OTOÑO: LO QUE DEJO Y LO QUE ME QUEDO

Esta semana damos la bienvenida al otoño. El verano se nos va dejándonos la piel marcada por el sol, la rutina aún desordenada… y una estela de recuerdos que se resisten a enfriarse. Estos pueden ser perennes o caducos. De hecho, algunos se quedarán ahí, en la memoria, como fotos mentales que nos arrancan una sonrisa cuando más lo necesitamos. Pero hay que decirlo: la nostalgia tiene dos caras. A veces reconforta y otras te atrapa. Y no se puede vivir mirando hacia atrás.

La vida sigue, con todo lo que eso implica. Con sus días buenos, con los malos, con lo que se va y lo que llega. Cada día es una hoja en blanco. Y sí, puede sonar cursi, pero es verdad: tú decides cómo escribirla. A veces te sale poesía, otras veces solo garabatos, pero es tuya. Y nadie más debería decidir qué poner ahí.

Por eso, criticar lo que otro escribe en su historia personal me parece inútil. Cada quien hace lo que puede con lo que tiene. Y a veces lo hace mal, claro. Pero lo peor que puedes hacer es ir por la vida aparentando. Porque tarde o temprano, todo cae por su propio peso. La hipocresía se nota, aunque venga disfrazada de sonrisa amable.

El tiempo pasa, y nosotros también cambiamos. Es lo natural. Lo que no debería cambiar es la esencia de cada uno. Los principios. La manera de estar en el mundo. Todos tenemos defectos, eso es evidente. Pero también deberíamos tener cierta coherencia con nosotros mismos. Porque si cambias de cara según con quién estés o según qué te convenga, entonces ¿quién eres, realmente?

No hace falta decir todo lo que uno piensa, pero tampoco hay que vivir con miedo a ser claro. A veces es mejor morderse la lengua, sí, lo admito. Pero hay otras en las que no. Y no pasa nada por llamar a las cosas por su nombre. Lo que no entiendo es esa costumbre de adornarlo todo, de ponerle filtros, no solo en las redes, sino también en la vida. La realidad es la que es. No siempre gusta. Pero ocultarla solo sirve para engañarse.

Ser sincero no es ser grosero. Ser honesto no es ser cruel. Pero parece que hay quien no distingue o simplemente no le interesa. La franqueza molesta cuando desenmascara, y hay mucha gente demasiado ocupada construyendo versiones distintas de sí misma para agradar, para encajar o para manipular. Y mira, justo ahora que empieza el otoño y los árboles empiezan a soltar lo que ya no necesitan, quizás sería buen momento para que más de uno hiciera lo mismo: dejar caer capas, máscaras, personajes. Porque aunque duela, ser uno mismo es lo único que tiene sentido. No importa si te critican o algunos se molestan porque, al final, desprenderse de todo eso te hace libre.

Evidentemente, yo seguiré siendo fiel a mi forma de ser. Disfrutando de lo que venga, soltando lo que ya no suma. Porque cuando la vida te da una segunda oportunidad, aprendes a seleccionar. Lo que no aporta, se suelta y no pasa nada por dejar ir. Lo que no te llena, se deja atrás. El tiempo es vida, no oro. Y éste no está para regalárselo a quienes no lo valoran.

En definitiva, sed felices y vivid como queráis escribir vuestra propia historia. No dejéis que nadie os sostenga el bolígrafo. 

Jimena Bañuelos

Enlace en EL VALLE (México): https://elvalle.com.mx/2025/09/23/otono-lo-que-dejo-y-lo-que-me-quedo/

 CUESTIÓN DE PRINCIPIOS

Esta semana daremos la bienvenida al otoño. El final del verano está cerca y, nos guste o no, de él ya solo nos quedarán los recuerdos. Unos recuerdos que nos llenarán de sonrisas si tenemos que recurrir a ellos en un momento dado. La añoranza de lo vivido es una arma de doble filo porque la nostalgia no siempre es buena compañera de vida. Vivir requiere disfrutar y dejar atrás, a su vez, lo vivido. Cada día es una nueva aventura que nosotros mismos afrontamos de una manera o de otra. Cada persona es un mundo y cada uno es dueño de escribir su propia historia. Nos puede gustar más o menos el guión de los demás, pero criticar algo que no es tuyo no es de recibo. La vida depende de cada uno y hay una parte que compartimos con los demás, pero nunca se puede perder la esencia de uno mismo. La hipocresía tarde o temprano sale a luz y con ella muchas decepciones que no tienen vuelta atrás.

El tiempo pasa y las personas vamos pasando por él. Cambiamos, obviamente, porque es ley de vida, pero siempre hay algo perenne en nosotros mismos y si es caduco algo falla. Estoy hablando de la personalidad. Una personalidad que tiene carácter, sus defectos y sobre todo, unos principios que deberían ser inquebrantables. Todos conocemos la célebre frase de Groucho Marx: “Éstos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros”. Su mensaje es claro y hay que mirar más allá de las palabras. 

Las palabras, una vez que son pronunciadas o escritas, siempre llevan una intención, es su misión. Ahora bien, de ellas se pueden hacer muchas lecturas. Es más, si éstas van acompañadas por gestos, la comunicación se carga de más fuerza. No negaré que me he mordido la lengua en más de una ocasión, pero es cierto que me gusta llamar a las cosas por su nombre. Los filtros que usamos en el lenguaje al igual que en las redes sociales son una fantasía para dulcificar la realidad y ésta es la que es, nos guste o no. Si hay que dar la opinión se da y si quien la pide no está dispuesto a oír determinadas palabras, quizás sea mejor que no la pida. Cada uno es libre de hacer lo que quiera. Eso sí, siempre tendría que primar la franqueza y la honestidad, pero hay quienes no conocen ni el significado de estas palabras. Hay muchas más que debieran estar en los principios elementales de todos, pero siempre algunas cualidades destacan más que otras. Observar es una gran virtud que practico a diario y precisamente, esta actitud ayuda a desenmascarar aquello que muchos quieren ocultar, pero la manera de actuar siempre delatará a quien gestiona en su propia persona varias versiones de sí mismo. 

La vida va pasando y si ahora arrancamos la estación en la que los árboles van perdiendo las hojas, quizás muchos puedan perder esas capas que ocultan tantas personalidades e intereses. Algo tendrá ser uno mismo que cuando eres fiel a tus principios suelen llover las críticas y las envidias. En fin, perenne a mi forma de ser seguiré disfrutando del otoño, de la vida, y de lo que venga porque cuando vives de regalo y la vida te da una segunda oportunidad hay muchas cosas que quedan atrás, porque lo que no te aporta no merece ni un minuto de tu tiempo. Éste dicen que es oro, pero es vida. Y ésta tiene un valor incalculable como para malgastarla. 

Sed felices y vivid como queráis escribir vuestra propia historia. No dejéis que nadie os sostenga el bolígrafo. 

Jimena Bañuelos (@14ximenabs)

Enlace en El Valle (México): https://elvalle.com.mx/columnas-y-opinion/story/37592/cuestion-de-principios

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