grados nos encontramos en ese limbo lleno de expectativas y planes por hacer. Todo llegará pero el presente, de momento, nos invita a redescubrir los placeres sencillos. La espera requiere de paciencia pero también de mucha ilusión. El presente nos guste o no siempre nos invita a observar los detalles que suelen pasar desapercibidos y a prepararnos para los días más largos y luminosos que se acercan. 

En definitiva, aprovechemos estos días grises como si fueran un tiempo de renovación y de preparación para la estación que está por venir. Y aunque la espera pueda parecer lenta, cada instante tiene su valor, y cada rayo de sol que llega nos anuncia que lo mejor está por llegar. Después de la tempestad siempre llega la calma y este invierno se merece una buena primavera. 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/02/09/dias-grises-y-pequenas-cosas/

LA ESPERANZA TAMBIÉN SE INVESTIGA

El calendario está marcado día a día y en cada jornada siempre hay algo que conmemorar o recordar. Mañana se celebra el Día Mundial contra el Cáncer y esto nos afecta a todos. Quizás estaría bien no desligar de este color verde esperanza, la investigación. Ésta no debería ser sólo cosa de un día señalado porque sin ciencia no hay avances y sin inversión en investigación el futuro se queda en pausa. Por desgracia, los diagnósticos siguen aumentando y aunque los tratamientos han ido mejorando todavía queda mucho por hacer. Por eso, no se puede bajar la guardia y olvidarse de algo tan importante como el tándem que forman la investigación y la inversión. 

Sin ninguna duda, la investigación ha sido clave para que muchas historias hoy tengan un desenlace distinto. Hace unos días, Mariano Barbacid compartió con toda la sociedad los logros que él y su equipo han conseguido a base de trabajo y constancia. Noticias como esa nos tienen que llenar de alegría porque sus logros son un beneficio para todos. Gracias a los avances y se desarrollan tratamientos que, con el paso del tiempo, han ido mejorando los datos de supervivencia. Es más,  estos hechos nos tendrían que llevar a un momento de reflexión para valorar la importancia de apostar por la ciencia.

En días como el cuatro de febrero, las redes sociales y los medios se llenan de testimonios muy humanos y casi todos coinciden en algo: cuando te diagnostican un cáncer, tu vida cambia para siempre. Pero también es cierto que nunca caminas solo. El personal sanitario vive contigo cada paso, tus mejores días y tus horas más bajas. En mi caso, siempre me sentí arropada por los míos y por quienes estuvieron conmigo en cada ciclo de quimio, y, por supuesto, en el trasplante que lo cambió todo.

Mañana el lazo común que habrá que lucir será el verde, el de la esperanza. Una esperanza que no se pierde ni siquiera en los momentos más duros, porque durante la lucha contra el cáncer también se vive y se sueña. Lo mejor siempre es aferrarse a la vida a pesar de que la incertidumbre lo inunde todo. Las buenas noticias llegan, a veces, cuando menos las esperas, y para que lleguen más a menudo es imprescindible seguir apostando por proyectos de investigación que necesitan recursos para avanzar. Puede que muchas respuestas estén todavía esperando en los laboratorios.

Evidentemente, la sanidad es esencial y la investigación también, porque sin salud poco más importa. El cáncer te enseña a valorar el presente, las pequeñas cosas y los instantes medidos en segundos. El tiempo se vuelve oro mientras luchas, pero también se convierte en una oportunidad para aprender, para reinventarte y para no renunciar a lo que deseas. La vida es dura pero nunca me cansaré de repetir que no me alegraré de haber tenido un cáncer pero sí de todo lo que me ha enseñado. Una reflexión que vuelve a mí cuando surgen dudas pero que me recuerda que estoy viva para seguir disfrutando de lo más valioso que tenemos. 

Por eso, la vida hay que vivirla con los cinco sentidos y con ese sexto que se afina en los peores momentos. Como decía Pau Donés, “vivir es urgente”. Y lo es, porque nunca sabes cuando el guión puede dar un giro inesperado. Al final, ser feliz es lo que cuenta y, a veces, es mejor pedir perdón que permiso. A buen entendedor, pocas palabras bastan.

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/02/02/la-esperanza-tambien-se-investiga/

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