DÍAS GRISES Y PEQUEÑAS COSAS

Lleva días lloviendo. El cielo permanece cubierto, sin matices, casi del mismo color desde hace tiempo y no hay cambios a la vista. El gris parece que ha venido para instalarse de manera perenne en nuestra rutina porque no hay ninguna muestra de que esto vaya a cambiar. No hay sol, solo hay paraguas, parece que éste se ha escondido para jugar con nuestras emociones. 

Da la impresión de que vivimos en el día de la marmota constante, una marmota que por desgracia vio su sombra y todos sabemos lo que esto implica. Salir deja de ser una urgencia y quedarse a refugio empieza a parecer una opción razonable o incluso necesaria. A pesar de esta monotonía, en la que se intuye que el mundo nos diera permiso para no brillar o la vida se nos empequeñece porque coarta nuestros planes, debemos valorar más que nunca las pequeñas cosas.

Leer se vuelve casi un acto natural. Abrir un libro mientras afuera sigue lloviendo es un placer para los amantes de la lectura. No hay prisa por avanzar, ya que hay una historia que te atrapa página a página a pesar de que el ambiente esté plomizo. La narración será la mejor compañía mientras las horas avanzan y las precipitaciones comiencen a cesar. No sé cuando lo harán pero no importa porque no hay prisa mientras evitas la nostalgia que llevan implícita estas jornadas invernales. También, sin duda, ver una película te cambia el sentido de la realidad. El sofá, la manta, la luz tenue, una palomitas o un chocolate caliente son un gran refugio porque la lluvia convierte lo cotidiano en una gran guarida.

Evidentemente, no se pueden evitar los recuerdos, aparecen sin avisar. No sé cual será el motivo pero es como si la lluvia tuviera la llave de una memoria que normalmente mantenemos cerrada. No siempre son recuerdos tristes, pero sí cargados de una melancolía suave, persistente. Pensamos en otros inviernos, en otros lugares y aunque a veces incomoda, también reconforta saber que sentimos. Que algo se mueve por dentro incluso cuando todo afuera parece que esté en pausa.

Y mientras esperamos a que el sol llegue y los termómetros suban grados nos encontramos en ese limbo lleno de expectativas y planes por hacer. Todo llegará pero el presente, de momento, nos invita a redescubrir los placeres sencillos. La espera requiere de paciencia pero también de mucha ilusión. El presente nos guste o no siempre nos invita a observar los detalles que suelen pasar desapercibidos y a prepararnos para los días más largos y luminosos que se acercan. 

En definitiva, aprovechemos estos días grises como si fueran un tiempo de renovación y de preparación para la estación que está por venir. Y aunque la espera pueda parecer lenta, cada instante tiene su valor, y cada rayo de sol que llega nos anuncia que lo mejor está por llegar. Después de la tempestad siempre llega la calma y este invierno se merece una buena primavera. 

Jimena Bañuelos

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/2026/02/09/dias-grises-y-pequenas-cosas/

SEPTIEMBRE

Siempre la vuelta de vacaciones cuesta asumirla, pero si además el tiempo no acompaña el retorno a la rutina es más duro. Ha llegado una DANA que ha plagado todo los rincones de agua. Era necesario que lloviera pero cambiar el bikini por el paraguas no es tan agradable. Los cambios hay que asumirlos y el primero de todos es volver a transformar el día a día saliendo del paréntesis que es la estación estival. 

Septiembre es un mes de comienzos y no sólo por la inevitable vuelta al cole, sino porque es un mes  que tiene un matiz de esas ilusiones que también tenemos a comienzos de año. Han pasado nueve meses desde que por nuestra mente pasaran los míticos propósitos de Año Nuevo y, ahora, es el momento de recordar los que tenemos pendientes y de ilusionarnos con la que está por llegar. Es cierto que muchos pasan por esa depresión pos vacacional, pero el poder de la mente es capaz de hacer frente a eso con nuevos sueños por cumplir. Nunca es tarde para luchar por aquello que realmente nos va a llenar de una felicidad inexplicable.

La felicidad no tiene unos ingredientes concretos, porque depende de nosotros mismos. Los niños anhelan ver a sus compañeros de colegio y los adultos, lo reconozcamos o no, tenemos esos sueños que ya he mencionado y que no debemos renunciar a ellos. Ir superando las adversidades recargan el motor que nos mueve día a día. La rutina es una carrera de obstáculos con sus subidas y sus bajadas, pero el verano ha sido el mejor aliado para hacer frente a lo que nos deparan los últimos meses de este año. No negaré que también septiembre es un mes nostálgico porque los recuerdos de las instantáneas tomadas vendrán a nuestra mente en más de una ocasión, pero eso es la vida. Hay que seguir para adelante y recordar los momentos que nos han sacado más de una sonrisa. 

Un sonrisa que nunca nos debe de faltar por mucha pena que nos dé decir “el final del verano”, pero todavía estamos en verano. No tendremos el mar, ni la montaña, ni el sol perenne de julio y agosto pero sí la esperanza de aferrarnos a los últimos días de la que es mi estación favorita. Ya llegará el otoño con sus cosas, pero el presente es hoy y es ahora. Con paraguas o sin él, hay que seguir disfrutando. Septiembre me lo recuerda todos los años porque es un mes que me llena de vida pero también me trae, sin yo quererlo, los momentos más duros por los que he pasado. La cara y la cruz de la vida siempre van de la mano. De la primera gozamos sin valorarla demasiado y de la segunda aprendemos a la fuerza. Por eso, demos a este mes que acaba de comenzar la posibilidad de ser el mejor del año porque día a día iremos sumando experiencias que nos harán crecer como personas y nos enseñarán a comprender eso que llamamos vida y que no tiene un manual que nos la explique. 

Ser feliz es lo que cuenta porque el tiempo aunque es relativo; el tiempo es oro y éste vale lo mismo llueva, truene o haga sol. El tiempo, en definitiva, es vida. 

Jimena Bañuelos

Archivos